Opinión

  • | 2016/11/06 00:01

    Propósito y disciplina: el poder de empezar

    Lograr resultados extraordinarios requiere esfuerzos extraordinarios. Para lograrlos, lo primero es empezar. Empezar, competir y lograr necesitan disciplina, perseverancia, convicción y estímulos.

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Conectarnos con nuestro propósito necesita disciplina y concentración. Incluso, para conectarnos emocionalmente con las organizaciones de las que hacemos parte, hacer esfuerzos extraordinarios, mantener el compromiso necesario para lograr un rendimiento superior (en términos competitivos), y tener capacidad transformadora, de reinvención, y de impactar, se necesita tener claro el propósito y contar con mucha disciplina.

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Reflexiones sobre tener claro el propósito personal y el de las empresas son actualmente recurrentes en los grandes líderes corporativos. Jaime A. Ramírez, vice-presidente sénior y presidente de Mercados Emergentes Globales de la empresa Stanley Black and Decker, comenta cómo identifica su posición personal con el libro “Intentional living: choosing a life that matters” del experto en liderazgo John C. Maxwell.

Jaime Ramírez cuenta con fascinación cómo transformar los negocios, ser un líder competitivo y, al mismo tiempo, mantener conectada la organización con su esencia siendo fiel a sus valores de disciplina, y contribuyendo con ejemplo a construir una mejor sociedad. Considera Ramírez que es ahora que las empresas deben volver a hacerse las grandes preguntas sobre su visión y su propósito, inculcar los valores corporativos y alimentar en los colaboradores la ansiedad positiva por tomar iniciativas, y hacer las cosas de manera diferente.

En su libro, John Maxwell argumenta enfáticamente sobre la importancia de la intencionalidad y de empezar, ya que “no se puede lograr hacer un impacto sentado e inmóvil sin hacer nada”.  El primer paso es empezar.

En muchas ocasiones, empezar no es necesariamente fácil y supone de esfuerzo para sobreponer el desgano. De hecho el refrán “en el comer y en el rascar, el todo es empezar” significa que lo más difícil de algunas cosas es empezarlas. Incluso Miguel de Cervantes escribió en El Quijote “que el comenzar las cosas es tenerlas medio acabadas”.

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En el 2009 fue publicado en el Harvard Business Review un artículo del CEO de Procter & Gamble hasta el 2015, A.G. Lafley titulado “What only the CEO can do”. En su artículo, Lafley expone que el único trabajo realmente crítico que puede hacer un CEO es conectar el mundo externo del negocio (sociedad, economía, tecnología y consumidores) con el mundo interno (su organización).

Para esto, dice Lafley, está el imperativo de conectarse con 4 tareas: (i) definir lo significativo del exterior y el grupo de interés que importa más; (ii) decidir en qué negocio está, cuál es el negocio medular, y cuál va a impulsar a crecer; (iii) equilibrar el presente y el futuro, y resolver las tensiones entre las prioridades de corto y largo plazo; (iv) y determinar los valores y estándares.  Todas estas tareas requieren de dos componentes: propósito y disciplina.

En estos momentos de incertidumbre e impredictibilidad política y de los mercados, es importante desarrollar niveles de flexibilidad que permitan una rápida adaptación y competir exitosamente, teniendo en cuenta los nuevos retos del entorno. Al mismo tiempo, es requerido que los colaboradores contribuyan con esfuerzos extraordinarios para lograr cumplir las metas de la empresa.

Esto sólo se consigue teniendo una disciplina que active un motor de arranque permanente. Este motor se nutre de la conexión emocional con los objetivos y el propósito de la organización, de la convicción que el propósito personal puede ser canalizado y conseguido paralelamente con conseguir metas de las empresas, y una alineación con los compromisos que la empresa tiene de ser un agente para el cambio positivo de la sociedad. 

Para asegurar una identificación genuina es muy importante que tanto los empleados como los clientes y accionistas sepan y tengan clara la posición de a empresa respecto a aspectos fundamentales de política, economía, y libertades civiles. Esto, porque para canalizar concentrada y disciplinadamente los esfuerzos, no muchos están dispuestos a perder su esencia, y entregar su tiempo, vida y alma, a un propósito que difiere del suyo.

Aunque la disciplina es un valor individual y personal puede ser potencializada e incentivada. Reconocer explícitamente los esfuerzos y los resultados de quienes están comprometidos de manera excepcional hace parte de promover ambientes competitivos.

Respaldar iniciativas y procesos de innovación también contribuye a aumentar el sentido de realización de propósito. Facilitar ambientes alternativos y flexibilidad laboral puede aumentar las condiciones propicias para se reinventen unidades claves de los negocios. Quienes trabajamos para organizaciones no solamente queremos trabajar en ella, queremos sentirnos parte de esta y necesitamos ser reconocidos y hacer parte de las transformaciones.

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