Opinión

  • | 2016/05/06 00:01

    PIB vs. empleo: ¿Cuál mueve al mercado?

    Los mercados cada vez reaccionan con menor intensidad a las sorpresas del PIB, frente a otras estadísticas como las de mercado de trabajo.

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En las últimas semanas se ha concentrado la publicación de los datos de crecimiento del PIB en el primer trimestre, con abundantes sorpresas, tanto positivas (Eurozona) como negativas (EEUU y Reino Unido), lo que seguramente reavivará el debate sobre si esta estadística económica es el mejor indicador de actividad para medir en estos momentos el pulso económico. Algo que se ha puesto en duda en los últimos tiempos, tanto por las deficiencias en su cálculo en algunos países emergentes (China), como por la dificultad de medir los crecimientos de la productividad originados por los cambios en la estructura económica (digitalización, etc). Aunque también se discuten los efectos de los tratamientos estadísticos de la variable en los países desarrollados que, en algunos lugares, suavizan excesivamente los perfiles haciendo perder calidad a la información, mientras en otros, por el contrario, los resultados presentan excesiva volatilidad y sesgos trimestrales excesivamente marcados (por ejemplo, a la baja en el PIB de EEUU en el primer trimestre). El resultado es que los mercados cada vez prestan menos atención y, por tanto, reaccionan con menor intensidad a las sorpresas de PIB, frente a otras estadísticas como las de mercado de trabajo (datos de empleo).

Centrándonos en la información publicada, los datos de PIB en EEUU (0,5% trimestral anualizado y 1,9% interanual) vuelven a decepcionar, al confirmar que la economía americana creció en el último semestre a su ritmo más bajo desde 2012. Además, sorprende por su debilidad el comportamiento de la demanda interna (+0,9%) y también de las ventas finales (+1%), aunque la mayor parte del enfriamiento se debió al deterioro de la inversión (-5,8%), con especial incidencia negativa de los bienes de equipo (-8,6%). Por tanto, el dato ha sido más decepcionante de lo esperado, especialmente porque consumo e inversión explican más del 80% del enfriamiento de la actividad. Además, la escasa contribución de la inversión y de la productividad al actual ciclo expansivo de la economía americana hace temer por el comportamiento del crecimiento potencial en el medio plazo. De momento, en el corto plazo es de esperar una mejora de la actividad hacia la zona del 2%-2,5% (teniendo en cuenta la solidez del mercado de trabajo), pero vamos a ver nuevamente dudas sobre la duración del actual ciclo expansivo y también sobre las próximas decisiones de la FED.

En la Eurozona, por el contrario, el crecimiento del PIB superó todas las expectativas (0,6% crecimiento trimestral y 1,6% interanual), batiendo las señales de la mayoría de indicadores mensuales de actividad y de las encuestas de opinión. Sólo el gasto de las familias presentaba un tono claramente positivo, pues las ventas minoristas avanzaron a un ritmo saludable en el primer trimestre, gracias a un mercado de trabajo bastante dinámico (la tasa de desempleo cayó en marzo hasta el 10,2%, mínimo desde agosto de 2011). Entre las grandes economías se ha publicado el dato de PIB para España y Francia y, en ambos casos, sorprendieron positivamente. El dato de España también se situó por encima de las expectativas (0,8% trimestral y 3,4% interanual). El dato confirma que los impulsos ciertos (petróleo, condiciones financieras, etc.) siguen pesando más que los riesgos potenciales (incertidumbre política) por su incidencia positiva sobre el consumo.

La conclusión es que el crecimiento de la actividad en los países desarrollados fue flojo en el primer trimestre, pues la sorpresa positiva de la Eurozona no compensó la debilidad de la economía americana. Sin embargo, si como parece, la actividad en EEUU vuelve a la zona del 2% en los próximos trimestres, el crecimiento mundial podría superar el 2,5% este año. Este ritmo no es espectacular pero está lejos de los escenarios traumáticos..

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