Opinión

  • | 2016/10/13 00:01

    ¿Qué es el Mindfulness?

    "El verdadero bienestar no está en ir por la vida en piloto automático", Ellen J. Langer

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Uno de los problemas más frecuentes que observo de mi propia práctica directiva es que todo el tiempo estoy asediado por múltiples situaciones internas y externas que no me permiten tener una plena concentración en mis actividades. Un claro ejemplo de esta situación se aprecia desde las pantallas del celular, las tabletas o los mensajes de WhatsApp hasta la entrada permanente de correos y notificaciones a mi computador. La consecuencia es que muchas veces me pregunto: ¿estoy usando bien mi tiempo?, ¿estoy satisfecho con mi propia productividad?, ¿le dedico el tiempo suficiente a mis prioridades personales como mi familia?

Esto nos puede pasar a todos porque se trata de una situación propia de la época en la que vivimos: la del multitask y de la alta conectividad, en la que gracias a las redes sociales o las notificaciones de noticias de las App puedes saber en tiempo real todo lo que está pasando en Siria o en El Carmen de Bolívar.

En ocasiones nos sentimos agobiados y tenemos la sensación de ser incapaces de llegarle a todo. Como consecuencia, viene el estrés, la ansiedad, la agresividad o el mal genio que desencadena en enfermedades, burnout, baja productividad y, sobre todo, pérdida de las defensas en nuestro sistema inmunológico.

A raíz de estos problemas ha surgido un concepto llamado el Mindfulness, que ha empezado a ganar terreno en el mundo de la empresa. Se trata de una actividad enfocada en la atención plena. El Mindfulness pretende que toda actividad que hagamos cuente con toda nuestra concentración posible y, de esta manera, podamos tener un incremento de nuestra tranquilidad, bienestar y, en última instancia, de nuestra productividad y rendimiento.

¿Por qué el Mindfulness es clave para el directivo?

Debido a la alta exposición que tenemos los directivos a las pantallas, cada vez se hace más difícil la atención y el diálogo profundo. Por un lado, muchas veces, mientras conversamos con alguien, tenemos la mente puesta en otras cosas y perdemos de vista el momento y la situación. Por otro lado, es cada vez más difícil la separación entre la vida personal y la empresa, con lo cual miramos el correo, las noticias o chateamos con asuntos del trabajo mientras estamos al frente de nuestros seres queridos. Eso sin mencionar lo que le pasa a la mente cuando estás conversando con alguien de tu familia: ellos te hablan y tú tienes puesta la cabeza en el trabajo. Sin duda, esto es una buena prueba de nuestra falta de separación entre la vida personal y familiar con el trabajo profesional que en el largo plazo deteriora nuestras relaciones. Si tenemos estos síntomas ¿qué debemos hacer para usar eficazmente el Mindfulness en nuestra vida laboral?

¿Qué hacer?

  1. Hay que aprender a gestionar el tiempo y la agenda. El principal error es que creemos que el éxito de la agenda es llenarla de actividades. Por el contrario, la primera tarea de un directivo es priorizar, eliminar y delegar el mayor número de actividades posible. No olvidemos que el directivo es aquel que hace, por medio de otros, que las cosas sucedan. El principio de la eliminación no es para hacer más con menos, sino para enfocar su atención en lo verdaderamente importante de su organización. El peor enemigo del directivo es la sensación engañosa de éxito que produce el activismo.
  1. Cuida el orden y el orden cuidará de ti. ¿Quién es un directivo ordenado? Aquel que establece prioridades, el que plantea claramente objetivos y expectativas y, sobre todo, aquel que privilegia la reflexión, la deliberación y el pensamiento por encima de la acción frenética y luego, naturalmente, toma decisiones y hace seguimiento.
  1. Aprender a decir ¡no! Y más en nuestra cultura colombiana caracterizada por las formas polites. Cuántas veces nos vemos abocados a situaciones que no queremos por la pena de no decir no cuando corresponde. El secreto para el directivo y para sus pares es hacerse las siguientes preguntas de control: ¿esta tarea añade valor a los objetivos de la organización?, ¿qué aporta este informe?, ¿qué ganamos con esta discusión tal como la estamos enfocando?, ¿estamos perdiendo el tiempo en papeles que no aportan nada?, ¿esto sería más fácil hablarlo personalmente en 30 segundos que escribir un correo en 10 minutos?
  1. Los horarios son el guardián de nuestros objetivos y del plan de vida. Uno de los mayores aprendizajes directivos consiste en ceñirse a un horario con prioridades, tareas y acciones para determinada hora. Es muy diferente contestar todos los correos al minuto que hacer tandas para encuadrar respuestas, priorizar y resolver. En resumen, los directivos deben ser capaces de migrar de un ritmo frenético de mucha velocidad a un modelo de prioridades, reflexión previa y, ante todo, de atención plena a cada actividad.

Debemos recordar que la vida está compuesta de “momentos para vivir” y por esto, es necesario distinguir cada momento y lo que se espera de uno en ese instante. El secreto de nuestro trabajo es hacer el pequeño deber con la máxima perfección posible y por ello cobra validez la frase que reza: haz lo que debes y está en lo que haces.

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