Opinión

  • | 2015/09/24 05:00

    ¿La finalidad de una empresa es crear valor para el accionista?

    A menudo las empresas exhiben en su misión y visión que el objetivo principal es la creación de valor para los accionistas. En este artículo, analizaré esta expresión y las implicaciones para las empresas y las organizaciones.

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Una historia

En 1909, en Boston, el presidente de la Universidad de Harvard junto con un grupo de profesores fundaron Harvard Business School (HBS), una de las primeras y más reconocidas escuelas de negocios en el mundo, con el propósito de formar en administración y dirección. A través de un programa que se denominó MBA (Master in Business Administration). Como era un tema novedoso, los fundadores de la escuela querían que la dirección de empresas fuera una profesión como la medicina y el derecho. Creían relevante que los profesionales de la dirección, o sea los directivos, vivieran la vocación de servicio, la regulación ética y el conocimiento especializado propios de una profesión. El mayor temor que tuvieron los fundadores de HBS fue que los participantes del MBA se dedicaran como directivos solamente a ganar dinero (Cruikshank 1987).

Años después, se olvidaron los ideales de los fundadores de HBS y surgió en cabeza de Michael Jensen, con mucha fuerza en las universidades, la teoría de la agencia que consideraba al directivo como un agente del accionista y que hoy goza de gran respaldo y aceptación de la comunidad académica (Khurana 2007). Luego, Friedman señaló que el único deber y la única responsabilidad del directivo era hacia los accionistas, lo cual marcó un camino en el que consultores y directivos tradujeron estas teorías y las resumieron en aquella frase que dice que el fin de la empresa es crear valor para los accionistas.

A raíz de esta situación, me pregunto: ¿quién tenía la razón: los fundadores de HBS o Friedman y sus amigos? Después de observar lo sucedido en Estados Unidos y Europa con Enron, Worldcom o Parmalat y en Colombia con Interbolsa o SaludCoop, surgen dudas ante las cuestiones sobre cuál modelo es sostenible en el tiempo y, además, el dilema entre la visión de una empresa dedicada a responder únicamente a los accionistas o la empresa que responde no solo a los accionistas sino a la sociedad en su conjunto.

El directivo, como cualquier persona, responde a los incentivos y si recibe instrucciones cuya finalidad es ganar dinero (crear valor para los accionistas), entonces otras preocupaciones propias de su cargo como las personas, las comunidades que atiende, los clientes y el cuidado del medio ambiente pasarán a un segundo plano. Por el contrario, si el directivo busca -como lo entendieron en Harvard- el bien común de la empresa y de la sociedad, de esta forma, contribuirá a que la organización sea un actor fundamental del cambio y transformación de la sociedad. El resultado también se evidenciará en directivos conscientes de la integridad, el respeto por las personas y, sobre todo, la responsabilidad de la empresa con los demás.

¿Qué hacer?

Los empresarios y accionistas deben aprender a apuntar al largo plazo; no caer prisioneros de los resultados trimestrales que solo envían un mensaje a los empleados, el cual consiste en creer que las empresas se dirigen únicamente desde el bottom line. Cuando la mirada es amplia se da más valor para los empleados, los clientes, los proveedores y, especialmente, para la sociedad.

Los directivos, al igual que los médicos y abogados, están inmersos en una profesión con uno imperativos éticos que exigen unos comportamientos que enaltecen la vocación. De igual manera, no podemos olvidar que la naturaleza de una profesión es el ideal de servicio a los demás. Por tanto, es necesario recordar que los directivos están llamados a gozar de autoridad a través de su coherencia, integridad y vocación de servicio.

Las universidades deben rescatar el concepto de profesión, porque el racionalismo moderno y el enfoque científico nos ha llevado a desconocer lo que históricamente significaron las profesiones. Por lo tanto, una tarea fundamental consiste en formar profesionales, es decir, personas conscientes de su responsabilidad ante la sociedad y ante los colegas, por sus conductas y comportamiento.

En conclusión, pensar que la única finalidad de la empresa es crear valor para los accionistas es una visión reducida y estrecha, de muy corto plazo y egoísta. Si seguimos con este enfoque corto, sin duda, repetiremos los grandes fraudes corporativos por la codicia, la falta de autorregulación y, sobre todo, por tener una concepción equívoca de las verdaderas finalidades de una empresa. Por el contrario, las empresas deben reconocer que sus acciones redundan en la sociedad y que son actores fundamentales del cambio y la transformación. 
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