Opinión

  • | 2015/09/03 05:00

    El liderazgo cultural

    Uno de los grandes avances de la Gerencia moderna tiene que ver con el estudio del tema de Cultura organizacional con uno de los elementos determinantes del éxito de una empresa o plan de negocios.

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Estudios recientes le asignan a la alineación cultural de los empleados un impacto del  25% en la variación de productividad. Jim Collins afirma en su libro “Good to Great” que las empresas con culturas fuertes y bien alineadas son seis veces más exitosas que sus competidores. La falta de “encaje” cultural es responsable de otra parte por el 68% de los fracasos en reclutamiento ejecutivo.

El problema es que frecuentemente los líderes  confunden  Cultura con los resultados que estos persiguen y la realidad es que son cosas diferentes. Hay estudios profundos que muestra cómo multinacionales que priorizan orientación al logro y empresas estatales que valoran estabilidad, ambas  muestran indicadores fuertes en resultados financieros, rotación de sus empleados y niveles de compromiso.

Cultura en realidad representa las reglas no escritas de cómo las cosas realmente suceden en una organización. Es la manifestación de los valores compartidos, de las creencias, de las asunciones escondidas que moldean la forma en cómo el trabajo se hace y cómo las decisiones se toman. Es la forma en como una organización como un todo responde a los estímulos externos.

La cultura tiene un poderoso efecto en los resultados del negocio, ayudando a construir o a romper incluso la estrategia más perspicaz o a determinar el rendimiento de los ejecutivos más experimentados. Puede fomentar la innovación, el crecimiento, el liderazgo del mercado, el comportamiento ético y la satisfacción del  cliente. Por otra parte, una cultura desalineada o tóxica puede erosionar el rendimiento del negocio, disminuir la satisfacción del cliente y la lealtad y el compromiso de los empleados. A pesar de su influencia en el rendimiento del negocio, la cultura es notoriamente difícil de manejar debido a que los elementos determinantes están  generalmente ocultos.

Si bien hay metodologías probadas y muy interesantes para determinar la cultura y definir modelos de alineación (sobre todo cuando se atrae un ejecutivo), la realidad es que de todos, el elemento que más influye en la construcción de una cultura es el estilo de su líder.

La cabeza visible de una organización junto con su cuerpo directivo, sus comportamientos y los símbolos de su liderazgo, son la marca de agua que deja latente el camino a seguir por los miembros de una organización. Son ellos quienes crean el lenguaje interno de cómo enfrentar los estímulos del mercado externo (estrategia), y de cómo soportar las necesidades del equipo interno para hacer operativa dicha estrategia.

No hay fórmulas mágicas ni culturas buenas o malas, pero lo cierto es que es absolutamente crítico identificar los elementos estructurales de la cultura propia, comunicarlos como decálogo inviolable, exigir su férreo cumplimiento y finalmente hacer de los líderes de la organización evangelizadores permanentes.

En momentos en que el entorno económico apunta a que hay que hacer ajustes urgentes en la estrategia, solo la coherencia entre discurso y acción garantizará la alineación que se necesita para que los resultados sean los esperados: ¡Ojo con la Cultura!
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