Opinión

  • | 2015/12/18 00:05

    El Galeón San José: oro e identidad nacional

    Encontrar el mítico Galeón San José nos puede llevar a un debate sobre nuestra identidad nacional. Usando el ejemplo del oro como símbolo clave en nuestro pasado, se puede reflexionar sobre identidades individuales, ideas políticas y simbolismo económico.

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Reclamando la nave, y el oro

Los reclamos de paternidad sobre el oro del Galeón San José han inspirado algo de nacionalismo y poca reflexión en cuanto a la identidad nacional colombiana. Esta última aparece como un fenómeno complejo que se refleja en símbolos del pasado patrio. 

El oro es uno de estos símbolos que se enmarca en economías extractivas, colonización, esclavitud, independencia, aparición de empresas extranjeras y en últimas en una celebración por twitter sobre lo que sería de todos los colombianos.

Como lo sugería E. Said en su famoso Orientalismo, el ser humano termina definiendo quién es cuando se encuentra con otro ser distinto a él. Para saber quién es uno, habría que entender lo que uno no es. Así, se trazan fronteras, se instituyen escudos, símbolos, himnos, literatura, idiomas y se trata de darle sentido a una compleja cosa que llamamos identidad. 

Las reacciones en redes sociales frente al reclamo de España y de la empresa estadounidense SSA por el Galeón parecen fungir como estímulos de identidad y materialismo, dado que hay más de US$1.500 millones y un sinnúmero de simbolismos históricos de por medio. Ahora las redes sociales muestran que la imagen de ‘España’ adquiere connotaciones parecidas a las del chapetón que pasaba por encima de los criollos.

El Galeón y la Identidad nacional

El tema del Galeón nos puede llevar a un nacionalismo ‘barato’, amplificado en redes sociales, de alta superficialidad y emoción y pocos argumentos, o nos puede llevar a reflexionar sobre nuestra identidad, nuestra diplomacia y otros temas internos. Un ejemplo de los temas internos, así venga de un chiste, puede ilustrar la situación. Hace unos días, Actualidad Panamericana sacó una parodia diciendo que el Fiscal Montealegre ahora exigía que el oro del San José se entregara a Natalia Springer. 

La ironía detrás del chiste, es el manejo del patrimonio del Estado, el mismo manejo que hoy los colombianos cuestionan con mucha frustración, pues parece que la Fiscalía ha sido (excesivamente) generosa en su presupuesto por estudios que se podrían hacer a menor costo. Aquí aparece de nuevo el oro, como un accidentado símbolo de la riqueza nacional que, como lo escribía Eduardo Galeano sobre las minas del Potosí, ‘ofrece motivo a la tragedia y a la fiesta’.

Las 11 millones de monedas de oro del Galeón, protegidas por la Ley 1675 del 2013 serían sólo una fracción que se sumaría a los 275 millones de pesos oro que según Humbolt recibió España de sus colonias hasta 1803.  Entre 1551 y 1600, también la extracción de plata alcanzó más de 7000 toneladas para la Corona Española, así parte de las colonias en realidad pertenecieran, sobre el papel, a banqueros alemanes. La poca innovación tecnológica en la minería que llegó a la Nueva Granada apareció hasta finales del siglo XVIII, dejando una estructura económica que incluso 200 años después estaría enfocada en exportar sus recursos sin generar valor agregado. La economía del oro, entonces, aparece como un reflejo de nuestra atrasada modernidad colombiana.

El oro del Galeón ha llevado a una puja diplomática y mediática que debe incluir una reflexión sobre nuestra identidad nacional. Así el precio del oro haya bajado últimamente, su valor simbólico está intacto, aún más cuando se trata de una discusión entre Estados, una empresa, varias cortes y ciudadanos interesados. Por eso vale la pena preguntar: ¿qué significa que ese oro sea patrimonio de los colombianos? ¿Por qué tanto ‘fervor’ en las redes ante algo tan abstracto? ¿Cómo han moldeado nuestro pensamiento los símbolos y la estructura de nuestra economía?

Hace unos años, se prendió el debate de la identidad nacional en Francia en otro contexto. Casi a diario salían artículos y emisiones sobre el tema, pues la pregunta de la identidad tiene una validez indiscutible. En Colombia, el oro como símbolo sirve de estimulo para recordar que venimos de una estructura económica que a duras penas hemos podido transformar. 

Ahora que Colombia avanza con su marca país, con proyectos de emprendimiento, con un turismo en alza y con un proceso de paz que, a pesar de todas las dudas que genera, trae atracción internacional, es importante que se hable con más inclusión (no sólo desde la voz del gobierno) sobre lo que significa el patrimonio cultural y la identidad nacional.

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