Opinión

  • | 2016/05/22 00:01

    !Qué vivan las canas!

    Los seres humanos tenemos una gran capacidad para sentirnos inmortales. Entre más jóvenes somos más lejos vemos la posibilidad de llegar a ser adultos mayores.

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En Colombia las cifras del Dane muestran que para el año 2020 habrá en el país alrededor de 6‘500.000 personas mayores, lo que marca un crecimiento del 39,2% con respecto a 2011. Bogotá con un 55%; Atlántico con un 43,2%; Antioquia con un 42,2% y Córdoba con un 38,8% se encuentran entre las ciudades y departamentos que más crecimiento porcentual tendrán para ese año.

Unfpa, (El Fondo de Población de las Naciones Unidas) tiene datos que confirman que en los últimos años se ha duplicado en el país el porcentaje de adultos mayores y demuestra que para 2011 por cada adulto mayor hay dos personas jóvenes; en el 2028 por cada adulto mayor solo habrá una persona joven. Esto sumado a datos del Celade, muestra que el país envejece más rápido que otros países de América Latina como Argentina, Chile y Perú.

Estas estadísticas deben ponernos a pensar en qué ocurre también con la edad de jubilación en el país y en qué cambios puede tener esto en las organizaciones. Hay que entender que las nuevas tecnologías, medicamentos y modo de vida hacen que la expectativa de vida crezca y por tanto los empleados de una organización podrán trabajar de manera activa y aportar mucho más consistentemente en los objetivos de la empresa. Ya no son “viejitos” los empleados mayores de 55 años y esto tenemos que entenderlo y enseñarlo a los chicos más jóvenes.

Conozco casos de empleados que han estado toda su vida trabajando en una sola empresa y después de 30 años se enteran de que ya sus servicios no se requieren por boca de otro, no de manera formal por las directivas de la empresa. ¿Es esto justo?  

Entiendo que en algún momento de la vida, seguro ya no aportamos igual o los cambios generacionales en los líderes requieren perfiles diferentes, pero por encima de todo debe estar el respeto y reconocimiento de la experiencia.

Como todos sabemos, la experiencia se gana por años de trabajo y permite que las decisiones sean más prudentes y sensatas, así que dentro de la diversidad de un equipo debemos siempre valorar el seniority, la “cancha” , los años de campo y la sabiduría que dan los años.

Debemos recuperar el valor de las canas, respetar estos años de conocimiento, invitar a los chicos más jóvenes a que recuerden que todos llegaremos a la edad de jubilación. Y de otro lado, a los mayores, a los que estamos hoy como líderes, tener el cuidado de tratar bien, con objetividad y buenas formas a los que mañana pueden terminar “jubilándonos”.

La vida se trata de procesos humanos, de pensar y sentir, de dejar vivir. Si en una organización nos cuidamos de salvaguardar a los mayores y de escuchar su concepto con prudencia, seguro nuestros resultados serán mejores. Si en sus manos está, cuiden la experiencia de sus empleados senior y confróntenlos con respeto cuando sea necesario. Me gusta la diversidad desde el valor del aporte impetuoso de la juventud y sensato de los años.

¡Qué vivan las canas!

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