Opinión

  • | 2016/07/19 00:01

    Punto y coma a la inflexión moral de los colombianos

    Me sorprende cómo los jóvenes profesionales venezolanos radicados en Colombia describen la gran incertidumbre que sufren por las autoridades de inmigración al solicitar sus visas y la respuesta que finalmente obtienen, situación comparable con la de muchos mexicanos en EE.UU.

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En Venezuela actualmente viven, a pesar de la situación que se describe públicamente, más de cuatro millones de colombianos que, en su gran mayoría, son personas que salieron de una Colombia convulsionada durante muchos años a una Venezuela que los recibió con los brazos abiertos.

La gran mayoría salió buscando mejores oportunidades para ellos y para sus familias y esperando encontrar un futuro tanto a nivel profesional como a nivel personal sin contar con los anhelos de tener un lugar seguro para poder desarrollar una vida tranquila, pues Colombia y sus gobiernos durante mucho tiempo no podían garantizar una seguridad mínima de sus conciudadanos en muchas partes del territorio nacional; situación similar que hoy ocurre a los hermanos venezolanos, pues su país y su gobierno no solo no les garantiza seguridad alguna sino que, en algunos casos, hasta los atropella.

Si bien se han establecido colombianos de toda índole en Venezuela me atrevo a asegurar que la gran mayoría es gente de bien. De igual manera, lo son los venezolanos profesionales que hoy tenemos en nuestro territorio. Venezuela en su momento acogió a los ciudadanos colombianos con las puertas abiertas y muchos de ellos prosperaron a pesar de que algunos se han regresado a su país de origen, en especial, por la situación actual que se vive a diario en Venezuela.

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Entiendo que el gobierno del ex presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez incentivó la inversión venezolana en Colombia, así como también, estimuló que los profesionales venezolanos se establecieran en este país. Este es el caso de profesionales venezolanos del sector petrolero que lograron subir sustancialmente la producción en nuestro país en este sector, trayendo con esto una bonanza a Colombia por un período de tiempo prolongado y, a pesar de la caída de los precios internacionales del petróleo en mas de un 50%, la producción solo cayó alrededor del 10%.

No debe ser una exageración de algunos, la descripción del comportamiento de las autoridades de inmigración colombiana en lo que respecta a los procesos de solicitud y otorgamiento de visas a los venezolanos en Colombia. Permanentemente a diario se señala a dedo a los venezolanos y se les está negando, casi en su mayoría, la solicitud de visa para poder normalizar su situación migratoria de trabajo en nuestro país; entonces, Colombia entera carece de autoridad moral para criticar y replicar por las políticas internas de otros países, como es el caso de las polémicas declaraciones del candidato presidencial en EE.UU Donald Trump, con la que ha llamado al rechazo, al odio y a la segregación hacia los inmigrantes.

Venezuela, un país próspero y pujante, acogió a los colombianos durante décadas para que ahora los colombianos rechacen de manera indiscriminada a aquellos venezolanos profesionales que buscan en estos momentos un refugio, requiriendo del país una política solidaria. Reza el dicho: “hoy por mi, mañana por ti”. Esa ley natural de la reciprocidad parece no haber sido tenida en cuenta a nivel de gobierno y de cancillería en Colombia, a lo cual se intuye en el ambiente un amplio sentimiento de injusticia, descomposición y de apatía en aquellos que hoy gobiernan.

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Debido a mi profesión como consultor de familias empresarias latinoamericanas, al profundo cariño y a la relación personal con varios venezolanos me dispuse a profundizar en el tema encontrando una organización de venezolanos solidarios en Colombia (http://www.asovencol.org/), donde están reuniendo un esfuerzo para tratar de ayudar a sus compatriotas en donde algo menos de doscientos mil han formalizado la solicitud de visa; entre ellas solicitudes a la cancillería sobre las situaciones irregulares con las que se han encontrado, y a las que dan respuesta las autoridades de inmigración colombiana donde, palabra más o palabra menos, se describe que se guardan el derecho de admisión como cualquier otra autoridad de inmigración de cualquier otro país; lo cual tiene todo el sentido común, en especial cuando hay extremistas musulmanes con pasaportes venezolanos de fácil identificación y rastreo lo cual es una herencia que nos deja el régimen totalitario a los latinoamericanos.

Es importante reflexionar sobre aquellas injusticias cometidas por las autoridades tanto en Colombia como en el exterior para que estas no traigan mayores consecuencias, ni para que esto sea la norma ni el ejemplo que se le da a las nuevas generaciones de jóvenes, pues la falta de solidaridad con el prójimo no puede ser el ejemplo de un país que pretende buscar la paz.

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