Opinión

  • | 2015/11/06 00:05

    Saber decir no, priorizar y simplificar

    Una regla de Pareto establece que el 20% de nuestros esfuerzos es responsable del 80% de lo que conseguimos. La clave está en identificar ese 20% crítico. Sólo avanzan aquellos que se centran en una cosa cada vez.

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Según Raimon Samsó, la facilidad de complicarlo todo es un viejo hábito humano. En la agenda, menos tareas irrelevantes significa más energía y tiempo para asuntos relevantes, supone más eficacia.
Una de las primeras decisiones de Steve Jobs cuando volvió a dirigir Apple fue reducir los productos de unos 300 a una docena, y en esa simplificación se basó el relanzamiento de la compañía: pocos artículos, pero todos excelentes. Él mismo se felicitaba por haber pronunciado más veces la palabra “no” que “sí” en sus decisiones. Sabía muy bien que no se trataba de la cantidad, sino de la calidad.
Es fácil darse cuenta de que muchas personas tienen expectativas sobre nosotros, como si reclamaran el derecho de apropiarse de un trozo de nuestra vida. Padres, amigos, hijos, compañeros… Aprender a decir no a tantas exigencias es un asunto de supervivencia.
Sabemos que cuesta decir no a otras personas, pero cuesta más vivir el resto de la vida con ese sí que en realidad quería ser una negativa. Ese sí supone una negación a uno mismo, y una vez se pierde el autorrespeto, se repite el mismo comportamiento destructivo. En algún momento hemos mal aprendido que decir no resulta poco educado o que es señal de egoísmo. Es mejor que nos digan que no a que hagan lo contrario para quedar bien y nos hagan perder el tiempo, además de que estorbamos teniendo expectativas e insistiendo, por tanto, en algo inútil.
Sabemos que las personas de éxito saben decir no y ponen límites a las exigencias de los demás. Hacen válido el viejo dicho de “Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar”. No lo hacen desde el egoísmo, sino desde la autenticidad y honestidad que les otorga el derecho a elegir. Y saben que cuando dicen no a lo malo, a lo regular, incluso a lo bueno, están haciendo espacio en sus vidas para decir sí a lo extraordinario. Pero tal vez si nos entrenaran en la honestidad, y no en el deseo de agradar, seríamos más felices.
¿Cómo negarse a lo que no cuadra con uno? Basta con tener claras las cosas que queremos evitar, los límites, y darles luz roja, mostrarles la puerta de salida de nuestra vida. En la práctica, bastará con llamar política de la casa o principios a todo aquello que haya caído en esa lista negra.
Resulta bueno ofrecer una alternativa (cuando la haya) a esas negativas sobre pedidos que no encajen con los valores, agenda, objetivos y prioridades. Pero nunca como una compensación, sino como un acto de generosidad. Ayuda mucho comprobar que suena de maravilla “no, gracias”.
Los valores son la brújula y las preguntas son el mapa hacia una vida más lograda. En nuestra agenda, poner más de tres tareas diarias puede ser contraproducente. Lo prioritario es más sencillo de abordar si se divide en pasos. La mayoría de las veces no afrontamos lo importante porque nos sobrepasa su ejecución, parece demasiado o no sabemos ni por dónde empezar. Desglosar lo prioritario en pequeños pasos es el modo de digerirlo.
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