Opinión

  • | 2016/02/02 00:01

    De la obsesión por los nuevos productos y otros demonios

    El éxito de la innovación no radica en la creación de nuevos productos y servicios, sino en el desarrollo de un sistema sostenible soportado por diferentes tipos de innovación.

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Hablemos con honestidad y aceptemos que la innovación es difícil; tan difícil como tapar el sol con un dedo, pues si no lo fuera, nadie realmente hablaría de ella. Esta complejidad comienza en el mismo momento en que entendemos la innovación como la creación de algo nuevo, pues es ahí cuando surgen un sinnúmero de falacia que nos dicen que es imposible innovar porque hoy “ya todo está inventado”, o “si funciona déjelo así”, porque “aquí siempre lo hemos hecho de esta manera”.

Quizá uno de los principales obstáculos para tener modelos de innovación sostenible radica en que estamos tan obsesionados con crear productos nunca antes vistos, que perdemos perspectiva sobre las posibilidades que tenemos para diferenciarnos en un mercado voraz. Si bien la innovación en producto y en tecnología es vital para competir en un mercado cambiante, resulta ser efímera, porque la competencia no tardará mucho en copiarla y por tanto deja de ser un eje diferenciador. Así mismo, al tener una vigencia tan corta, no es sostenible como sistema de innovación. Un claro ejemplo de esto se ve con Apple; muchos creen que su éxito innovador radica en la creación de productos sofisticados, pero lo que muchos ignoran es que estos están soportados por transformaciones de plataforma, como en el caso de itunes o del App Store, o en experiencias de cliente, que van mucho más allá de tecnología con diseños atractivos.

Lo anterior se encuentra validado por la firma Inglesa de consultoría Doblin, quien a lo largo de 30 años realizó investigaciones de tendencias y comportamientos organizacionales con el fin de entender qué hace que las empresas sean exitosas al momento de innovar. La investigación demostró que existen diez tipos de innovación en los que puede enfocarse una empresa. Ellos son: innovación en modelo de negocio, en redes y alianzas (también conocida como innovación abierta), en procesos, en estructuras organizacionales, en producto, en servicio, en sistema del producto (una rebuscada forma de decir que se combinan productos con servicios), en marca, en canal y en experiencia de cliente. También descubrieron una paradoja bastante particular: la mayoría de las empresas invierten mucho tiempo y dinero en la creación de nuevos productos y servicios; sin embargo, aquellas que son más exitosas en este camino, son las que buscan formas de transformar tanto su modelo de negocio como la experiencia que brindan a sus clientes. Además, su investigación sostiene que para que una empresa goze de resultados de innovación sostenibles, es necesario que se haga una mezcla estratégica en la que se presenten al menos cinco tipos de innovación.

Por lo anterior, se hace necesario que repensemos la innovación desde su misma definición y que se tengan en cuenta que ésta es ante todo una apuesta a la creación de viabilidad, que llama necesariamente a nuevas formas de hacer negocios y de interactuar con el cliente.

Por eso, más importante que saber en qué innovar, es identificar dónde y cómo hacerlo. Reconozca cuál es el tipo de innovación que más se adapta a su organización y sea muy claro en el alcance que espera lograr antes de comenzar cualquier proyecto. Tampoco olvide que el proceso de innovación no acaba con la ultima sesión creativa, sino en el momento en que la oferta se encuentra en el mercado. Finalmente, piense en esto como una orquestación, más que como una invención. ¿Qué instrumentos necesita para su próxima sonata?

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