Opinión

  • | 2014/06/16 15:00

    Mujeres: talento competitivo desperdiciado

    Según la OIT, solo el 59% de las mujeres en Colombia en edad de trabajar –entre 15 y 64 años– tienen trabajo o están buscando empleo. El reto: Crear estrategias empresariales para armonizar lo inimaginable: el trabajo y la familia. Opinión de Sandra Idrovo Carlier.*

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Según la OIT, solo el 59% de las mujeres en Colombia en edad de trabajar –entre 15 y 64 años– tienen trabajo o están buscando empleo. El reto: Crear estrategias empresariales para armonizar lo inimaginable: El trabajo y la familia.

El talento humano es el determinante más importante de la competitividad de un país, es decir, las habilidades, la educación y la productividad de su fuerza laboral, tanto de hombres como de mujeres. Por eso resulta interesante revisar los indicadores de empleo, por ejemplo el de la participación laboral. Este indicador para las mujeres que están en edad de trabajar en Colombia, según la Organización Internacional del Trabajo – OIT es del 59%, es decir solo 5 de cada diez mujeres actualmente laboran o están buscando empleo, mientras que en los hombres esta cifra es del 82%.

Más allá de este dato, no se puede obviar que las mujeres en el país tienen un nivel educativo más alto que los hombres, observándose un desfase negativo para la competitividad. Los números no mienten: El 41% de los talentos mejor preparados en Colombia no están aportando. Otro dato similar pero no menos preocupante, según el Global Gender Gap Index – GGGI, (índice que busca medir los desfases entre hombres y mujeres en los diferentes países en cuatro áreas claves como salud, educación, economía y política) ubica a Colombia en el puesto número 35 de un total de 136 naciones en 2013. Por su parte el World Economic Forum, en su más reciente informe acerca de las leyes de igualdad de género, normas sociales y políticas de cada país, indica que Colombia es el país que más puestos subió en la medición de 2013: 28 lugares.

La respuesta a lo anterior, se evidencia un avance significativo en el porcentaje de mujeres presentes entre legisladores, autoridades en niveles altos y directivos; así como entre profesionales y trabajadores técnicos. “Estas son buenas noticias, en especial, si como indica el reporte, luego de comparar el Global Gender Gap Index con el Global Competitiveness Index 2013-2014, se establece una fuerte correlación entre la igualdad de género y el nivel de competitividad de los países. La correlación positiva también aparece si se compara el GGGI y el índice de desarrollo humano y el ingreso per cápita de un país”.

Sin embargo, el GGGI añade un dato importante sobre Colombia cuando se comparan dos subíndices: el de Educación y el de Participación Económica y Oportunidad. El primer subíndice incluye: Niveles de alfabetismo y de educación; el segundo, participación de la fuerza laboral; igualdad de salario por trabajo similar; estimado del ingreso ganado (PPP); ratio mujer-hombre entre legisladores, autoridades en niveles altos y directivos; ratio mujer-hombre entre profesionales y trabajadores técnicos.

En esta comparación Colombia se ubica en el grupo de países que ha conseguido cerrar la brecha educacional –de hecho a nivel secundario y terciario la balanza se inclina a favor de las mujeres– pero muestra niveles bajos de participación en lo económico, especialmente en lo laboral, en la igualdad salarial por trabajo similar (el más bajo de todos) y en el estimado del ingreso ganado. En otras palabras, el país ha invertido en educación pero no termina de remover las barreras que impiden al talento mejor preparado ofrecer todo su potencial al beneficio de la nación.

Según la Comisión de Naciones Unidas para lo Social y Económico de los países de Asia y el Pacífico, estas restricciones laborales para las mujeres le cuestan a la región entre 42 y 46 billones de USD al año. Entre esas restricciones se encuentran la falta de flexibilidad, prácticas y liderazgos deficientes frente a un tema que es importante para toda la sociedad: la armonización de lo laboral y lo personal y familiar.

En Colombia, de acuerdo a datos del Centro de Investigación: cultura, trabajo, cuidado de INALDE Business School, 65% de empresas (n=270) muestran unas prácticas y liderazgo que impiden que esta armonización sea realidad, afectando así la atracción y retención de talento, especialmente femenino. De igual manera, la investigación muestra que en las organizaciones donde esta armonización es favorecida la motivación intrínseca de los colaboradores es muy alta y la retención y atracción de talento no es un problema.

Pareciera entonces que una solución para mejorar la competitividad del país es reducir las barreras que mantienen a las mujeres alejadas de la fuerza laboral, entre ellas: Facilitar la armonización trabajo y familia, permitiendo a todo el talento humano aportar al desarrollo de la sociedad.

Lograrlo, no es fácil porque requiere cambio de imaginarios y prácticas tanto de hombres como de mujeres. Pero los datos son evidentes y nos ofrecen una plataforma para comenzar a modificar esas estructuras laborales y mejorar la competitividad y la productividad que tanto buscamos.


* Directora de Investigación de INALDE Business School, Universidad de La Sabana

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