Opinión

  • | 2015/07/18 05:00

    Reflexiones para un CEO

    La vida de un CEO conlleva responsabilidades que muchas veces les hace sacrificar aspectos personales. ¿Por qué sucede esto? y ¿qué se puede hacer?

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Me impresionó y me dio mucho pesar la muerte del directivo Adrián Fernández. Sus últimas entrevistas reflejaban la angustia de un ser humano que era consciente de sus equivocaciones y también un ser humano con enormes deseos de salir adelante. Desafortunadamente, Adrián murió cuando estaba encontrando la paz y el sosiego de una nueva vida sencilla y familiar, lejos de la fama y el éxito.

Adrián Fernández fue uno de los CEOs más exitosos de nuestro país por sus extraordinarios logros económicos entre el 2001 y el 2009 en la empresa Comcel. La historia de Fernández es la de un hombre que alcanza todo el poder, la fama y la riqueza que soñó; pero también es la historia de un CEO que perdió su salud, su familia, su tranquilidad y sobre todo, su identidad. Lamentablemente, el caso de Fernández se parece al de muchos directivos colombianos que triunfan en los negocios pero fracasan en su vida, rompen con su matrimonio, pierden los vínculos con sus hijos, o renuncian a sus principios.

¿Por qué le sucede esto a los directivos?

Por la combinación de tres factores (personales, empresariales y culturales) que conducen a equivocaciones que, a su vez, conllevan al fracaso profesional y personal.

El factor personal induce a la persona al error de creer que la finalidad de un directivo es el logro del poder y la riqueza; por ejemplo a Adrián Fernández esta idea lo llevó a convertirse en un trabajador incansable.

Por su parte, el factor empresarial lleva al directivo a creer que la única finalidad de la empresa es la generación de utilidades, lo cual se traduce en la creencia en la que el número final del ejercicio es el que prueba la idoneidad de su gestión.

Mientras que el factor cultural conduce a la idea de que lo que importa en la sociedad son los resultados: el éxito sin tener en cuenta cómo se consiguen esos objetivos.

Lo que le sucedió a Fernández fue la combinación de un deseo desordenado de riqueza y poder, una cultura empresarial enfocada a premiar el resultado económico y una sociedad que nos cautiva y –al mismo tiempo- estimula el consumismo, el materialismo y el hedonismo.

¿Cuáles son las causas de este problema?

1. La difusión de una antropología del éxito y una cultura de la superación que estimula a las personas a lograr resultados y a construir un falso concepto de “éxito”. Como consecuencia, se genera la creencia que el éxito se mide por la adquisición y consumo de bienes y, por otro lado se prescinde de valores, principios y normas legales con tal de obtenerlo.

2. Una consecuencia tiene que ver con lo que se enseña en las universidades, porque se está incentivando el emprendimiento y la creación de empresa con la idea que el fin de la misma es generar utilidades hoy y en el futuro. No quiere decir que la organización deba renunciar a una de sus funciones sino que se debe entender el concepto de empresa desde una perspectiva amplia como agente de transformación social.

3. El capitalismo como sistema social se ha ido distorsionando y como consecuencia ha perdido y olvidado los factores que contribuyeron a su prosperidad. Es decir, el capitalismo de los Estados Unidos en el siglo XIX fue exitoso gracias a que detrás de la idea de empresa había valores, una ética del trabajo y una religión (protestantismo puritano) que ponía límites a conductas excesivas que podían excederse como el individualismo y el consumismo (Bell 2010).

Este argumento se refleja en un sistema social donde el juez, el político, el directivo y el empresario terminan seducidos por la codicia y, como consecuencia, se convierte en el centro del escándalo por corrupción y, por ende, riqueza injustificada.

¿Qué debemos hacer?

Lo primero es aprender de los errores de Adrián Fernández. Adrián construyó su vida sobre los valores del éxito y olvidó otras realidades de la persona como la familia, el significado del trabajo y los deberes de un directivo con la sociedad. En segundo lugar, se debe fomentar la idea que el fin de la empresa no es solo para ganar dinero sino que su misión trasciende lo económico. Finalmente, debemos lograr que nuestro sistema económico -el capitalismo- sea controlado y limitado en sus excesos como el consumismo y el materialismo por los valores como la templanza, la responsabilidad con los demás y con el medio ambiente.

El verdadero significado de un CEO exitoso es aquel que se centra en el carácter por encima de la personalidad; en la integridad por encima del estilo. Es quien sin decirlo se convierte en un modelo para los demás por su coherencia y compromiso con la sociedad. Un CEO exitoso se reconoce por sus normas internas de excelencia; porque sus acciones no dejan oír sus palabras, como decía Emerson.

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