Opinión

  • | 2015/07/04 04:00

    Airbnb: ¿el Uber Inmobiliario?

    Con una valoración que ya alcanza los US$25.500mm, la empresa de San Francisco ha irrumpido con fuerza en la industria del turismo que aún no sentía las amenazas de la “economía colaborativa” que como sabemos ha tocado ya la puerta de industrias como la de los taxis tan ventilada últimamente con el caso Uber.

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Con cerca de 800.000 propiedades en 192 países  y 33.000 ciudades, Aibnb ha realizado desde su creación en el 2013 más de 10 millones de reservas. Con una valoración  que ya alcanza los US$25.500 millones, la empresa de San Francisco ha irrumpido con fuerza en la industria del turismo que aún no sentía las amenazas de la “economía colaborativa” que como sabemos  ha tocado ya la puerta de industrias como la de los  taxis tan ventilada últimamente con el caso  Uber.

Por supuesto que al igual que uso Uber y lo encuentro fantástico a pesar de las pataletas de Uldarico, he sido también un feliz usuario de Airbnb en una gran cantidad de ciudades, con la comodidad que significa llegar a un apartamento bien ubicado, bien tenido, y a mucho mejor precio que un hotel. 

No voy a hacer una apología de este servicio ni ahora irme contra la industria del turismo -también los uso-, que por supuesto tiene todo el derecho a reaccionar. Lo que no podemos tapar con un dedo es que el ser humano haya encontrado mecanismos colaborativos que de paso se han vuelto un gran mecanismo de subsistencia, con modelos eficaces y eficientes. Y está pasando en prácticamente todas las esquinas del mundo y  en casi todas las industrias, que pareciera pretenden encontrar en la protección estatal su único mecanismo de defensa.

Los usan los emprendedores para financiar sus nuevos negocios a través de Kick Starter plataforma de Crowdfunding; los estudiantes para irse juntos a la universidad a través de Wheels; la gente en general para arrendar objetos que ya  no usa a través de Meedly; los empresarios para diseñar su material gráfico a través de 99designs; Apprentus para tutorías; Bonappetour para vender comida casera; Cabe Na Mala para arrendar espacio en su maleta...en fin, la lista es simplemente interminable.

Estamos empezando a experimentar un cambio en la forma de consumir que es masivo y global, Punto. La tecnología ha permitido niveles de comunicación antes propios de la ciencia ficción que están democratizando todas y cada unas de las actividades humanas que antes eran privilegio de los dueños del capital. Esta realidad abre un espacio maravilloso para el emprendimiento pero sin duda retará la creatividad de todos quienes hemos vivido de negocios con competidores predecibles.

Ya en París Airbnb llegó a un acuerdo con las autoridades para el pago de impuestos. Lo había hecho antes Amsterdam, y en la misma línea empiezan a dar pasos grandes capitales del mundo que han preferido encontrar esquemas formales razonables,antes de dar batallas absurdas como las que hemos visto con Uber en Colombia orquestadas por los dueños del dinero (y de muchos votos).

La economía colaborativa reta generalmente al mercado y sus proveedores y acto seguido reta a un regulador que generalmente llega tarde a casi todo (presionado por el lobby de los afectados). La tecnología y sus usuarios sorprenden por su rapidez y habilita la creatividad humana que después tiene que convencer a un regulador ciego, sordo y lento para entender, para el que ha sido más fácil atajar que arrear no siempre pensando en el beneficio colectivo.

Estamos viviendo la tal vez más interesante etapa de cambio de la humanidad. No la van a atajar ni a punta de bala ni a punta de leyes proteccionistas. La humanidad ha probado ser más inteligente que ambas.
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