Opinión

  • | 2015/09/04 05:00

    El conocimiento no se puede gestionar

    “Si quieres construir un barco, no reúnas a tu gente para pedirles que preparen la madera y las herramientas y asignarles tareas… Simplemente convócales e infunde en sus corazones el anhelo por el mar infinito”. Antoine de Saint –Exupery.

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Se pueden generar entornos y las condiciones que faciliten la identificación, transferencia y por ende aumento del conocimiento. Es fácil que a las personas les parezca más interesante compartirlo que guardarlo y medir los resultados de su uso, pero lamento decirles que por desgracia, el conocimiento no se puede gestionar.

Le propongo un ejercicio sencillo para comprobarlo: Partamos de la base que sabe jugar al fútbol. Ahora escriba en una hoja de papel cómo juega al fútbol. ¿Difícil?... quizás si. Aunque estoy seguro de que lleva años practicándolo y con muchos goles anotados. Le apuesto que lo que ha escrito en ese papel no representa su conocimiento de cómo jugar al fútbol; sin lugar a dudas. Estoy seguro de que sabe mucho más de lo que ha escrito. ¿Cómo hacer una gambeta y en qué momento hay que dar el pase para lograr una pared y a qué altura del área colocarse para recibir de cabeza el balón y hacer el gol?, ¿complicado cierto?

Pero volviendo al asunto en cuestión, ¿de qué otra manera se puede representar el conocimiento que usted tiene?, ¿qué gestión se puede hacer del documento explicando cómo jugar al fútbol? Si se lo regalamos a un compañero de oficina porque sabemos que el fútbol no es su especialidad, ¿le serviría para aprender? Si nuestro compañero necesita desesperadamente aprender a meter goles de cabeza, ¿cómo podemos transferir el conocimiento que tenemos y que él no tiene?, ¿logrará jugar mejor al fútbol y anotar goles si se aprende de memoria el documento?

Vayamos a mayor profundidad, ¿se puede gestionar la felicidad o la motivación?, ¿existe algún procedimiento para cuantificar la creatividad o el compromiso?, ¿alguien puede decir en qué oficina o escritorio guardan las empresas su conocimiento o su liderazgo?, ¿cuánto vale todo esto?, ¿quién tiene el código o combinación del candado donde se guardan?

La realidad es que los intangibles son muy difíciles de medir, sobre todo de forma directa. Aunque esto no quiere decir que habría que rendirse o resignarse a no hacer nada, igual que hacemos cada mañana al asomarnos por la ventana para comprobar que haya salido el sol.

Para enredar más el asunto, pida a sus compañeros de trabajo que escriban en un papel, qué es conocimiento y qué es gestión del conocimiento, les aseguro que cada uno tendrá una definición distinta y es más, les aseguro que no serán ni remotamente parecidas.

El título de este artículo puede sonar un tanto suicida ya que las empresas desde hace un tiempo relativamente largo se han dedicado precisamente a gestionar el conocimiento e incluso se declara que en la era del conocimiento no hay nada más valioso que este.

Sin embargo, para tratar de resarcir el arriesgado comentario, les dejo algunos argumentos por los cuales afirmo que el conocimiento no se puede gestionar:

  1. El conocimiento no es material. Es inconsciente, intangible, invisible.
  2. Las organizaciones no están concebidas para gestionarlo. Nadie las pensó para colaborar, prestar ayuda y aprender internamente, ha sido una necesidad creada.
  3. El concepto tradicional de gestión no encaja. Gestionar quiere decir administrar. El conocimiento es de las personas, no de las empresas.
Si estamos de acuerdo que el conocimiento está en las cabezas de las personas (y en sus corazones), entonces lo que necesitamos es “conectar cabezas”.

La única forma de gestionar conocimiento en una organización es identificándolo, priorizarlo sabiendo cuál es el crítico y, definir una estrategia para “gestionar ambientes” en donde cada persona pueda acceder y lograr que siempre obtenga el conocimiento que necesita, para llevar a cabo de forma eficiente las tareas que formen parte de su trabajo.

La gestión del conocimiento sólo puede desplegarse indirectamente, actuando sobre los dueños del conocimiento. Pero no de forma directa sobre el conocimiento mismo, porque ocurre igual que cuando tratan de agarrar unas gotas de mercurio con las manos: se escapa, se escurre, es inasible.

Desde luego, no puede gestionar la lluvia o el sol, pero no hay excusa para que al menos el terreno esté perfectamente preparado para cuando eso ocurra. Para que la gestión del conocimiento germine, las empresas tienen que estar trabajadas, organizadas y abonadas de forma diferente a la que conocemos hoy en día.
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