Opinión

  • | 2015/08/11 05:00

    Paz y liderazgo para crecer

    La creciente falta de confianza demostrada por las encuestas no es gratuita. Resulta precisamente cuando empiezan a sentirse los efectos negativos del incremento en la carga tributaria por la reciente reforma y, a pesar de ella, se anuncia un mayor déficit fiscal, un menor crecimiento y parece confirmarse que el descenso en los ingresos petroleros puede ser para rato.

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Pero dicha desconfianza se justifica especialmente cuando en medio del cierre de la producción de empresas multinacionales en Colombia y la desesperada devaluación, anuncian que Colombia podría estar pasando su cuarto de hora en el contexto de países emergentes como un destino atractivo para la inversión extranjera.

Si bien es claro que ni el cierre de fábricas o la devaluación son fenómenos imputables exclusivamente a una administración, sino que también obedecen a fenómenos globales, Colombia no ha logrado destacarse lo suficiente para aprovechar sus ventajas comparativas y ser percibida como una economía boutique donde invertir a largo plazo.

Lamentablemente no somos Chile con su baja tributación, transparencia y estabilidad jurídica que hacen que sea uno de los favoritos por la facilidad para hacer negocios; no tenemos el mercado de Brasil que a pesar de su complicado sistema jurídico y lamentable corrupción, justifica producir allí para aprovechar importantes economías de escala; y no es tampoco México que siendo un mercado de tamaño importante, tiene grandes economías de escala porque produce también para los mercados con los que ha celebrado tratados de libre comercio, incluida Colombia, que justifican el cierre de las plantas en nuestro país y concentrar en México la manufactura.

Si bien Colombia arrancó muy bien en la calificación de los países emergentes con mayor perspectiva cuando existía una gran crisis en los Estados Unidos y en Europa, no ha ido más allá de la buena propaganda para demostrar que valía la pena quedarse. El peso de las decisiones de Estado o la falta de ellas cobran un justo precio y lamentablemente se han cometido errores que ahora que se mejoran las cosas en los países desarrollados, se cobran con la salida de los inversionistas.

Vale la pena un análisis como país de lo siguiente:

  • La apuesta a ojo cerrado a la celebración de tratados de libre comercio cuando nuestra economía no había sido jamás orientada a las exportaciones, no contábamos con la infraestructura para exportar, ni teníamos productos con los que competir diferentes a los básicos, pasa ahora la cuenta de cobro cuando somos intermediarios de los mismos productos que antes producíamos para el mercado interno.
  • El incremento en la carga tributaria sin buscar una reforma estructural para un sistema eficiente y justo, ha colocado al país en un punto de no retorno, en la medida que no hay ya espacio para mayores impuestos y a pesar de eso el gasto público consuetudinario es imparable. Y no está en la agenda del Gobierno una nueva reforma tributaria.
  • No es aceptable que instituciones diferentes a las que constitucionalmente tienen la atribución, hayan creado gasto público imprevisto e incontrolable. ¿Puede Colombia contar con un sistema de salud universal y prácticamente con cobertura ilimitada por la vía de decisiones judiciales, sin tener los recursos?
  • Las competencias de los diferentes órganos del Estado han terminado siendo borrosas, difusas y conflictivas y no se reconoce el liderazgo del Gobierno en la marcha de la economía. Quién decide si se vende una empresa del Estado: ¿el Gobierno o los jueces?; quién negocia la paz: ¿el Gobierno o el Procurador?; Cuál funcionario ejecuta en contravía de una opinión de la contraloría. Mejor dicho, ¿quién es el dueño del circo?
  • La decisión de Estado de negociar con la guerrilla pasó de ser una buena noticia cuando se inició, a ser hoy noticia del día a día porque se ha extendido más allá de lo esperado, creando la sensación de que el proceso no tiene la dirección del Gobierno y que la inseguridad ha vuelto a los niveles de la era pre Uribe. Sea o no cierto, para muchos la percepción de que el país se había pacificado no existe ya más.
Todos los países buscan atraer a los mismos inversionistas y por ello Colombia debe explotar lo que la hace distinta, realmente diferente y única, pero primero debe asegurar lo elemental: una carga tributaria promedio, seguridad jurídica y facilidad para hacer negocios. Como nación deberíamos considerar nuestra vocación por el turismo y la pesca como motores de nuestra economía pues nuestra geografía majestuosa e inexplorada, gente encantadora y laboriosa, y nuestros dos mares son nuestro mejor sello.

Sin duda la paz es condición para poderlas disfrutar y en este momento de incertidumbre económica, la mejor noticia para reinventarnos sería el cierre de las negociaciones de paz y contar con un liderazgo del Gobierno para corregir algunos de los errores del pasado.
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