Opinión

  • | 2016/04/16 00:01

    Pequeños pero poderosos

    Reconocer los logros en el trabajo, así sean pequeños, aumenta la productividad en el trabajo y mejora los resultados en los negocios.

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Últimamente he estado trabajando muy duro. A pesar de estar sintiendo constantemente que el tiempo no me alcanza para hacer todo lo que quiero y debo hacer, no me ha embargado ese vacío en el estómago que se siente consecuencia del muy difuso “estrés”. Lo que he sentido se parece más al “bienestar”.

He dado un paso atrás y me he preguntado, ¿qué puede explicar esto para ver si se puede repetir con más frecuencia?

Creo que la pepa del asunto está en reconocer que las ganancias pequeñas son bien poderosas. 

Empecemos por el principio. Ed Diener, Ed Sandvik y William Pavot (entre otros) argumentan que experimentar buenas emociones con frecuencia hace que uno se sienta más contento en general. Para una economista esta teoría cae como anillo al dedo: lo importante es el número de buenos momentos y no la intensidad de un momento.

Bueno, pero ¿qué lo hace sentir a uno mejor en el trabajo? Que el jefe reconozca lo que uno hace y diga “que idea tan buena la que tuviste, hemos decidido llevarla a Junta para implementarla” o que le suban el sueldo, definitivamente aumentan la satisfacción laboral. Saber para dónde va la empresa y cuáles son las metas que uno debe alcanzar también es importante.

Pero después de más de 10 años de investigación y de analizar miles de encuestas, Teresa Amabile y Steven Kramer (El principio del progreso) han encontrado que sentir que uno está progresando, que está logrando cosas, es una de las mayores fuentes de productividad y creatividad en el trabajo. De hecho, en el 76% de los días en los que sus encuestados reportaron estar de buen ánimo, declararon haber logrado algo en sus trabajos.

Cuando uno piensa en “avances” muchas veces se imagina cosas gigantes. Pero Amabile y Kramer han encontrado evidencia que sugiere que cuando las personas identificamos que estamos haciendo avances incrementales (así sean pequeños) y consistentes, tendemos a sentir que éstos pueden producir buenos resultados al final.

La cosa es que a veces uno no se da cuenta o no le presta mucha atención a esos logros. La explicación puede ser que tiene tantas cosas encima que debe rápidamente pasar a resolver el siguiente tema. Pero la verdad es que la mayoría de las veces uno puede sacar unos minutos para reconocer el pequeño paso que ha dado hacia adelante.

Creo que realmente lo que pasa con más frecuencia es que, una vez uno logra algo como empresario o como empleado, casi instantáneamente abre la puerta a un nuevo reto.

Que uno mismo se “agüe la fiesta” no necesariamente está mal. El aguafiestas puede no ser más que la encarnación del motorcito de la ambición, el cual le está mostrando a uno lo que hace falta para que se empuje a lograr mucho más.

Sin embargo, no reconocer los pequeños logros puede no sólo retardar el progreso propio, sino que puede llevarnos a ignorar las ideas y el trabajo de otros. Además de dejar pasar la oportunidad de introducir mejoras que impacten positivamente el negocio, esto tiene el potencial de reducir el grado de compromiso de nuestros equipos y generar un círculo vicioso que genere resultados sub-óptimos en nuestros negocios.

Meterse en el hábito de reconocer y celebrar los logros puede ser difícil. Ser consciente de la importancia de hacerlo es un buen primer paso. Y, sigamos hacia adelante, ¡Yala!

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