Opinión

  • | 2017/03/09 00:01

    ¿Por qué hay corrupción en las empresas?

    Si los que se han ganado el derecho a dirigir no reflejan integridad, coherencia y credibilidad en sus acciones y palabras, los demás verán la corrupción como un asunto cultural, propio de la expresión que dice: “todos lo hacen así en este lugar”.

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"El mundo empresarial es un campo de objetivos y resultados y, también, de principios."  -Antonio Valero

Las empresas no son corruptas. Corruptas son las personas que dirigen las empresas. Basado en esta afirmación puedo indicar que una empresa es la sombra alargada de sus directivos. Por este hecho, señalaré que el factor creador y determinante de la corrupción empresarial está en el vértice de la organización (bien sea por sus decisiones o por sus omisiones).  

El rasgo distintivo de la alta dirección, decía Peter Drucker, reside en el énfasis, la fuerza e insistencia en la integridad y las elevadas normas de conducta y de justicia que realiza y exige la alta dirección de sus colaboradores.

Un país, una empresa y una organización dependen, en muy buena medida, del talante de sus directivos. Si los que se han ganado el derecho a dirigir no reflejan integridad, coherencia y credibilidad  en sus acciones y palabras, los demás verán la corrupción como un asunto cultural, propio de la expresión que dice: “todos lo hacen así en este lugar”.

Los 3 elementos configuradores de la corrupción en las empresas (según Medtronic):

1. El deseo personal de una ganancia económica y profesional

Todos, legítimamente, aspiramos a una vida mejor desde el punto de vista material y profesional. El problema está, por consiguiente, en el hecho de querer lograr nuestros objetivos mediante atajos y usando caminos rápidos. Olvidamos que el éxito va de la mano del trabajo sostenido y esmerado. El otro problema está en el tipo de sociedad en la que vivimos. Es una sociedad que nos presiona todo el tiempo hacia el consumismo y la ostentación. Para algunas personas, el tipo de carro, el club o la marca de la ropa se convierten en señales exclusivas de valor personal. Muchas veces terminamos atrapados en “jaulas de oro” por la presión social de nuestros pares y el ambiente en el que vivimos.

2. Una oportunidad para satisfacer ese deseo

Dice el refrán popular: “la oportunidad hace al ladrón”. Todo acto de corrupción inicia con una posibilidad de satisfacer ese deseo personal de ganancia económica personal y profesional. La persona en medio de presiones sociales, económicas, competitivas o por sus deudas termina aceptando la corrupción con la esperanza de no ser descubierto o castigado. Naturalmente, si vivimos en países con alta impunidad, es menor el temor al castigo.

3. Las racionalizaciones que realiza la persona antes de tomar la decisión

Antes de tomar la decisión corrupta, viene el elemento determinador de la corrupción: las racionalizaciones o justificaciones de la conducta. Consiste en decirnos a nosotros mismos o a los cómplices las siguientes expresiones: “todo el mundo lo hace, mi sueldo es injusto, nadie lo va a notar, esto es como quitarle un pelo a un gato, no es ilegal, con esto no le hago mal a nadie, con violar esta norma no me estoy robando un peso, me lo merezco, lo haré solo una vez y ya”.

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¿Qué debemos hacer para evitar la corrupción en las empresas?

En primer lugar, los directivos deben sembrar integridad con su ejemplo en cada rincón de la empresa. Asimismo, están en la obligación de fomentar una cultura de la legalidad al interior de la organización. Las decisiones a este respecto deben ser ejemplares, con mensajes claros hacia el resto de la organización. Para lograr este objetivo, es necesario  propiciar espacios de formación, capacitación y doctrina en los códigos de conducta corporativa. 

En segundo lugar, cuidar a través de la prudencia directiva la línea que separa la ambición de la codicia. Muchas veces los programas de crecimiento empresarial son reflejos del orgullo y el ego directivo, lo cual lleva a la organización a tomar decisiones muy arriesgadas y por fuera de toda racionalidad empresarial. “Quien va piano, va lontano” dice el dicho. Recordemos que Interbolsa tenía una obsesión enfermiza por el crecimiento, la internacionalización y la figuración en grandes ligas financieras.

En tercer lugar, las organizaciones deben cuidar los incentivos, los cuales pueden impulsar conductas corruptas mediante una presión muy fuerte al desempeño y los resultados en el corto plazo. Muchas veces consideramos erróneamente que el dinero y los ascensos son los motivadores universales y, la verdad sea dicha, son armas de doble filo porque mercantilizan la voluntad e instrumentalizan el trabajo. Lo anterior no quiere decir que los incentivos económicos deban eliminarse, sino que su existencia y otorgamiento exigen cuidado.

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Conclusión

La conducta de las personas está moldeada por la ley, la moral y la cultura. Estos tres factores, generadores de decisiones personales, limitan o estimulan a las personas a actuar de una manera u otra. Por esto, son imprescindibles varios compromisos por parte de gobiernos, directivos y universidades para que disminuya la corrupción en Colombia.

  1. Contar con un verdadero Estado de derecho basado en el imperio de la ley y de las instituciones. Esto significa que la justicia funcione para todos sin esperar que el departamento de Estado de los Estados Unidos desenmascare la corrupción flagrante, como sucedió con Odebrecht.
  1. Los valores religiosos son esenciales. Esto significa que el ámbito moral de las personas debe estar unido a sus creencias religiosas. No puede existir una esquizofrenia en la conducta que consiste en vivir la vida religiosa según el estado de la persona disociada de sus decisiones y conductas personales y profesionales.
  1. La sanción social es clave. No podemos admirar al que se ha enriquecido rápidamente y, mucho menos, dejarnos seducir por los grandes logros empresariales y comerciales de alguien. Asimismo, debemos tener el valor de evitar a personas e instituciones con conductas opacas, según los jueces. No hacerlo es premiar su conducta.

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