Opinión

  • | 2017/07/24 00:01

    Panipat: ciudad de los tejedores

    La industria textil en India, uno de los países con mejor pronóstico de crecimiento en los próximos 20 años, está organizada en su mayoría por clústeres. Y aunque es de resaltar su optimización logística, una ciudad hace la diferencia al emprenderse bajo el dominio del reciclaje textil.

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Ante el creciente e imparable apetito del mundo occidental por la moda, el cambio en tendencias termina en un alto consumo de cantidades excesivas de ropa. Sin embargo, pocos sabemos qué sucede finalmente con la ropa que ya no se usa.

Si bien es cierto, parte considerable del motín se destina a organizaciones de caridad que se encargan de llevar estas prendas a bancos de ropa o contenedores para ofertarlas a nuevos dueños que, pese a su necesidad, muchas veces no tienen una accesibilidad a vestimenta básica (compraventas de ropa de segunda, almacenes de ropa vintage, entre otros). Estados Unidos y el Reino Unido figuran como los mayores exportadores de ropa usada, en donde los destinos tienen una amplia variedad en donde destacan África y algunos países de Europa oriental, dependiendo de necesidades de la demanda.

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Sin embargo, esto obedece a una previa clasificación de prendas de vestir en donde se seleccionan las prendas que aún se consideran para uso, por lo general, de gente necesitada. Por otro lado, luego de este particular filtro, queda una acumulación de ropa desechada, rota y dañada que, muy probablemente, va a ir a parar al sur de Asia.

Al norte de India existe una pequeña ciudad, Panipat, conocida por ser la capital de la ropa usada. Día a día, al lugar, llegan una gran cantidad de camiones con una significativa carga de recolección de ropa usada, proveniente de cientos de países alrededor del mundo. Sin embargo, al lugar llega también toda la ropa que ha sido calificada como no apta para su reutilización. Allí, a estas prendas, se le conoce como ropa mutilada.

Y aunque a Panipat también llega ropa usada que se considera como apta para volver a ser utilizada, el grueso del lugar corresponde precisamente a la ropa mutilada; razón por la cual, según estimaciones recientes de la División de Estadística de las Naciones Unidas, India figura como el mayor importador de ropa usada. Aunque, para proteger la producción textil en el país, los importadores de vestimenta requieren de una licencia gubernamental para poder comercializar prendas que no sean consideradas como mutiladas, de tal forma que se garantice que esta ropa no se venda dentro de las fronteras indias, sino que se destine a la exportación.

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Ahora bien, esta ciudad ha encontrado la forma de reciclar el segmento de la ropa mutilada. Uno de los centros destinados para este objetivo es Shankar Woollen Mills, un lugar emponzoñado por la humedad en un exacerbante calor de verano. Allí, se forman enormes montañas de faldas, camisas, abrigos y hasta uniformes escolares, en donde las prendas varían desde las más económicas hasta de variadas marcas de lujo.

En el lugar, se agrupa la ropa por colores y se tritura, retirando accesorios como botones, cremalleras o etiquetas. Lo importante en sí es la tela que, cuando se encuentra lo suficientemente pequeña, pasa a una cardadora que convierte todos los montones en hilos para ser procesados nuevamente, obteniéndose un material que ellos mismos han denominado hilo de mala calidad (por la gran cantidad de fusiones de tipos de tela). Sin embargo, a partir de la elaboración de ese material, se ha encontrado la forma de hacer un negocio con el reciclaje textil.

La tela que se obtien,e suele destinarse a la fabricación de mantas, que se distribuyen cuando hay desastres naturales, en cualquier parte del mundo; así obtienen una alta participación comercial de ONG’s. Aunque también se ha encontrado la forma de vender mantas baratas, a personas pobres por menos de $USD2/pieza. Actualmente, África es el mayor consumidor de los productos que salen de la ciudad; no obstante, el mercado de Panipat mantiene una amplia variedad de productos fabricados que le ha generado cierta rentabilidad al negocio.

Infortunadamente para Panipat, poco a poco la competencia se ha vuelto más agresiva gracias a la fabricación de fibras artificiales más baratas, como el poliéster. Asimismo, Shankar Woollen ha afirmado que mantener sus precios bajos ha sido casi que imposible pues, una vez que llega la ropa al puerto, se asocian una serie de costos que van incrementándose año por año, como la aduana, el transporte, el almacenaje y los costos laborales.

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Sin lugar a dudas, es de resaltar el impacto medioambiental que ejerce India al buscar un nuevo uso a prendas que se consideran como desecho. Y aunque es una excelente iniciativa industrial, también es relevante el beneficio social que ejercen sus productos terminados, por el segmento de mercado al cual se destinan. Por ahora se prevé un gran potencial si se estructura una cadena de valor que le haga frente a la competencia local, prestando especial atención a la gestión de proveedores y manejo eficiente de la logística que más costos contribuye como el transporte, pudiendo llegar, incluso, a reconocerse internacionalmente como la industria textil china.

Todas estas iniciativas, nos hacen pensar en Colombia y en los potenciales de nuestra fuerte industria textil, y cómo podríamos potenciar cadenas de valor que asociaran la capacidad de cumplir de un ciclo total de producto, desde su utilización, hasta su desecho y transformación en nuevos subproductos de uso nacional. Ideas sobran, ejecución nos falta.

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