Opinión

  • | 2015/11/29 00:05

    La huella de mi generación en el sector financiero

    Al hablar con quienes vivieron las generaciones pasadas me doy cuenta de que no somos tan malos y que las cosas así no lo crean han mejorado, obviamente quedan algunas manzanas podridas pero estas son las minoría.

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“Security Analysis” de Benhamin Graham tiene en su primera página la siguiente frase del poeta romano Horacio: “Many shall be restored that now are fallen and many shall fall that now are in honor”. El mundo de las finanzas es altamente volátil, cíclico y tiende a cambiar de polaridad a héroes y villanos en muy poco tiempo. Mi generación de banqueros en Colombia ha estado expuesta a una sola etapa de un ciclo financiero nacional muy largo, tenemos que prepararnos para el cambio que viene en los próximos años ya que es en esos momentos en los que vamos a entender de qué estamos hechos.

Colombia tuvo un periodo de crecimiento sin paralelo desde el año 2002, con un fuerte salto en el periodo que corresponde del 2008 al 2012 y con la cima y el inicio del retroceso a finales del 2013. Nuestra generación actual de banqueros no conoce una crisis financiera como la que tuvieron que vivir nuestros padres en el 82 o en el año 99. Quienes tuvieron que lidiar con estas situaciones, aprender de los errores y en muchos casos pagar con canas y calvicie hoy ya se encuentran de salida o gozando de su jubilación en el joven mundo de las finanzas.  

Nuestra generación ha convivido con el nacimiento de la Bolsa de Valores de Colombia, las nuevas dinámicas de seguridad del país, el incremento en la confianza al inversionista que ha llevado a periodos de valorización continuos, la carambola de los bajos yields a causa de los incentivos que empujaron la liquidez global a los mercados emergentes, el desarrollo de nuevos negocios y modelos que permiten un movimiento más ágil del capital. 

Estos desarrollos han llevado a que el ahorro se pueda gestionar más ágilmente, a que las transacciones internacionales funcionen con spreads más bajos, a incrementar la competencia y a que exista una forma alternativa para las empresas medianas y grandes en los mercados de capitales. Los banqueros que vivieron la realidad pasada pueden dar fe del incremento al acceso del crédito para las empresas pequeñas, los emprendedores y las personas naturales. Sin embargo, toda esa liquidez, un incremento en la visibilidad de la competencia y deficiencias en el gobierno corporativo empujaron a algunas instituciones a ser muy agresivas. 

Recientemente hemos empezado a aterrizar en la realidad de que todo en las finanzas funciona por ciclos, de que la liquidez constante, el apetito inversionista y la situación positiva macro no podían durar para siempre. Nuestros años de crecimiento fueron la época del operador agresivo que con grandes flujos podía dominar al mercado, del comercial que se hacía famoso por su capacidad de empujar cualquier producto nuevo y del banquero de inversión que solo tenía tiempo para proyectos de gran tamaño.

El exceso de confianza empujó a algunos a asumir riesgos innecesarios, a creer que la parte más importante es el front office, cuando en realidad el negocio financiero es la gestión del riesgo, a apalancarse de forma explícita pero también de forma implícita con instrumentos que son de naturaleza sana pero que en malas manos pueden ser armas de destrucción masiva. Los héroes exorbitantes que como decía Horacio se encontraban en honor, tales como Jaramillos, Batistas, Esteves han caído al romper conceptos básicos de finanzas como que la única verdadera generación de valor se da por el incremento de los flujos, la disminución del riesgo o la eficiencia en la prestación de un servicio.

El cambio que ha presenciado el sistema financiero Colombiano no tiene igual desde las épocas de Judas Tadeo Landinez, algunos queriendo ser más agresivos que dicho personaje. Sin embargo al hablar con quienes vivieron las generaciones pasadas me doy cuenta de que no somos tan malos y que las cosas así no lo crean han mejorado, obviamente quedan algunas manzanas podridas pero estas son las minoría, y cada día son más repudiadas por el resto del sector y por la sociedad.

Las nuevas generaciones se encuentran apostándole a esquemas de certificación con alto contenido ético como el CFA, el FRM y CAIA. Fuentes cercanas me dicen que un porcentaje muy alto de los traders jóvenes en una de las tesorerías más importantes del país se encuentran en estos tipos de procesos, eso habla muy bien de ese banco.

Se vienen años complejos para mi generación, en los que se va a poder conocer el verdadero carácter del banquero. En los que la gestión del riesgo, la innovación y el control de costos van a ser más importantes que la agresividad comercial. Una cosa es administrar un portafolio de créditos o de inversiones ante momentos positivos en la economía, otra cosa es gestionarlos cuando estos se encuentran en dificultades. 

Una cosa es atender a un cliente cuando este se encuentra buscando recursos para expandirse y otra muy diferente cuando este se encuentra tratando de salvar a su empresa. Se nos vienen momentos duros pero interesantes, momentos en los que las entidades sólidas y conservadoras van a salir más fuertes, momentos en que como dice Buffett: “al caer la marea es que es posible saber quién ha estado nadando desnudo”.
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