Opinión

  • | 2016/02/03 00:01

    Empresas y gobiernos deben aprovechar la oportunidad histórica de digitalizarse

    Desde hace un par de años empezamos a ver los efectos que produce el Internet de Todo (IoE), una evolución natural de la tecnología que ha traído consigo grandes oportunidades y retos para los países, para las empresas y para los ciudadanos.

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El impacto en la economía se puede percibir con el fenómeno de digitalización, que viene acompañado de una enorme “explosión” de datos y de información que se produce desde y hacia la red.

Y es que de acuerdo con estudios de Cisco, se proyecta que para 2020 habrá más de 500.000 millones de objetos conectados; el tráfico de IP se multiplicará por tres -con respecto a lo que tenemos en la actualidad- y habrá un aumento del 40% en comunicaciones M2M. Sin duda, que ante este panorama cada vez más desafiante las organizaciones y los países en la región requerirán soluciones que permitan lograr crecimientos con el ritmo y el dinamismo tal como lo hacen las tecnologías y la información.

Pero el reto es mayor. Esto si tenemos en cuenta que de las 7.200 millones de personas que puede haber en el mundo, de esta población y de manera activa están conectadas a internet más de 3.000 millones. El dato más revelador es que de un grupo poblacional, más del 65%, es decir 2 mil millones de personas se conectan a alguna red social y al menos 1.600 millones se conectan por medio de dispositivos móviles generando información continua.

En este contexto, para cualquier organización la digitalización no solo representa una oportunidad, sino el único camino para no quedar rezagada. Vale la pena señalar que con esta dinámica las empresas podrán impulsar sus negocios y proveer de una base a clientes y a las fuerzas de trabajo por medio de la innovación. Por su parte, para los países y las ciudades esta visión de transformación representa un cambio en la forma como se conectan los líderes con los ciudadanos, generando empatía y un amplio conocimiento de las principales necesidades y así generar políticas eficientes que impacten en una mejor calidad de vida.

En medio de este entorno, la gran oportunidad para las organizaciones privadas e instituciones públicas ahora no es solo el tráfico de información en la red como tal, sino las noticias, fotos, videos, conversaciones, y en general todo el contexto que deriva del mundo digital que se intercepta en sitios sociales y redes colaborativas. Este conglomerado de información genera la posibilidad y capacidad de tener hoy ciudadanos cada vez más empoderados y dispuestos a velar por los intereses propios y de su comunidad.

Por tal motivo, es responsable que tengamos en cuenta que la proliferación de información -gracias al Big Data y la analítica- representará un reto importante a la hora de asegurar un futuro, en especial para garantizar la gobernabilidad y la reputación en entornos públicos o corporativos. Esto si tenemos en cuenta que los ciudadanos - clientes cada vez están mejor informados y empoderados del entorno que los rodea.

Vale la pena tener esta situación en consideración, especialmente por los recientes casos de corrupción en los que se han involucrado a las instituciones, así como a sus líderes en empresas públicas y privadas en la región. Estos casos que han salido a relucir en medios de comunicación tradicionales y digitales, sin duda han dejado en evidencia el poder que tienen las personas en esta revolución al tener acceso a mayor información y a una mayor conectividad en todo momento y lugar. Mi reflexión en este sentido es que todos estos hechos repercuten en la estabilidad provocando un claro rompimiento de la confianza, así como generando sentimientos de suspicacia e inseguridad.

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¿Cuál es el siguiente paso?

Hoy más que nunca se requiere de líderes que se enfoquen con pasión y mucho esfuerzo en fortalecer un sentido moral y de costumbres muy sólidos, así como ampliar el de responsabilidad de cara a la información que manejamos. Los líderes del gobierno cada día más se convertirán en el ejemplo, esto al estar abiertos con políticas que tengan como base  la transparencia de la información y la constante evaluación por parte de la sociedad.

Y es que la realidad que estamos viviendo y de la que somos testigos los que lideramos operaciones en empresas de gobierno o privadas, es que la información cada vez es más pública y puede volverse viral antes de que podemos actuar. En este sentido, todos los responsables y líderes revisemos con detalle lo que está pasando en nuestros países y ciudades, actuemos con responsabilidad, ética y transparencia.

De esta manera, los dueños de los grandes conglomerados económicos deberán asegurar contar con las políticas de sus gobiernos corporativos, como también con los mejores en sus Juntas Directivas, que tengan un track record intachable y en donde la obsesión no solo sea buscar crecer la rentabilidad de los negocios, sino además contar las mejores prácticas, costumbres y códigos éticos.

En este sentido, el gran desafío para los próximos años con el crecimiento de datos y la alta penetración de usuarios a la red, está en que el sector público y los gobiernos corporativos en las empresas, creemos reglas claras, manuales y políticas intachables que permitan en definitiva un seguimiento de nuestra información. Esto para evitar que se puedan presentar prácticas indebidas que en un futuro puedan afectar la reputación de las organizaciones e instituciones, incluso de nuestros nombres como personas o líderes.

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