Opinión

  • | 2016/01/17 00:01

    Una alternativa interesante: romper el monopolio de la asesoría financiera

    La figura del asesor financiero independiente ha sido uno de los avances más importantes en los mercados financieros desarrollados, ha permitido un mayor acceso del público a los mercados de capitales y un incremento importante en la alfabetización financiera.

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Es cierto, en algunas situaciones ha llevado también a excesos por falta de rigor y algunos estudios académicos han encontrado que la presencia de un asesor financiero lleva a menores retornos y mayores riesgos a causa de una mayor cantidad de transacciones e intereses enfocados a distribuir productos de más alto valor para el vendedor que para el comprador.

Sin embargo, me gustaría dejar en el aire un modelo que permita ayudar a recuperar la confianza del mercado, facilitar el ahorro del público, permitir la independencia en las recomendaciones y democratizar la entrada al mercado de capitales por medio de la figura de los asesores financieros independientes con honorarios fijos.

El concepto de asesor financiero independiente necesariamente incluye no estar representando en ningún momento intereses diferentes al cliente para quien se trabaja, de modo que su naturaleza es valga la redundancia independiente de cualquier entidad financiera tradicional.

Esto lleva a que los conflictos de interés que son tan criticados puedan mermarse y además, al poder dedicar más tiempo al cliente, ayudar al desarrollo del sector financiero tradicional puesto que sirve como una herramienta de alfabetización financiera. El asesor no es un vendedor, su función es planificación de largo plazo.

Primero lo primero, en Colombia basándome en un concepto jurídico de AMV la actividad de asesor financiero independiente no se encuentra definida en el decreto 2555 del 2010, por lo tanto, quien realice esta actividad se encontraría adelantando una actividad prohibida por la regulación del mercado de valores colombiano.

En este decreto se define que las actividades de intermediación de valores solamente podrán ser realizadas por los intermediarios de valores como los bancos, las comisionistas de bolsa, las fiduciarias, las aseguradoras, las corporaciones financieras y las entidades administradoras de inversiones.

En caso de que se lo pregunte, de acuerdo a la Superfinanciera el capital mínimo necesario para entrar a realizar alguna de estas actividades asciende a 645 millones asumiendo el modelo más sencillo que corresponde a una sociedad comisionista autorizada a realizar solo el contrato de comisión y las siguientes actividades:

  • Otorgar préstamos con sus propios recursos para financiar la adquisición de valores
  • Celebrar compraventas con pacto de recompra sobre valores
  • Administrar valores de sus comitentes con el propósito de realizar el cobro del capital y sus rendimientos y reinvertirlos de acuerdo con las instrucciones del cliente
  • Administrar portafolios de valores de terceros

Las barreras de entrada por lo tanto son algo altas para algún individuo que quiera por cuenta propia realizar estas actividades, sin embargo, es importante contar con algún tipo de capital que permita acolchonar cualquier posible reclamo causado por alguna gestión deficiente del asesor.  Los requisitos mínimos de capital podrían ser disminuidos por medio de una prima de capital intelectual y experiencia o algún seguro que cubra la posibilidad de fallas operativas. Para abrir el debate me gustaría dar dos recomendaciones.

La primera es adoptar el modelo que propone NAPFA en Estados Unidos, el cual, está estructurado con base en honorarios fijos, este es un cambio fundamental, ya que permite migrar del modelo de vendedor de servicios financieros a agente fiduciario del cliente.

El cliente por lo tanto se convierte en la única fuente de ingresos del asesor y sus ingresos no son por ventas sino por gestión del portafolio, esto lleva a que las recomendaciones estén enfocadas en crear una relación de largo plazo y no en ganar la comisión por la venta de un producto, el asesor independiente por lo tanto se enfocaría en que sus clientes estén satisfechos y sigan trabajando con él por un buen rato, ya que el cliente le pertenece a él y no a la institución en la que trabaja, eliminando en gran parte el riesgo de agencia.

Acompañando este primer punto es la adopción obligatoria de una encuesta de necesidades y actitud financiera parecida a la que propone la reglamentación MiFID y las buenas practicas del CFA institute.

El documento se fundamentaría en el concepto del inversionista prudente en donde las recomendaciones están basadas en la situación actual del cliente y en sus características específicas. Este concepto permite darle tranquilidad al asesor de que su función es la de planeación y no la de lector de bolita de cristal, el portafolio no siempre va a ganar, y esto no tiene problema, la idea es crear algo que permita cumplir los objetivos de largo plazo con el nivel de riesgo que pueda y que esté dispuesto a asumir el ahorrador y la encuesta es la guía que fija el camino.

La segunda recomendación es que algún político introduzca un proyecto para crear la figura del asesor financiero independiente. En esta parte normativa la primera tarea es la creación de una entidad encargada de reglamentar los requisitos mínimos para ser un Asesor Financiero Independiente los cuales tienen que estar divididos en experiencia, conocimientos e integridad.Estos requisitos deberán ser de naturaleza objetiva, transparente y de una complejidad relativamente alta.

La segunda tarea normativa incluye reglamentar la creación de vehículos que permitan mantener seguro el patrimonio de los inversionistas por medio de cuentas en entidades fiduciarias y tercerizar la función de back office de forma masiva, esto ayudaría además a los bancos y comisionistas pequeños a tener mejores prácticas, el reto está en mantener los costos bajos.

La tercera es garantizar que el cliente tenga las herramientas necesarias para hacer valer sus derechos siendo la pieza clave garantizar que los costos financieros y morales de una mala gestión alejen a los sospechosos de siempre.

Entendiendo la importantísima función que tienen los intermediarios actuales es importante reflexionar sobre la introducción de estos actores al ecosistema financiero. La entrada de los Asesores Financieros Independientes permitiría incrementar el tiempo dedicado a cada cliente y llevar a que las relaciones puedan ser de largo plazo.

La relación es muy parecida a la que se podría tener con un terapista, en donde el objetivo no es ganarle al mercado sino utilizar correctamente las herramientas disponibles para disminuir la incertidumbre, aterrizar al cliente en la realidad de su situación y ayudarlo a diseñar un escenario financiero factible, después de todo en la mayoría de los casos son los factores sicológicos evitan mantenerse en las metas financieras  de largo plazo.

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