Opinión

  • | 2015/08/12 05:00

    Lecciones de la cuenta corriente colombiana

    Más allá de las cifras económicas frias, ¿qué es lo que verdaderamente podemos concluir de lo que ha venido sucediendo con la cuenta corriente y por qué la devaluación del peso es una noticia más buena que mala?

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La semana pasada el precio del dólar en Colombia alcanzó un máximo histórico al cotizarse por encima de $2.970, con lo cual se cumplieron las profecias pesimistas sobre la moneda colombiana.

Mientras tanto, el déficit de la cuenta corriente, que alcanzó el 7% del PIB en el primer trimestre del año, ha servido como el complemento perfecto de las desalentadoras expectativas que se ciernen sobre la economía colombiana.

El 46% del incremento anual del de´ficit de la cuenta corriente como proporción del PIB fue explicado por un mayor déficit en dólares, pero el 54% se debió al efecto de la depreciacio´n del peso sobre la medicio´n en do´lares del PIB. Al interior de las cifras del primer trimestre de este año hay conclusiones interesantes sobre los tres grandes componentes de la cuenta corriente: la balanza comercial, la renta factorial y las transferencias.

La renta factorial, que corresponde al registro de las utilidades, intereses y dividendos invertidos en otro país, ha sido tradicionalmente el principal origen del persistente déficit de cuenta corriente en Colombia. Los egresos por este rubro se mantuvieron entre US$3.000 y US$4.000 millones trimestrales desde el primer trimestre de 2011, pero recientemente ha comenzado a reducirse, al sumar menos de US$2.000 millones, siendo el déficit más bajo por este concepto desde el primer trimestre de 2009. Como porcentaje del PIB, en los últimos dos trimestres, el déficit en la renta factorial se ha reducido a niveles cercanos al 2% del PIB, luego de permanecer alrededor de 4% del PIB desde 2008.

Las utilidades de la inversión extranjera directa pasaron de US$3.000 a US$1.600 millones entre el primer trimestre de 2014 e igual periodo de 2015, reduciéndose casi a la mitad y funcionando como un estabilizador automático frente a la destorcida en el precio del petróleo. Este resultado obedece, esencialmente, a las menores ganancias de las firmas que operan en la actividad petrolera que se redujeron 80% en te´rminos anuales. No obstante, la renta de la inversión de portafolio creció en el mismo lapso al pasar de US$917 a US$1.039 millones, con lo cual el efecto estabilizador de la inversión extranjera fue menor, mostrando el bajo aporte que tiene la inversión de portafolio sobre la estabilidad del ciclo económico.

Al respecto, un hecho que pasa desapercibido pero que es de gran relevancia para la sostenibilidad del crecimiento económico es la renta factorial de las inversión colombiana en el exterior, la cual ha tenido una interesante tendencia creciente al pasar de US$300 millones trimestrales en 2010 a US$900 para los últimos tres trimestres. Este rubro representa ya un monto similar al de las remesas, es decir casi 1,5% del PIB. Los sectores destacados corresponden a firmas colombianas con actividad bancaria, de pensiones, industria, y suministro de electricidad en América Latina.

El abultado déficit de la cuenta corriente de los trimestres recientes corresponde a un fuerte salto en el déficit de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones). Durante el primer trimestre de 2015 este de´ficit aumentó US$2.797 millones frente al observado un an~o atra´s debido principalmente a una cai´da de 23% en las ventas al exterior combinada con una reduccio´n de solo 4,2% de las compras externas. Durante el primer trimestre del an~o, las exportaciones de petro´leo y sus derivados se redujeron 50%, incluyendo el efecto del cierre temporal de la refineri´a de Cartagena. Sin embargo, esta situación fue contrarrestada parcialmente por exportaciones de cafe´, banano y flores, que en conjunto crecieron 24,5% anual, hecho que evidencia el efecto favorable de la devaluación del peso sobre la oferta exportadora de Colombia.

El incremento en el déficit comercial está asociado a una fuerte reducción en el valor de las exportaciones que pasaron del orden de US$17.000 millones a US$12.000 millones trimestrales como consecuencia, principalmente, del ajuste en los precios del petróleo y otros commodities que hacen parte importante de la oferta exportable colombiana. Sin embargo, por la lado de las importaciones el valor en dólares de las mismas ha caído moderadamente porque los bienes y servicios comprados en el exterior se caracterizan por no tener cambios en los precios tan fuertes como los que suelen ocurrir con los bienes primarios.

Esta situacion precisamente refleja el deterioro en los términos de intercambio que corresponde a la relación entre los precios de exportaciones con respecto a los precios de las importaciones. Una caída en los términos de intercambio indica que la capacidad adquisitiva de las exportaciones es menor, frente a los bienes que importa el país.

Por último, las remesas de los trabajadores que representan el principal rubro de las transferencias corrientes en Colombia, se han mantenido relativamente estables alrededor de US$1.000 millones trimestrales que si bien no han tenido un efecto diferenciador sobre la cuenta corriente del país, si tienen un efecto favorable sobre el ingreso de la población receptora de dichas trasnferencias, en la medida en que al pasar esos dólares a pesos el incrmentó en el último año bordea el 50%.

En el futuro próximo ver un mayor deterioro en la cuenta corriente es poco probable ya que implicaría un mayor descenso de los términos de intercambio que viene asociado, esencialmente al comportamiento del precio del petróleo; aunque de mantenerse la devaluación podría observarse un mayor deterioro en términos relativos frente al PIB medido en dólares.

Lo relevante es que  la ganancia en competitividad para las exportaciones de una moneda débil frente al dólar, el papel de estabilizador automático de los egresos por rentas factoriales del sector petrolero, la tendencia creciente de la renta factorial por inversión colombiana en el exterior y la estabilidad del ingreso por remesas de trabajadores en el exterior tienen beneficios que deberían compensar la desconfianza que genera un número frio de déficit corriente del 7% del PIB.
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