Opinión

  • | 2012/03/26 09:00

    ¿Qué hacer con el transporte en Bogotá?

    El problema actual de Transmilenio radica en el desajuste entre dos variables: el número de pasajeros-kilometro, y el de sillas-kilometro. Opinión de Luis Fernando Gamboa.

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Estas variables se usan tradicionalmente para medir la oferta y la demanda en transporte público colectivo y para el caso de Bogotá habría que trabajar para inducir a que se ajusten nuevamente. Para ello, las iniciativas pueden ser múltiples, pero no dan espera a la inauguración del metro o la puesta en funcionamiento del SITP.

Pensar en incrementos en la capacidad instalada puede ser demasiado costoso y se continuaría teniendo “capital ocioso” en gran parte del día, por lo cual es importante trabajar sobre la redistribución del uso y su costo de uso. El tamaño de la ciudad requiere que se piense en ella como una ciudad de 24 horas y no una ciudad de 7 am. a 5 pm.

A continuación se proponen algunas medidas que podrían ayudar a solucionar el problema:

- Diferenciación de precios en la tarifa en Transmilenio de acuerdo con la hora y al sitio de compra.

- Revisión del funcionamiento de la red semafórica y los cruces en las zonas de troncales para evitar bloqueos por congestión.

- Uso de carriles exclusivos para el transporte colectivo en avenidas paralelas a las troncales principales.

- Flexibilización de las jornadas laborales en el sector público con incentivos a funcionamiento en horas nocturnas (Ejemplo: Cades y Supercades abriendo únicamente en jornadas nocturnas, Notarias, parqueadero diferencial en centros comerciales). En el sector privado, debería haber un compromiso en búsqueda del bienestar general y no solo sectorial (Fenalco debe poner de su parte así como los industriales).

- Establecimiento de “puertos secos” que repartan la carga y que limiten la entrada de grandes camiones a la ciudad. Restricciones al abastecimiento en el sector privado a horas nocturnas.

- Zanahoria y garrote para peatones, motociclistas y conductores de vehículos. Gran parte de las congestiones se presentan por imprudencias de unos y otros que no son percibidas como costosas por los infractores.

- Reorganización de las rutas de transporte público. Disminuir la longitud del recorrido de las rutas corrientes y, por tanto, el uso de la capacidad instalada de vías; disminución en la flota ociosa de Transmilenio en las horas valle; cobro por uso de la malla vial por vehículo en el caso de los buses, busetas y colectivos; ampliación en horas pico de las troncales a otros carriles mixtos.

- Transporte particular. Carriles exclusivos para vehículos con más de 3 pasajeros en las vías principales, desplazando los demás vehículos a otros carriles o vías secundarias. Revisión de la reglamentación para las motos. Así como hay que desincentivar el crecimiento desmesurado de los vehículos particulares, hay que hacerlo con las motos que crecen exponencialmente gracias a sus privilegios frente a los demás.

- Modificación del pico y placa. Todos los vehículos se podrían desplazar en un mismo día pero su circulación sería alternándose en horas pico y horas valle. Sólo así se desincentiva la tasa de crecimiento de las ventas de vehículos nuevos y se amplía la capacidad de movimiento de los particulares.

- Incremento en el costo de uso del vehículo particular brindando alternativas eficientes, de calidad y con criterios de bienestar general.

Como se puede ver, la lista podría crecer y ayudar a aliviar el problema mientras se ponen en marcha otras iniciativas. El caos ya llegó y la velocidad promedio está acercándose a la del peatón en varias horas del día.


* Profesor de Economía de la Universidad del Rosario
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