Opinión

  • | 2016/02/07 00:01

    ¡Hay que saber pedir!

    Siguiendo con el tema de liderazgo y por supuesto hablando de mujeres, me di a la tarea de indagar un poco más sobre las diferencias que tenemos en comportamientos desde la óptica femenina y masculina.

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Algunas de las causas pueden obviamente generarse de la misma evolución de la humanidad, especialmente en lo que refiere a la milenaria distribución de roles, lógica biológica y ambientes culturales.

Según un estudio por Wood & Eagly en 2002, la división de tareas y oficios diferenciales por género se hizo basándose en cuáles podrían ser mejor ejecutadas por cada sexo, debido a la mayor contextura física de los hombres, su fuerza y mayor velocidad y la gran habilidad de cuidado, intuición y crianza de los niños por parte de las mujeres.

Es así como culturalmente todos “esperamos” cierto tipo de comportamientos y creencias de acuerdo a los diferentes roles de género en la sociedad. Las mujeres todavía en la mayoría de culturas occidentales, dado su compromiso con la educación y preocupación por su familia, pueden ser más emotivas y por tanto leídas como protectoras o maternales en ambientes laborales. Dado también que por historia los hombres han sido más exitosos laboralmente y han tenido posiciones de poder, pueden ser vistos como más directos, asertivos y dominantes.

Lo interesante es que este mundo está evolucionando en los últimos años a una velocidad nunca vista en la historia. El rol de las mujeres y el pensamiento positivo y de igualdad de las nuevas generaciones también está evolucionando. Los roles de género pueden cambiar, en las interacciones sociales, la gente responde más favorablemente a lo que tiene aprendido culturalmente y por tanto tiene ciertas expectativas frente a lo que “debe ser” una mujer y “debe ser” un hombre.

En nuestros países encontramos que el derecho femenino al voto se dio a partir del siglo XX, Uruguay en 1927 fue el primero, Argentina en 1947, Brasil en 1932 y Colombia en 1957  por mencionar solo algunos. Esto quiere decir que hace realmente muy poco las mujeres no solo no podían opinar sino que debían supeditarse a las decisiones masculinas exclusivamente. Así es que es muy importante entender que histórica y socialmente hasta ahora las nuevas generaciones de mujeres están aprendiendo a pedir de manera directa lo que necesitan.

¿Qué quiero decir con esto? Los hombres por historia y tradición son mejores pidiendo lo que quieren, vamos a plantear que su rol ha sido más de ser servido que de servir. Por tanto son directos al pedir más beneficios, un aumento salarial, una promoción etc.

Las mujeres en general tienen una herencia de cuidado de los demás, de dar gusto, de sentirse bien si con lo que se ofrece  pero muchas veces no piden directamente lo que realmente quieren. Son mejores pidiendo para otros/as que para sí mismas.

El mensaje está aquí claro para todos. Es sencillo y volviendo a lo básico un consejo simple de liderazgo, por un lado a las mujeres para que pidan lo que necesitan, para que se hagan escuchar, para que sean sus propios advocates. Obviamente dentro de unos marcos de lógica y compromiso organizacional, en otras palabras yo puedo pedir mis derechos si yo estoy dando también con justicia lo que la empresa requiere de mí. No es un tema de  ganar más solo por mi género, es un punto de cómo debo pedir directa y asertivamente y no esperar que mi jefe adivine lo que necesito.

Por otro lado es muy importante para los líderes organizacionales que escuchen las necesidades de sus equipos. Los motivadores que los mueven, a donde quieren llevar sus carreras y  tal vez preguntar un poco más a las mujeres para permitir que sean ellas mismas quienes planteen sus expectativas frente a su carrera y a la organización.

Entonces, solo para reflexión, dado que un líder inspira y no impone escuchen más a sus equipos. Y dado también  que las mujeres tienen una sensibilidad especial heredada, adquirida y genética, entiendan que es muy importante saber pedir.

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