Opinión

  • | 2015/10/29 05:00

    El síndrome del Ex Ministro

    Cuando la persona tiene experiencia y calidad humana, pero el mercado decide dejarla en el listado corto de “intocables” por la sencilla razón de considerarlo un candidato inalcanzable por la calidad de sus credenciales.

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Dice el adagio popular que a uno lo contratan por lo que sabe y lo despiden por lo que es, realidad que el mercado valida  a diario y que se ha vuelto fenómeno de estudio mundial. Los expertos en recursos humanos cada día cuentan con más herramientas para establecer la calidad del ser y su encaje a la cultura interna que es crítico en  un mundo en donde cada día tenemos más conocimiento pero pareciera sabemos menos de nosotros mismos.

Problema diferente aquel en que se conjugan ambas condiciones, experiencia y calidad humana, pero el mercado -que está lleno de paradigmas-, decide dejar a la persona en el listado corto de “intocables” por la sencilla razón de considerarlo un candidato inalcanzable por la calidad de sus credenciales.

En mi oficio lo llamamos el síndrome del Ex Ministro, pero aplica igual a todos aquellos personajes que  bien sea en el mundo corporativo, en las artes, en los deportes o en el mundo académico para citar sólo algunos casos, se les tiene en tan alta estima, que pareciera nos da pena llamarlos para ofrecerles un “rol menor”: Víctimas por decirlo así de su marca de ganadores.

Como la vida en general nos confronta de manera doble, esta realidad además, llega generalmente unida a la madurez del individuo, lo que es todavía más contradictorio porque no sólo cuenta con toda la  experiencia, sino que tiene además la energía para aportar, cuenta a veces con mayor holgura económica lo que lo haría flexible a una negociación menos compleja, y quiere hacerlo... pero nadie lo llama!

Los Ex Ministros, así como los grandes nombres de la vida corporativa -así les atribuyamos dotes especiales-, tienen las mismas  inquietudes de sus congéneres en relación a su necesidad de aporte y de realización y por su puesto de rentabilizar su experiencia para ganarse la vida. Algunos han logrado revestirse de un halo de super estrellas pero la verdad, más que una postura personal, es producto de nuestra cultura - altamente sumisa- que ha hecho del temor reverencial una norma.

La receta para la  búsqueda de empleo debe tener una adecuada dosis de experiencia, la correcta cantidad de academia, una porción de mercadeo pero sobre todo de una gran cantidad de humildad. La misma que detentan los grandes vendedores acostumbrados a llamar en frio, rebuscarse la oportunidad, asumir con dignidad el rechazo, y aprender de las negativas antes de abrir la siguiente puerta.

El mercado está lleno de gente capaz e inteligente con la experiencia requerida para su siguiente reto profesional. Sin embargo nuestras taras culturales nos han llenado de prejuicios relacionados con el modelo de éxito que nos inhiben a alzar el teléfono, pedir un favor y aceptar, por qué no, que no solo queremos trabajar, sino  sobre todo que lo necesitamos.

Lo que sube baja dicen por ahí y a pesar de que hayamos vivido momentos estelares en nuestras carreras, ni son permanentes ni nos van a permitir vivir de ellos. Son simplemente un referente de nuestra capacidad para volver a buscarlos. La humildad no solo sirve para pedir perdón, es el ingrediente básico de aceptarnos vulnerables y el motor que nos permite volver a empezar, de lo contrario corremos el riesgo de sentarnos a mirar la foto del pasado por importante que esta haya sido.

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