Opinión

  • | 2016/02/04 00:01

    ¿Qué debo aprender para ser un mejor directivo?

    Aprender a ser directivo no es una ciencia exacta, por el contrario es un arte que requiere algunos conocimientos y, sobre todo, mucha práctica. ¿Cuáles son los 4 pasos para llegar a ser un directivo?

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Por eso, la columna vertebral de la dirección es la experiencia directiva y eso lo descubrimos los profesores a través de la experiencia con nuestros participantes en Inalde Business School.

Un directivo es aquel que conduce una organización de personas y para ello cuenta con unos medios materiales y unos intangibles. Asimismo, cuenta con unos recursos físicos para el ejercicio de su tarea como por ejemplo los salarios, las oficinas y, en general, los recursos necesarios para el cumplimiento de ciertas funciones. De igual modo, goza de unos medios intangibles como la autoridad y el poder propios de su condición de directivo; es decir, la capacidad de generar una obediencia voluntaria y semi-voluntaria a sus instrucciones, órdenes y sugerencias. El éxito del directivo consiste en usar lo menos posible el poder y ser capaz de ganarse la autoridad por medio de la confianza y la credibilidad que surgen de su integridad y el respeto por los demás.

Aprendemos a dirigir como a nadar o a montar en bicicleta. De todas las actividades humanas, dirigir es una de las más prácticas y experimentales. Y si seguimos con la analogía, un manual de dirección es tan parecido a las instrucciones para montar en bicicleta o aprender a nadar. Si bien son útiles no nos garantizan el resultado. Por esta razón, para dirigir se requiere foguearse en las circunstancias, los problemas, las dificultades y, especialmente, en los errores. Como resultado de esto, si queremos aprender a dirigir debemos atravesar las sendas de la reflexión y el aprendizaje. De lo contrario, quien dirige no será capaz de capitalizar los errores y, como consecuencia, la experiencia se convertirá en rutina. Lo anterior, implica que dirigir es una tarea práctica que se enriquece por la introspección, la reflexión y la pausa para preguntarnos a diario: ¿qué hicimos bien?, ¿qué hicimos mal?, ¿qué podemos mejorar?

La principal cualidad de un directivo es la prudencia directiva. Esta afirmación se respalda por el pensamiento clásico de autores como Aristóteles. Todos tenemos el error de creer que ser prudente es ser cauteloso y cuidadoso (lo cual es cierto), pero desconocemos que la historia y la filosofía clásica le dieron a la prudencia un alcance mayor. Para los clásicos, la prudencia es un hábito de la inteligencia que nos ayuda a decidir bien. Por tal motivo, un directivo prudente es quien sabe decidir bien según los hechos y las circunstancias. ¿Acaso hay alguna actividad más importante que tomar buenas decisiones en nuestras organizaciones?

Seremos prudentes en la medida en que practiquemos esta virtud. Aristóteles señalaba que las virtudes se aprenden, como las artes y los oficios, mediante la práctica permanente y continuada (II, 1), lo cual dicho de manera sencilla: la práctica hace al maestro. En consecuencia, ¿qué pasos debemos seguir para convertirnos en directivos prudentes?

Paso 1: La instrucción:

Aprender a obtener información, pedir consejo y, sobre todo, ser capaz de separar la información útil de la inútil en algún problema que estemos abordando frente a cualquier decisión.

Paso 2: La deliberación

Deliberar, pensar, valorar, juzgar la información que tenemos a mano. Evaluar las circunstancias y las posibles consecuencias de las decisiones que estamos tomando.

Paso 3: La decisión

Tomamos una decisión de manera oportuna, basados en los análisis, reflexiones y comentarios que consideramos en el paso 1 y 2.

Paso 4: La ejecución

Ponemos por obra lo que hemos decidido. Hacemos seguimiento de la decisión para evaluar sus resultados y, especialmente, la ajustamos según la realidad de las cosas hasta llegar al panorama ideal.

En conclusión, si queremos ser mejores directivos debemos aprender a ejercitarnos en la prudencia directiva que, según los filósofos clásicos, era la virtud por excelencia del buen gobernante. Resulta esencial descubrir que la experiencia, la reflexión, la deliberación y el consejo son los principales instrumentos de un directivo para ejecutar su quehacer de manera óptima.

En resumen, la prudencia nos lleva a tomar muchas decisiones relevantes de la forma correcta y para lograrlo hay que reunir experiencia, prever lo que pueda suceder, buscar la información necesaria, estudiar los asuntos con serenidad, decidir y llevar las decisiones a la práctica (Lorda, 2013).

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