Opinión

  • | 2015/09/04 05:00

    China y el mundo, ¿qué nos pasa?

    Las dudas sobre China han provocado una fuerte corrección en los activos de riesgo en una época propicia por la baja liquidez.

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Viendo cómo abrieron los mercados americanos el lunes 27 (caídas del 7%) se manifiesta la importancia y capacidad de contagio de China: su PIB representa el 15% del mundial y generó la mitad del crecimiento global en la etapa más dura de la última crisis (2009). Hay preocupación por el que podría ser el primer episodio de fuerte ajuste en China dada la falta de transparencia sobre datos económicos oficiales.

La clave es si van a ser capaces de cambiar un modelo centrado en exportaciones e inversión (45,4% del PIB) a otro de consumo privado, sin experimentar en la transición una recesión que provoque tensiones sociales. Las cosas son más fáciles cuando se tienen niveles de ahorro del 48% del PIB, aunque la inexistencia de coberturas públicas básicas dificultará el proceso.

Lo que parece claro es que:

  1. China lleva años en desaceleración desde los ritmos de 2007 (12%-13%) hasta el 6-7% actual.
  2. Estos ritmos se pueden mantener en próximos trimestres.
  3. Los mínimos de las materias primas que están propiciando dudas sobre la solidez de la demanda china, pueden compensar parte del efecto negativo sobre el crecimiento mundial.
Habrá ganadores y perdedores y en el segundo grupo estarán los emergentes exportadores de materias primas con elevados niveles de deuda en dólares. La “nueva normalidad” para los países en desarrollo y los BRICS va a ser diferente. Con el riesgo político elevado, las condiciones externas deterioradas y las presiones de salidas de capitales (un billón de dólares ha salido de emergentes desde agosto de 2014), la política económica va a tener dificultades para compensar todo.

El ciclo global daba síntomas de madurez (la expansión americana dura siete años) y los grados de libertad de política económica no son amplios en buena parte del mundo. Pero la probabilidad de recesión global es reducida ya que: i) la fortaleza del sistema financiero ha mejorado; ii) los emergentes están mejor para capear el temporal (abundantes reservas de divisas y tipos de cambios flexibles); iii) los bancos centrales pueden mantener laxa la política monetaria el tiempo necesario y; iv) EEUU y la UEM afrontan este episodio de inestabilidad financiera con crecimientos cercanos a los potenciales. Pero en la segunda parte del año se producirá una desaceleración mundial hasta ritmos del 2%/2,5%, frente al 2,5%/3% que se esperaba. Y tendrá efectos sobre valoraciones y perspectivas en las bolsas, en un contexto en el que la aversión al riesgo puede posponer decisiones de consumo e inversión.

Se revisarán a la baja las perspectivas de inflación por los ajustes cambiarios en China y el exceso de oferta global. El problema para los países endeudados es que van a crecer lejos de lo idóneo para el proceso de desapalancamiento. El escenario macro tiene más luces que sombras: las dudas sobre China hacen pensar que el crecimiento mundial en 2015 será inferior al esperado (patrón similar al de los últimos años), pero no justifican los recientes episodios de pánico, con caídas desde abril del MSCI en dólares del 25%. No hay indicios suficientes en el escenario económico ni en los fundamentos de los mercados para anticipar un cambio a corto plazo de la tendencia.
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