Opinión

  • | 2017/03/09 00:01

    ¿Por qué aumentar la edad de jubilación de las colombianas?

    La Ley establece que la edad de jubilación de las mujeres es a los 57 años, cinco años antes que los hombres. Esta diferencia se explica por el hecho de tener mayores períodos de inactividad laboral, al asumir una carga mayor en la gestación y crianza de los hijos. Paradójicamente, una norma que debería protegerlas, las termina castigando.

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Es necesario recordar que en Colombia subsisten dos regímenes pensionales. El de prima media o beneficio definido, administrado por Colpensiones (antes Seguro Social), y el de ahorro individual con solidaridad o contribución definida, administrado por cuatro AFP. Revisemos el detalle de la situación que se presenta en el régimen de ahorro individual de los fondos de pensiones.

En las AFP se acumula en una cuenta individual el ahorro de la vida laboral. Cuando llega el momento del retiro se puede escoger entre un esquema de retiro programado o una renta vitalicia. El retiro programado consiste en definir con el fondo de pensiones, bajo unos parámetros preestablecidos, el valor de la mesada. Bajo esta modalidad, los recursos se pueden heredar al momento de que se acabe la pensión.

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La renta vitalicia es un seguro, ofrecido por aseguradoras y que “asegura” una suma de dinero mensual desde el momento que se adquiere hasta la muerte. Si eventualmente usted vive 100 años más, la aseguradora le debe pagar su longevidad. Si solo vive un mes más, recuerde que es un seguro y pasa lo mismo que cuando adquiere una póliza de salud y nunca se enferma: los recursos van para la mutualidad de asegurados y cubren a los longevos.

Cuando se adquiere un seguro, la aseguradora evalúa los riesgos, siguiendo el principio de que, a mayor riesgo mayor valor de la prima. En el caso de una póliza para su carro, por ejemplo, se revisa el cilindraje, la historia de sus infracciones, su edad, su sexo, entre otros factores. En una renta vitalicia el criterio fundamental son los años de vida que, se estima, le quedan al asegurado para disfrutar de esa suma de dinero. Acá radica el problema económico de las mujeres: comparativamente viven más años, medido con las tablas de mortalidad, ergo tienen un nivel de riesgo mayor.

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Que las mujeres tengan una mayor esperanza de vida, implica que será más oneroso para una mujer que para un hombre adquirir una renta vitalicia. Expresado de otra manera, cuando en su historial médico registra más enfermedades, su póliza de salud será más costosa. Ahora bien, la situación es más compleja cuando se aspira a pensionarse cinco años antes que los hombres.

Les comparto uno de mis cálculos para ilustrar la idea. Mientras que la compra de una renta vitalicia, que asegure un ingreso de 2 salarios mínimos mensuales, le costaría a un hombre soltero sin hijos de 62 años, $246 millones; a una mujer con las mismas condiciones pagaría $274 millones. Si esa misma mujer tuviera 57 años, tendría que pagar $299 millones. Los resultados son contundentes: las mujeres requieren acumular más capital que los hombres al momento de pensionarse y, pese a ello, se retiran 5 años antes del mercado laboral.

Si a lo anterior se le suman los hallazgos del libro “Desempleo Femenino en Colombia”, el cual revela la tragedia del mercado laboral femenino. Es difícil conseguir trabajo, especialmente si es casada o con hijos. Se podría concluir que, para una mujer, acumular un monto adecuado para una pensión (renta vitalicia) es una tarea titánica.

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Por las razones expuestas, y para beneficiar a las mujeres, podría ser favorable igualar la edad de pensión de hombres y mujeres. En países como Alemania, España, Perú, Corea y Uruguay, el retiro de los dos sexos es a la misma edad. En México y Chile, la edad legal es una pero las mujeres deciden trabajar más años para tener mejores pensiones. Con los cálculos presentados previamente, se sabe que, en lo pensional, “es mejor ser niño que niña”. Por ello valdría la pena revisar, además, la posibilidad de construir una sola tabla de mortalidad para hombres y mujeres.

Algunos idealistas dirán que lo mejor es que el Estado subsidie las semanas o montos pendientes. Por eso son idealistas. Subsidiar implica recaudar más impuestos, justo unos meses después de aumentar el IVA. Basta recordar que este año el Gobierno destinó 4 puntos del PIB para el pago de pensiones. Eso es más de los recursos que se invierten en educación y salud.

Esta es solo una arista de la deuda que tiene el país con la modificación del sistema pensional. La perspectiva presentada en esta columna es paramétrica (de un parámetro como la edad). Sin duda son más los detalles que se deben pulir a la hora de reflexionar sobre una reforma impopular, pero necesaria.

Ojalá que cuando en el país se aborde el debate, que debería ir de la mano de la discusión de lo laboral, quienes alzan las voces para reivindicar a las mujeres, argumenten con más razón que corazón.

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