Opinión

  • | 2015/09/27 05:00

    Es el momento de comprometerse con la situación socioeconómica de Cúcuta y la frontera

    Urgen no sólo medidas de choque como las que el Gobierno Nacional viene planteando, también se necesitan soluciones estructurales que le permitan a la economía del departamento aislarse de los ciclos económicos venezolanos.

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Un aspecto positivo, tal vez el  único, de la crisis humanitaria que originó el cierre de la frontera ordenado por el presidente venezolano, Nicolás Maduro, es que la delicada situación socioeconómica de Cúcuta y Norte de Santander ha tenido una resonancia nacional sin precedentes.

El declive económico del departamento, producto de la devaluación constante del bolívar por más de una década y de la caída de las exportaciones al vecino país es preocupante y necesita soluciones de fondo, que le permitan a la región integrarse con el mercado interno y tener un ciclo económico independiente de la volatilidad económica de Venezuela.

La desaceleración económica ha tenido consecuencias evidentes sobre el empleo, la informalidad y la pobreza de la región. Mientras los indicadores de desempleo vienen mejorando de manera constante en casi todo el territorio nacional, en Cúcuta el desempleo no cede. En el 2010 la tasa de desempleo de Cúcuta se situaba en el 13%, en 2014 se ubicó en el 14%. En el 2010 la tasa de desempleo de Cúcuta era apenas 0,3 puntos porcentuales más alta que el promedio nacional, en 2014 esta diferencia fue de 4,1 puntos.

Una tendencia similar se presenta en relación con la informalidad, pues mientras en el país decrece en Cúcuta aumenta situándose en 70,6% para el 2014. A esto se suman la incidencia de la pobreza y de la pobreza extrema en Norte de Santander que en 2014 se situaban en 39,9% y 10,5% respectivamente, muy por encima de los niveles nacionales.     
   
Estos indicadores son producto del nuevo escenario económico al que hace frente el departamento. El comportamiento reciente de la balanza comercial es reflejo de la pérdida del principal socio comercial de los nortesantandereanos. Mientras que en el 2008 las exportaciones del departamento fueron US$1.329 millones, superando a las importaciones en US$1.117 millones, en 2014 estas exportaciones tan sólo llegaron a los 272 millones de dólares. Esto  implicó un superávit comercial de apenas 132 millones.

Hoy, Norte de Santander apenas exporta US$51 millones a Venezuela, cerca del 95% menos que seis años atrás. El vecino país pasó de ser el primer socio comercial del departamento a ocupar el tercer lugar por debajo de China y Estados Unidos.

A la caída de las exportaciones se suma el serio desafío que impone la devaluación del bolívar. Es irremediable que dicha devaluación afecte los sectores productivos y comerciales cucuteños y regionales que no pueden evitar que el diferencial cambiario, producto de una política monetaria que impone el precio del bolívar, sea un incentivo perverso para el crecimiento del contrabando en la frontera.

Urgen entonces no sólo beneficios temporales y medidas de choque como las que el Gobierno Nacional viene planteando, también se necesitan soluciones estructurales que le permitan a la economía del departamento aislarse de los ciclos económicos venezolanos. El punto de partida de la solución estructural que reclamamos es sin duda el mejoramiento de la conectividad de Norte de Santander con el resto del país. Es fundamental asegurar la aprobación de todos los proyectos de la tercera ola de infraestructura vial 4G que benefician al departamento y cuya realización plena hasta el momento está en veremos.

A pesar de que el área metropolitana de Cúcuta cuenta con más de 800.000 habitantes, en la actualidad se encuentra completamente aislada. Bucaramanga y Ocaña se encuentran a apenas 206 y 197 kilómetros de distancia, pero puede tomar hasta 8 horas llegar a estas ciudades por el mal estado de las vías, lo propio sucede con la conectividad con Bogotá. Es clave entonces asegurar no sólo la aprobación de los corredores Bucaramanga-Pamplona y Pamplona-Cúcuta, sino también de la vía Cúcuta-Ocaña y Duitama-Pamplona, que estaban previstos en el paquete inicial de la tercera ola de vías 4G.

Norte de Santander necesita sacar provecho de nuestro mercado interno de 48 millones de habitantes, y de los 13 acuerdos comerciales que nuestro país ha firmado y que nos dan acceso preferente a más de 1.500 millones de habitantes en el exterior. Sin ahondar en las posibilidades internacionales, la clase media colombiana es por primera vez superior a la que vive en la pobreza, pues representa el 30,5% de la población y cuenta con una creciente capacidad de consumo. Nuestra demanda interna de bienes y servicios es sin duda una oportunidad para el crecimiento económico de Norte de Santander.

El departamento requiere de todo el apoyo para insertarse en la cadena de valor nacional y para identificar oportunidades en las cadenas de valor globales. Lo que se espera por parte del Gobierno Nacional, en el mediano y largo plazo, es que invierta en la formación del capital humano necesario para que Norte de Santander de valor agregado a su producción, y alcance tasas de crecimiento económico importantes y sostenibles en el tiempo.

En el corto plazo, es que el Gobierno ratifique su compromiso con las obras que le darían un vuelco a la conectividad del departamento y con el acompañamiento que sus sectores empresariales necesitan para adecuar su aparato productivo a lo que el país y nuestros socios comerciales demandan.
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