Opinión

  • | 2016/02/14 00:01

    ¿Por qué la utilidad neta no es un inductor de valor?

    La utilidad neta dista bastante de lo que es la generación de caja de una compañía, que es lo realmente relevante. ¿Por qué el inversionista y la prensa local le hacen un seguimiento tan detallado y le brindan tanta relevancia a la utilidad neta?

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A todos los que hemos estudiado finanzas en algún momento de nuestras vidas nos han enseñado la frase “la caja es el rey” o “cash is King”, en inglés. Esta resume, en pocas palabras, lo realmente importante desde el punto de vista fundamental: las compañías que generen caja serán aquellas que cuenten con los recursos necesarios para apalancar el crecimiento, pagar sus deudas, distribuir dividendos, entre otros. Por esta razón se nos hace difícil entender ¿por qué el inversionista y la prensa local le hacen un seguimiento tan detallado y le brindan tanta relevancia a la utilidad neta?

Empecemos por decir que la utilidad neta es, en pocas palabras, espuma. Y digo lo anterior ya que esta cifra puede ser distorsionada a través de cambios contables tan sutiles como: la forma en la cual se deprecian los activos o se amortizan los intangibles, o en la forma a través de la cual se calculan las provisiones de inventario, entre otras. En realidad, la utilidad neta dista bastante de lo que es la generación de caja de una compañía, que es lo realmente relevante.

Adicionalmente, la utilidad neta es una medida contable que incorpora en su cálculo una cantidad de variables que no tienen efecto sobre la caja de una compañía. Por ejemplo, las depreciaciones y amortizaciones de activos fijos no requieren un desembolso por parte de las compañías, la diferencia en cambio por la exposición de los activos y pasivos en moneda extranjera tampoco significan una salida de efectivo. ¿Entonces por qué se le presta tanta atención?

En realidad solo encontramos dos respuestas a este interrogante: la primera es que es una medida que no requiere cálculos adicionales sino que, por el contrario, es entregada por la administración de la empresa, de fácil acceso y conocimiento público además de ser la última línea del estado de resultados. La otra (flujo de caja), por el contrario, requiere de un análisis adicional, de carpintería financiera, de entender los estados financieros de la compañía y el impacto que las diferentes variables tienen o tuvieron sobre los resultados respectivos. En pocas palabras, el flujo de caja es un concepto más complejo de analizar. El segundo es que bajo este indicador se decreta la política de dividendos, lo cual para los inversionistas que buscan rentabilidad vía dividendo es vital para su toma de decisiones.

Con esto en mente, vale la pena preguntarse: ¿Qué es mejor, una compañía del mismo sector que genere $1.000 millones en utilidades netas y $100 millones de caja, o una empresa que genere $100millones de utilidad neta y $1.000millones de caja? La respuesta, a la luz de las finanzas corporativas, sería en primera vista la compañía que genere más caja, ya que contará con mayores recursos para hacerle frente a sus necesidades de inversión, capital de trabajo, pago de deuda, entre otros. Sin embargo, es importante resaltar que no solamente la generación de caja es relevante; este análisis se debe hacer de forma conjunta con la revisión de indicadores de endeudamiento, rentabilidad, entre otros.

Por esto, le recomendamos a todos los inversionistas que no solo evalúen la utilidad neta sino que también focalicen su atención a la generación de caja, cuyo aproximado en los estados financieros puede ser el Ebitda, que es la utilidad antes de pagar intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones. El desempeño de este indicador da en mejor medida señales positivas o negativas frente a la salud financiera de una compañía, frente al desempeño de su operación, de su generación de recursos que al fin de cuentas es lo que más le debe importar a los inversionistas, pues serán estos recursos los que apalanquen el crecimiento y la generación de valor futura de la empresa.

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