Opinión

  • | 2015/10/27 05:00

    Protocolos de familia reactivos

    Asesores y especialistas hacen de los protocolos de familia una venta como la panacea, afirmando en muchos casos que estos van a ser una especie de catalizador para evitar conflictos familiares.

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Sin escatimar, quisiera referirme en estos temas de manera enfática, a que los conflictos no han sido resueltos ni siquiera históricamente remontándonos a las épocas de la misma Biblia. Esto no ha evitado el desarrollo natural de lo que implica la evolución de los seres humanos e inclusive, los mejores protocolos de familia, no logran evitar los conflictos inherentes a la condición humana, para la muestra un botón, con lo que se está evidenciando en la conocida compañía Volkswagen.  

Un porcentaje importante de estos protocolos no se cumplen, según reflejan varios estudios que se han revelado en las últimas investigaciones, en su mayoría quedan como un buen “saludo a la bandera”. 

Claramente identificamos que uno de los factores de longevidad que distinguen a las empresas familiares, no es precisamente el de esconder los conflictos, o tratar de evitarlos; de lo que más bien se trata, es de desarrollar habilidades para crear un ambiente de comunicación efectiva, de trabajo en equipo, resolviendo conflictos de manera “constructiva”, aprovechando los conflictos como una oportunidad y es en este sentido, en el cual debe enfocarse precisamente un protocolo familiar. 

Algunos especialistas afirman que lo más importante al redactar un protocolo familiar no es su contenido, si no más bien el proceso de cómo se elabora el documento. 

Si bien el contenido tiene un efecto importante, son precisamente el producto del trabajo en equipo, saber llegar a consensos, ganar confianza, proyectarse a futuro,  los factores más importantes del proceso, sobretodo para aquellas familias que por primera vez logran generar un ambiente de comunicación controlado, trabajando en temas necesarios más para unos que para otros en ámbitos que históricamente han marcado la historia familiar, que han sido espinosos e inclusive guardados como el mejor secreto de generación en generación, precisamente para tratar de cuidar la armonía y unidad familiar. 

Sin embargo, la experiencia nos demuestra, en especial cuando hemos tenido relación con empresas mucho más complejas y sobretodo longevas, que estos procesos pasan en sí a un segundo plano, pues para ese momento lo importante es el poner en práctica un gobierno de familia funcional, el proceso pasa entonces a ser parte de la historia y posible génesis de las fases de implementación.

Como parte de las lecciones aprendidas que considero importante sugerir, es la de no caer en esta trampa, la cual podría amenazar la confianza y las buenas relaciones familiares, ante la esperanza de encontrar en el protocolo de familia el salvavidas a una problemática no resuelta, situación que viví como asesor especialista hace unos 10 años, cuando nos abordó una familia que deseaba confeccionar su protocolo de familia. 

Una familia compuesta por un padre fundador, una madre socia divorciada del fundador y dos hijos que trabajaban en la empresa (por cierto un negocio muy rentable). En relación al ejemplo,  familia sumergida en varias dinámicas que se denominan “perversas”, razón por la cual a la postre, no valía la pena ni siquiera intentar hacer el ejercicio de escribir un primer protocolo. Esto lo determinaron algunos de los “consultores expertos” posterior a la realización de un primer diagnóstico de su situación particular, a lo cual claramente los consultores proponían primero trabajar temas de resolución de conflictos y en los de comunicación. 

Una rama de esta misma familia me solicita una reunión algunos meses atrás, para consultarme sobre su nueva situación, ya que a la fecha habían logrado con todo y sus conflictos, hacer crecer la empresa casi en un 300%. En ese momento un prestigioso abogado, no perdió la oportunidad de venderles “a la medida” lo que el llamó un protocolo familiar. 

Por el contrario encontré la situación familiar 10 veces peor en la actualidad, ya que claramente había un deterioro en la salud de los miembros de la familia en edades relativamente tempranas (llegando a sus 50 años). El tal “protocolo” no había resuelto la situación conflictiva de la familia, la había empeorado. 

Es muy importante entender que en algunas partes de los capítulos de  lo que se incluye en los protocolos de familia deben evolucionar, pues no es lo mismo un protocolo de familia para una familia que va en el paso de la segunda a la tercera generación, que un Protocolo para una familia que está en el paso de la quinta a la sexta generación y posiblemente séptima generación, así como también el mismo protocolo debe adaptarse a las complejidades tanto del sistema patrimonial, como del sistema empresarial, o de los negocios de la familia. 

El protocolo no debe circunscribirse  para resolver un tema de sucesión ejecutiva o de temas fiscales solamente, pues ya me han abordado familias que mencionan que ellos ya tienen sus “protocolos”, que resultan ser más unos acuerdos societarios de primera generación, que no abordan los temas esenciales para la continuidad de su patrimonio, ni el de la misma empresa, con sentido de legado por varias generaciones. 

Creo que algunos confunden, lo que yo he denominado  “los protocolos patrimoniales” con “los protocolos familiares”, que más que proponer formulas de sucesión ejecutiva,  temas fiscales o testamentarios, lo que pretenden es la creación de una cultura de longevidad.

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