Opinión

  • | 2016/02/10 00:01

    Deuda externa creciente: radiografía del ajuste económico

    En momentos de fuerte devaluación, de desaceleración económica y escaso margen de maniobra de la política económica para enfrentar nuevos choques, la deuda externa es una de las variables mas utilizadas como indicador del grado de vulnerabilidad de una economía.

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No obstante, muchas veces el alcance mediático de esta medición es bastante pobre puesto que, generalmente, solo se hace referencia al stock de deuda externa como proporción del PIB como termómetro de la situación exterior, dejando de lado aspectos relevantes para entender la verdadera vulnerabilidad externa de la economía.

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Con cifras a octubre del año pasado, la deuda externa total (pública y privada) se encontraba en 37,5% del PIB (medido en dólares). Este registro es el más elevado desde 2003, por lo cual llama la atención; sin embargo, los 110 millones de dólares que totaliza la deuda externa representaron un crecimiento nominal de 9,92% frente al saldo del mismo mes del año anterior (2014), siendo muy similar al crecimiento del PIB nominal durante 2015.

Al igual que sucede con las cifras de la balanza de pagos, al utilizar cualquier indicador tipo razón en el cual el denominador es el PIB expresado en dólares se observan cambios relativos grandes debido a que el PIB en dólares en momentos de fuerte devaluación decrece, pues el crecimiento económico en moneda local es significativamente menor a la devaluación.

De todas formas, dado que la deuda externa es efectivamente una deuda en dólares, la devaluación claramente la hace mas onerosa. Sin embargo, es indispensable evaluar las condiciones financieras de contratación de dicha deuda para concluir sobre la vulnerabilidad de la economía. Vale recordar, por ejemplo, que la deuda pública de Japón supera el 200% del PIB y no por eso es una economía inviable. Con respecto al plazo de la deuda externa colombiana hay que mencionar que solamente el 13% tiene plazo al vencimiento menor a un año, mientras que en términos de riesgo de crédito el 60% es pública y el restante 40% es privada.

Pese a que la composición entre deuda externa por sectores (público y privado) no ha cambiado significativamente en años recientes, la del sector público creció 27,5% en los dos años de fuerte caída en los términos de intercambio (2014 y 2015), mientras que la del sector privado apenas creció 10,4%, reflejando el ajuste que ha tenido la actividad económica privada y la falta de ajuste del sector público.

La emisión de bonos de deuda pública externa realizada a comienzos de 2015 tuvo condiciones financieras muy favorables, pero la situación actual es bien diferente. En el primer trimestre de 2015 el Gobierno Nacional emitió un bono en dólares a 30 años con una tasa cercana al 5% anual (US$2.500 millones), mientras que en septiembre el costo fue de 4,5% por un bono a 10 años (US$1.500 millones). En las condiciones actuales un bono a 10 años en dólares tendría que pagar una tasa anual cercana a 5,50%, mientras que a más de 20 años dicha tasa estaría entre 6,5% y 7,0%.

Si bien los mercados financieros continúan abiertos para emisores como Colombia (grado de inversión), el riesgo es que el costo de la deuda en dólares continúe subiendo, esencialmente, por dos razones: La probabilidad de nuevos incrementos de la tasa de interés de la Reserva Federal y una mayor probabilidad de recorte en la calificación crediticia de Colombia (de BBB a BBB-) por el deterioro de las finanzas públicas. Afortunadamente, estas presiones siguen siendo moderadas por los riesgos de deflación que hoy enfrentan las economías desarrolladas.

En conclusión, bajo el actual escenario global se ha observado una rápida reacción del sector privado al cambio en las condiciones financieras internacionales y a la moderación en la actividad económica local, mientras que el sector público aún no lo ha hecho. En consecuencia, es previsible que el sector público busque fuentes de financiación en otras zonas geográficas que aún mantienen tasas de interés extremadamente bajas y cuyas monedas no se han fortalecido tanto como el dólar frente al peso colombiano, tal es el el caso del Euro o del Yen.

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