Opinión

  • | 2015/03/30 19:00

    El innovador nace, pero lo aniquilamos

    Me gusta pensar que todos nacemos siendo innovadores. Según las habilidades que un innovador debe poseer, considero que todos las tenemos desde niños, pero algo nos pasa en el camino y las vamos perdiendo casi por completo.

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Lo primero que se necesita en un innovador es que tenga la valentía para pensar y hacer cosas creativas, diferentes, novedosas; y para ello requiere estar dispuesto a retar el statu quo y tomar riesgos. Según el libro “El ADN del innovador”, para considerarse innovador hay que tener muy marcadas cinco habilidades comportamentales y cognitivas:

Cuestionar: la habilidad de plantearse los interrogantes adecuados, de cuestionar lo incuestionable, de hacerse las preguntas: ¿por qué? y, especialmente, ¿por qué no?

Observar: analizar a las personas en su día a día, comprender cuáles son los problemas que lo afectan, sus necesidades y deseos, con el fin de darles soluciones y convertirlos en clientes.

Trabajar en red:
relacionarse con personas de diferentes ámbitos, profesiones y conocimientos, para constituir equipos interdisciplinarios que permitan estructurar modelos de negocio innovadores. Solo trabajando en equipo se pueden lograr cosas extraordinarias.

Experimentar: Probar nuevas ideas, hacer prototipos y pilotos. Apostar por cosas nuevas para mejorar las actuales o para entender fenómenos y soluciones posibles. Ensayar y aprender de los errores y de los aciertos.

Asociar:
conectar diferentes temas, modelos y problemas que aparentemente no están relacionados entre sí, para crear un espacio a una idea innovadora con potencial de generar valor y dar resultados en el mercado. Un innovador es aquel que ve lo mismo que los demás, pero entiende diferente.

Las preguntas que yo haría son: ¿cómo nos vemos reflejados en estas características? ¿Qué nos pasó en la vida para que algunas de estas características no sobrevivieran en nuestra forma de pensar y de actuar?

Algunas veces nos aburren las personas que están cuestionando la manera en que se hacen las cosas, nos parece que es costoso hacer pilotos y prototipos, queremos los resultados ¡ya mismo! Si alguien es muy observador y permanece callado analizando, nos parece que le falta ser más abierto y no es muy sociable. Trabajar en equipo, ¿para qué? Alguien dirá: “si quieres que las cosas salgan bien, mejor hazlas tú mismo”. Y si una persona conecta diferentes temas y ve oportunidades que no vemos, hacemos una votación y la mayoría que no ve las opciones es la ganadora por democracia.

Marginamos a las personas que tienen esas habilidades, no les damos mucho juego, ni en la escuela, ni en la casa, ni en el trabajo; aniquilamos a los innovadores y no les dejamos que se desarrollen. Buscamos personalidades más adaptativas y menos disruptivas, personas más normales que podamos premiar y no tan diferentes que no podamos alinear. Y si lo normal fuera trabajar al lado de gente innovadora, entonces tendríamos un mundo lleno de oportunidades por conquistar.

Quizás la base del problema se encuentre en que la innovación requiere ser definida para que la comprendamos, a mí me gustan estas definiciones que he escuchado:

“Innovación es: (ideas x valor) = resultados”. Le escuché al exalcalde de Curitiba decir: “innovar es… empezar”. Yo tengo una propia: “Innovar es tener el valor de generar valor”.

Según esto, la innovación pertenece más al mundo de las acciones que al mundo de las ideas. No es solo “pensar diferente”, como dice Apple; sino “actuar diferente”, de manera consistente para así lograr que muchos piensen y actúen diferente.

Todos podemos desarrollar la capacidad para innovar si enfatizamos alguna de estas habilidades del ADN del innovador. La capacidad para la innovación es algo que se puede enseñar, en la escuela, en la casa, en el trabajo; se trata de dar ejemplo y potenciar el talento de cada persona. Es por lo anterior que no hay innovación sin liderazgo; y liderazgo significa lograr que en el país se conecten todas las fuerzas innovadoras y de emprendimiento para catalizar la energía creativa y convertirla en valor para las personas, para la economía y para el desarrollo de nuestra sociedad.

¿Y tú, qué esperas para innovar?

* Director Ejecutivo de IT4+
contacto@it4plus.org

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