Opinión

  • | 2017/06/25 00:01

    ¿Quién dijo que es fácil?

    Yo creo en un mundo de colores, la gente es distinta, pero asumirlo no quiere decir que todo sea perfecto, o que todos nos gusten o que les gustemos a todos. No es fácil para nada… pero, ¿quién dijo que es fácil?

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Muchas veces la lógica y la sensatez de las habilidades gerenciales que se requieren para una empresa me parece que van en contra de la naturaleza humana. Se le pide a un mismo personaje ser orientado a los logros, el más colaborador, ambicioso, pero a la vez constructor de equipos, buena persona, excelente en su presencia e impacto, absolutamente modulado en la forma de decir las cosas y experto en amar la diferencia y la diversidad…solo por mencionar algunas de las variables indispensables.

A lo anterior podemos sumarle que debe ser experto en su área, tener experiencia comprobada y pruebas fehacientes de su desempeño sobresaliente.

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Cuando consolido todas esas ideas en mi cabeza, eso parece más el perfil de un ser superior que de un humano terrenal. Es imposible por supuesto encontrar todas las variables juntas en el mismo personaje, de hecho, he tenido varios casos en mi carrera donde parece que las tuvieran y por supuesto me entra la duda inmediata. Ese grado de perfección no existe, es una farsa.

La tendencia actual (que me parece maravillosa y soy promotora activista) a abrazar la diversidad y entender el estilo y personalidad de cada quien me parece un reto enorme y creo que como líderes tenemos pocas herramientas reales de management para que esto sea real.

¿Qué quiero decir? Somos definitivamente seres humanos, subjetivos e individuales antes que líderes, jefes, vicepresidentes o como queramos llamarlo. Por tanto tenemos cargas culturales, creencias y afinidad por unos o por otros. Creo que lo primero que hay que hacer para lograr una reflexión sensata es entender nuestra propia limitación.

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Yo abrazo la diversidad, me encantan los estilos diferentes, amo la gente disruptiva, confrontadora, que no le teme a las decisiones, que le gusta el reto y que es auténtica en su actuar. Pero obviamente no todo el mundo es así (hecho a mi gusto), entonces, ¿cómo hacer para abrazar la diversidad cuando a veces lo que quisiera como ser humano, es otra cosa más afín a mi propio estilo?.

Gran reto este para hacerlo realidad. Pero si arrancamos entendiendo la realidad propia como individuo antes que como líder, tal vez el camino se pueda hacer más llevadero.

Paralelo a este proceso entiendo que ahora es muy importante en las organizaciones no solo el "Qué" sino el "Cómo". Vital por supuesto para evitar la cultura de la vieja escuela de llegar el resultado a cualquier precio. Sin embargo, la vida es a color no a blanco y negro y nuevamente nos encontramos con dilemas.

El “cómo” implica que, ¿no puedo, como líder, decirle a la gente cuando se equivoca de manera directa? ¿Solo puedo seguir las normas del feedback corporativo para no ganarme un problema o hasta demanda? En eso creo que prefiero la vieja escuela. Por supuesto, basados en el respeto prefiero ser directo y no dar vueltas sobre una realidad para que el “cómo” funcione en el “que”.  Las cosas hay que decirlas, de frente sin temor, si basamos nuestras relaciones en el mutuo respeto, las cosas se dicen y se solucionan o al menos se aclaran, pero con tanto límite solo terminamos creando nuevos problemas.

Esta reflexión de hoy la hago pensando en que tal vez estamos poniendo demasiadas reglas en las organizaciones para las interrelaciones personales. Antes que nada somos personas y estamos poniendo normas para seres superiores, perfectos y casi que sin emociones ni cargas de personalidad. Tal vez es demasiado para el nivel de imperfección humana, tal vez es irrealista, tal vez vamos a perder lo espontaneo de la gente.

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Yo creo en un mundo de colores, la gente es distinta pero asumirlo no quiere decir que todo sea perfecto, o  que todos nos gusten, o que les gustemos a todos. No es fácil para nada… pero, ¿quién dijo que es fácil?

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