Opinión

  • | 2017/06/02 00:01

    ¿Para qué trabajamos?

    Desde la Revolución Industrial, se nos ha dejado claro que el trabajo es: "un negocio". Cualquier expectativa diferente a la autorrealización, se debe dejar en casa al lado de nuestras pantuflas.

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Pero los tiempos están cambiando. Se observa que las nuevas generaciones se van de las empresas porque no encuentran un “propósito” o “significado” a su trabajo, pues la claridad de este tema se ha vuelto fundamental y es parte de sus valores personales; por lo tanto, las empresas tendrán que transformarse, entenderlo y cambiar, o nunca lograrán enganchar a este tipo de talento.

Esta nueva perspectiva ha hecho que la mayoría de la gente quiera que su trabajo sea el reflejo de su verdadera pasión. Las personas que encuentran una vocación y consideran su trabajo relevante para su realización personal, tienen la convicción de que su trabajo hace que el mundo sea un lugar mejor. Aquellos que siguen influenciados por los pensamientos del pasado, disfrutan poco y tienen un compromiso mínimo y sin significado. Normalmente, siguen una carrera en donde la evolución y el desarrollo personal lo encuentran en el crecimiento jerárquico y no en un propósito de vida.

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Lastimosamente si preguntáramos a aquellas personas que encuentran su pasión, si se toman el trabajo de ayudar a que los demás la encuentren, la respuesta probablemente sería que no. Y no por egoísmo, sino porque la mayoría de líderes están condicionados a concentrarse en la promoción y no en ayudar a encontrar el propósito a sus colaboradores. Por esta razón no pueden conectar sus valores y motivaciones con la misión de su empresa y con su trabajo. Cuando sueñan, entran en cortocircuito cuando tienen la oportunidad de contemplar la vida que les gustaría vivir, sin saber cómo lograrlo.

Es una triste realidad, la mayoría de las personas anhelan “trabajar en lo que les apasiona”, pero pocos lo han logrado.

Podríamos culpar a Adam Smith y Frederick Taylor por perpetuar la idea de que los seres humanos son inherentemente perezosos, y que la única razón por la cual la gente hace cualquier tipo de trabajo es por un salario. Como resultado, el trabajo desde la era industrial hasta el presente se ha diseñado con cara de: “cheque de pago”, en lugar de una actividad con significado y propósito, que deberían ser, la verdadera compensación humana.

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Al privar sistemáticamente a las personas de un trabajo con realización, se reproducen los empleados “sin misión”. Contamos con estructuras que impiden a los trabajadores ver más allá de su nariz, pues la falsa idea de que las personas deben trabajar eficientemente para conseguir dinero y más dinero, paradójicamente, provoca una mentalidad pobre.

En otras palabras, la situación de los lugares de trabajo tradicionales, se forja sobre principios con expectativas bajas y sin una misión clara, convirtiéndola de esta manera, en una profecía auto-cumplida.

Pero si lo miramos con lupa, es muy mal negocio convencer a las personas que el salario es lo único importante, pues se frustran muchas oportunidades de mejoramiento en el negocio. El desafío para los líderes es construir un trabajo con propósito, así no se preocupen genuinamente por las personas sino por el resultado financiero, pero que logren construir proyectos con visiones claras.

La buena noticia es que cualquier trabajo tiene el potencial de ofrecer satisfacción a las personas, pues hay factores como la autonomía, los desafíos y objetivos claros, que afectan positivamente en el bienestar de las personas. La introducción a un sistema de trabajo con estas características y con motivadores inherentes, puede fácilmente transformar la fuerza laboral y mejorar el negocio, se los aseguro, pues los empleados conectados a una “elevada misión” son mucho más eficaces y eficientes.

Las empresas que tienen claro que se pueden sacrificar ganancias a corto plazo para ofrecer sostenibilidad a largo plazo, tienen un noble e inteligente propósito, pues logran tener un ambiente de trabajo más estimulante y que genera desafíos e innovación en sus trabajadores. Cuando las empresas ofrecen un “significado” y no simplemente trabajos, se ven positivamente impactadas en sus resultados. Aunque con ello vendrán largas horas de trabajo y competencia, hay que asumir las características normales de una transformación y crecimiento por la búsqueda de: “el desarrollo del sentido de propósito personal”.

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El crecimiento de las empresas con sentido de propósito, se revelará con el tiempo. Hasta entonces, depende de cada uno evaluar su trabajo y tomar decisiones que reflejen quiénes somos y lo que realmente amamos. No abandonemos lo que nos mantiene vivos para poder comprar un televisor de 42 pulgadas, un automóvil último modelo o la casa de verano. Éstos son solo premios pasajeros y si uno no es cuidadoso, podría estar "dejando lo mejor de cada uno, por estos pequeños deslices"

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