Opinión

  • | 2016/01/12 00:00

    Freno a la metodología de promoción de universidades en el mundo

    Es muy importante depurar la metodología y los parámetros que han de usarse para calificar cada disciplina o campo académico, de tal manera que esto nos permita saber discriminar la calidad de la investigación.

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Es una farsa pretender decir que “la innovación” está de moda. La noti­cia es que desde que descubrieron cómo fabricar el fuego y desde que se inventaron la rueda, la raza humana viene inventando e innovando  permanentemente, esa es su condición natural.

Los gobiernos y la academia, deben incentivar y apoyar los ecosistemas de emprendimiento e innovación para que los procesos se aceleren, esto es lo que ha­cen de manera interna las empresas familiares longevas. Es fundamental incentivar la investigación desde edades muy tempranas en las siguientes generaciones.

Me sorprende y me deja perplejo, la manera en que se publican y se publici­tan algunas universidades o centros de educación superior, como también la manera en que la gente del común “se come el cuento” de que supuestamente “tal” universidad es la mejor o está dentro de las mejo­res del mundo en “tal” disciplina o campo académico. Comentarios como “X” universi­dad es la primera según la revista o diario del momento como la mejor del mundo en el Master para ejecutivos”, por mencionar un ejemplo.

Sin embargo, en los últimos meses se ha publicado una serie de rankings de universidades internacionales di­señados con una serie de métodos más científicos y claramente más objetivos, determinados por parámetros transparentes. Uno de los paráme­tros es el mayor número de publicaciones de investigación nue­vas en los diferentes campos de la ciencia, la cultura o en las artes, que una institución académica realizó en el último período específico de tiempo.

No obstante, ese pudiera ser un parámetro muy errático, pues ¿qué tan “útil” o “productiva” resulta esa investigación?, ¿qué tan buena es la calidad de esas publicaciones? ¿Cómo se puede medir esto?. Me llama la atención qué otro parámetro pudiera ser utili­zado en este sentido en el marco de una metodología de califica­ción, para lo cual se utilizaría el número de referencias que se hace de una es­pecífica publicación en otras publicaciones o trabajos.

Hay campos de la ciencia, donde algunos inventos o descubrimientos a primera vista no “resultasen de utilidad inmediata” y que pudieran llegar a ser muy importantes a futuro. Por dar un ejemplo muy concreto en el campo de la matemática y de la lógica, en el año 1847 el matemático George Boole, publica un artículo en lo que hoy se conoce como “Álgebra Boo­leana”

En  su momento, el uso de esto pudo ser muy limitado y de esa ma­nera continuó por muchas décadas, sin embargo, el Álgebra Booleana, es la base de la matemática, nada menos y nada más, de toda la era de la computación, internet y la de gran parte de las comunicaciones digitales, por mencionar solo algunos campos de uso.

Es muy importante depurar la metodología y los parámetros que han de usarse en cada disciplina o campo académico, de tal manera que esto nos permita saber discriminar en algunas discipli­nas “la calidad” de la investigación y/o de las publicaciones.

Sin embargo cuando las diferentes metodologías de calificar o crear un ranking de las universidades, con un número claro y trasparente de parámetros, aunque en cada metodología a cada parámetro se le de una ponderación diferente, encuentro en muchas de las diferentes combinaciones diferen­tes listas o rankings. Lo interesante, es que hay un grupo importante de universidades que no importa la ponderación de los cri­terios, igual aparece en la lista dentro de los primeros puestos, y en otros casos, hay universidades que solo aparecen en una lista depen­diendo de cómo se manipule el peso o la ponderación de un específico crite­rio.

Lo más triste, es que no importa la ponderación de los crite­rios  observados que utilizaron las diferentes metodologías científicas para calificar las universidades, en casi ninguno de los diferentes rankings  aparecen las universidades Iberoamericanas, por lo que una de mis conclusiones, es que la educación “no es un factor de desigualdad en América Latina”, dado que de alguna manera según los estándares internacionales, son tan igual de malas las universida­des privadas que las públicas, en comparación a las que aparecen en la lista de las mejores, tema al que debemos prestar atención y generar un cambio, con mayor inversión y principal­mente, con estrategias serias e integrales en el sector de la educación, en todo el sis­tema educativo de nuestros países, si lo que pretendemos es ser competitivos en un mundo cada vez más innovador y exigente.  

La responsabilidad colectiva de todos es generar los espacios apropiados para que la innovación siga guiándonos en el camino de la prosperidad y hoy en día con la debida sostenibilidad y responsabilidad  que los ecosistemas naturales exigen.

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