Opinión

  • | 2016/01/08 00:00

    Yo, mi propio líder

    Nada de lo que nos vayamos a plantear tendrá un efecto real si no tenemos como base, la única palabra que nos brindará el éxito: disciplina.

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"He tomado sobre mis espaldas el monopolio de mejorar sólo a una persona, y esa persona soy yo mismo, y sé cuán difícil es conseguirlo" (Mahatma Gandhi)

Tal y como lo reseñamos en el último artículo, es hora de realizar ajustes en todos nuestros planes anuales, pero  no sin antes tener claro que nada de lo que nos vayamos a plantear tendrá un efecto real si no tenemos como base, la única palabra que nos brindará el éxito: disciplina. Podemos realizar análisis, ajustes y buenos propósitos, pero la recomendación en esta oportunidad es que transformemos los planes de cada objetivo en una rutina dentro de la cultura organizacional.

Nos desgastamos buscando siempre las características de un líder ideal, incluso cuando estamos en el trabajo tratamos de identificar qué nos gusta o nos disgusta de nuestro jefe, bueno, y no solo nosotros, muchos investigadores y autores han diseñado los requisitos o las instrucciones detalladas para lograr ser un líder deseado por todos, pues quién no quisiera tener un grupo de trabajo con crecimiento exponencial y posibilidades de desarrollo.

Pero con mi recorrido profesional puedo concluir con seguridad, que ninguna persona de las que he conocido encaja en los miles de prototipos que se han sugerido para ser un líder estrella. Y al final podemos preguntar únicamente.  ¿Hay forma de lograrlo?

Me viene a la memoria la metáfora freudiana de «matar al padre», que consiste en el acto psicológico de librarse de la tutela paterna para vivir sin ningún tipo de condicionamiento.

Y con eso rememoro mi situación de trabajador extranjero desde hace más de dos décadas en Colombia, como alegoría a las penalidades que se deben sufrir al marcarse un objetivo profesional y el esfuerzo que implica desplazarse con medios propios para alcanzarlo, sin ningún apoyo paterno y lejos del hogar; como un real peregrino. Pero es en ese momento, al recordar todos los caminos recorridos, que experimento lo gratificante que es sentir que has alcanzado un desarrollo profesional por tus propios medios.

De ahí mi conclusión personal sobre la disciplina: debo buscar al líder ideal en mi interior. Cuidar y alimentar la semilla que se ha gestado con mis raíces culturales y genéticas, junto con la evolución personal y profesional que me he trazado y la cual debo aprovechar cada segundo con metas claras de lo que quiero lograr, y eso, me permitirá saber qué camino seguir a la hora de tomar decisiones que puedan afectar a los demás.

A esto lo llamo «liderazgo evolutivo». Consiste en tomar conciencia de quienes somos, asumir nuestra responsabilidad de mejorar el mundo que hemos encontrado y dejar huella para que otros retomen la tarea.

Y para guiar el camino es importante no olvidar lo siguiente:

  • Comprender lo que la ciencia ha descubierto para dar sentido a nuestro trabajo y a nuestra vida diaria.
  • Usar y dominar la tecnología para enriquecer nuestras relaciones y ampliar el conocimiento.
  • Anteponer el apoyo hacia los demás por encima de nuestras ambiciones personales.
  • Buscar el enriquecimiento mediante: la colaboración, la búsqueda creativa del valor y la sostenibilidad, evitando acaparar más de lo que podemos gestionar cabalmente.
  • Dejar que nuestros logros hablen más que el ostentar tener muchos objetivos

Son sugerencias que evitaran seguir buscando modelos de liderazgo afuera y en cambio iniciar un propio modelo que nos permita evolucionar y alcanzar una meta final, que no esté definida por investigadores, sino por el líder que cada uno por naturaleza lleva adentro. 

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