Opinión

  • | 2016/03/28 00:01

    Quien siembra vientos recoge tempestades

    El Gobierno Nacional no puede seguir aplazando lo inaplazable. Hay que hallar soluciones de fondo a los problemas energéticos, tributarios y agrícolas del país para que las consecuencias no nos salgan más caras a los colombianos de lo que ya nos están costando.

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Quien siembra vientos recoge tempestades. Pocas palabras tienen la agudeza de este refrán para hacernos entender lo que le está pasando al Gobierno Nacional por no darle prioridad a problemas que demandan atención urgente ni tomar decisiones políticamente costosas pero inaplazables. El gobierno insiste en que nadie podía anticipar un panorama económico tan gris y las dificultades que se tendrán que seguir sorteando en el 2016. Esto puede ser cierto, pero, cuando se revisan los pormenores, se hace evidente que al gobierno le ha faltado resolución para abordar a tiempo las múltiples crisis que afronta y con soluciones de fondo.

El tema energético es, sin lugar a dudas, el ejemplo más visible de cómo una crisis, en principio manejable, puede escalar a proporciones impensables. Desde noviembre del año pasado era claro que por la ausencia de reservas, de auditorías e interventorías sobre los recursos que los generadores recibían por el cargo de confiabilidad, no existían garantías reales de que estas empresas pudieran respaldar a plenitud nuestro abastecimiento energético. Desde entonces el gobierno debió emplearse a fondo haciendo un diagnóstico juicioso del estado de nuestro parque generador hídrico y térmico, y revisando el diseño del cargo por confiabilidad.

Seguramente, las conclusiones hubieran sido las mismas que hoy, la diferencia es que los correctivos y alertas necesarias, sumados a una campaña de ahorro de energía desde diciembre, sí hubieran podido evitar el racionamiento que hoy parece inevitable y que vamos a terminar pagando todos los colombianos.

La crisis en la generación eléctrica, no obstante, terminará siendo un problema pequeño comparado con lo que se nos avecina si no se da un timonazo en lo económico y se toman decisiones difíciles en lo tributario y en materia de gasto. A nuestro país le está costando mucho dar signos de recuperación y confianza inversionista. Las agencias calificadoras de riesgo ya nos hicieron una dura advertencia señalando que de no hacer los correctivos fiscales anunciados, el país perdería el grado de inversión.

En ese contexto, la reforma tributaria no da espera. Sin embargo, ésta debe estar acompañada de eficiencia en el gasto y mayores ajustes presupuestales. Hoy existen inmensas necesidades de recaudo, pero también es urgente activar sectores económicos con potencial de desarrollo, que puedan generar empleo e impulsar el crecimiento económico.   

Colombia necesita políticas públicas y una reforma tributaria que genere incentivos reales para la diversificación de nuestro aparato productivo, que hagan de nuestro sector real uno capaz de darle mayor valor agregado a lo que produce, y que fomenten el desarrollo agrícola y agroindustrial.

Los problemas del campo, por ejemplo, son una bomba de tiempo y las soluciones no se pueden seguir aplazando hasta que llegue el posconflicto. Las exportaciones no minero-energéticas del país no despegan y en términos generales, exportamos un 36,6% menos en enero de este año que en el mismo mes del 2015. Tampoco podemos esperar a que se recuperen los precios internacionales del petróleo para apoyar a las empresas del sector de hidrocarburos. La inversión para exploración y producción petrolera cayó un 72% en el 2015 y nuestro horizonte de reservas apenas alcanza para 6,4 años.   

Es en este contexto que le hacemos un llamado al Gobierno para que se avance en la agenda que el país necesita. No podemos seguir aplazando lo inaplazable, atendiendo lo urgente pero descuidando lo necesario. Acudiendo a lo políticamente correcto pero dejando atrás reformas urgentes que a futuro nos pueden costar muy caro. Apenas hemos mencionado algunos aspectos económicos en los que la falta de determinación del Gobierno viene teniendo serias consecuencias.

El asunto es que la lista es mucho más extensa; abarca otros asuntos igualmente delicados como la crisis generalizada de nuestras instituciones, el deterioro de la seguridad en las ciudades y el auge de la extorsión. En este estado de cosas se auguran fuertes tempestades.     

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