Opinión

  • | 2015/11/20 00:05

    Viernes 13 en París: ataque a los símbolos del progreso con reflexión colombiana

    Con desconcierto recibimos millones de personas las noticias de las masacres en Beirut y París la semana pasada. El ataque de Beirut es símbolo de indiferencia y política fallida, mientras que el de París, ocurrido en un día de superstición occidental, representa, entre otros, un ataque al progreso y simboliza un desprecio extremo por los valores de una civilización.

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París y la superstición

Podría pensarse que una columna de branding poco tiene que decir sobre un nefasto suceso como el de París, así como los miles de episodios violentos que enlutan a nuestro país, por ejemplo, la reciente muerte de soldados y policías a manos del ELN. Sin embargo, las herramientas que se aprenden en el trabajo interdisciplinario y su relación con la semiótica (estudio de símbolos) nos enseñan a ver las cosas de distintas perspectivas para generar reflexión y ayudar a ser más racionales. Este ataque, aparte de la trágica dimensión humana, tiene una carga simbólica muy fuerte. Por un lado, la violencia se dirige contra una ciudad que simboliza la herencia intelectual de occidente y por otro, cae en un día de superstición que abstrae la tragedia.

Varios medios y blogs, sobretodo en EE.UU, han llegado a relacionar la barbarie de París con la maldición del famoso ‘Viernes 13’. Entre las teorías que explican el origen del ‘Viernes 13’ está el arresto y posterior asesinato de los miembros de la Orden del Templo de Salomón, también conocidos como Templarios, el Viernes 13 del año 1307. Otras teorías hablan de especulaciones bíblicas, masificadas gracias a Dan Brown, y otros adscriben el origen de esta superstición a la mitología nórdica. Con libros como el de Thomas Lawson y algunas películas de terror, la superstición empezó a crecer y usualmente se relaciona de manera simplista con cualquier suceso negativo en los viernes 13 del año. Los ataques de París no fueron la excepción.

Esta relación supersticiosa y superficial abstrae y suaviza mentalmente la tragedia humana, porque pareciera que todo se volviera un escenario del destino. Por eso es importante entender matices más complejos y ver que la idea de los grupos terroristas, es generar pánico y desconcierto atacando la identidad de un país y su cultura en el momento en que pueden maximizar el sufrimiento de los demás. La guerra, tal como el despliegue de una marca, se hace con símbolos que se materializan en propaganda y búsqueda de visibilidad, sea cual sea el precio.

París, Colombia y el poder simbólico

Por su rol en la historia europea, París se posiciona en la herencia occidental como un poderoso símbolo de democracia, cambio e individualismo. Por eso, un golpe contra París no es un ataque aislado contra Francia, es un mensaje de desprecio y odio contra lo que abstractamente podemos llamar ‘occidente’, y esto nos incluye también a los colombianos. Pensemos en la muerte reciente de dos colombianos en Túnez a manos del EI, con la misma sevicia y el mismo dolor generado.

Instituciones como la Iglesia, la separación de poderes, la constitucionalidad, la autoridad civil sobre lo militar, nuestro idioma, etc. son elementos y símbolos que compartimos con Europa. Así, la visibilidad estética y emocional de una ciudad como París se vuelve parte del acervo cultural de personas que quizá no tienen relación con la ciudad, pero sí con algunos de sus valores.

El ataque contra el progresismo nos recuerda que sin seguridad, institucionalidad ni libertad, es casi imposible desarrollar la creatividad, el emprendimiento y la realización personal, siendo todas estas condiciones para crear una marca, una empresa y una sociedad mejor. Así haya constantes críticas sobre la selectividad de las noticias – pensemos que el ataque contra Beirut días antes no tuvo mucho eco – la explicación no está en la maldad de ningún medio, sino en el poder simbólico que tiene un sitio por encima del otro. Por ello es lamentable tener que confirmar, a través de una tragedia, que el poder de un símbolo, sea una persona o ciudad, condiciona nuestro comportamiento y nuestra sensibilidad. Para Colombia, es importante generar campañas de sensibilidad frente a los sucesos trágicos que ocurren aquí, porque también amenazan nuestra libertad y valores. 
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