| 12/5/2015 12:05:00 AM

Venezuela no solo se la juega por restablecer la democracia sino por resucitar su economía

David Barguil Assis, Columnista Online.

La economía venezolana se contrajo en un 4% en el 2014 y el FMI estima que en el 2015 se contraerá un 7% adicional. No obstante, aún hay esperanza de que los venezolanos cambien el rumbo de su país.

por David Barguil Assis

Este domingo se adelantarán unas elecciones fundamentales para el futuro de Venezuela y de nuestras relaciones bilaterales con el vecino país. La tensión va en aumento pues las encuestas de opinión le dan un amplio favoritismo a la oposición venezolana por primera vez en 17 años y el chavismo ha hecho saber que ganará las elecciones a la asamblea “sea como sea”.

Si la oposición venezolana se alza victoriosa, esta elección será el principio del fin de un régimen que tiene al país en medio de una crisis económica sin precedentes, que ha sumido a su pueblo en la pobreza y que acabó con unas muy prósperas relaciones comerciales con Colombia.    

Las cifras no mienten, la economía venezolana se contrajo en un 4% en el 2014 y el FMI estima que en el 2015 se contraerá un 7% adicional. Este organismo internacional también prevé que el déficit fiscal del gobierno venezolano ascienda al 20% del PIB en 2015.

Venezuela necesitaría un precio del crudo de US$160 por barril para alcanzar el equilibrio entre sus ingresos y egresos fiscales; sin embargo, la cotización internacional del petróleo recientemente se ha situado incluso por debajo de los 40 dólares en la referencia WTI. Este escenario ha obligado a Venezuela a endeudarse de manera desmedida accediendo a créditos con la China por más de US$50 mil millones.   

Semejante hueco fiscal ha tenido ondas consecuencias sobre el poder adquisitivo de los venezolanos, que se ha visto afectado por la depreciación del bolívar y por un fenómeno inflacionario que parece no tener límite.

Este año, el bolívar en el mercado negro ya se ha ubicado en menos de un céntimo del valor de cambio oficial. Además, el país está ad portas de una crisis hiperinflacionaria. A pesar de que el banco central venezolano ha dejado de publicar los datos de inflación esta puede terminar situada en niveles cercanos al 200% finalizando este año, según The Economist.

Como si esto no fuera suficiente, el colapso de la producción local y la caída de las importaciones han terminado causando aún mayor desabastecimiento y escasez de la que se puede esperar en la coyuntura económica que vive Venezuela. Al pueblo venezolano sumido en la pobreza no le queda otra alternativa distinta que hacer largas colas para comprar lo que el gobierno pueda ofrecer en los supermercados.  
 
El comercio con Colombia no ha sido ajeno a los problemas de la economía venezolana y al capricho de sus gobernantes. Más allá del drama generado por el reciente cierre de la frontera, los negocios de los colombianos con Venezuela llevan años de capa caída.

Aunque los primeros años del chavismo fueron muy positivos para nuestras exportaciones al vecino país, que alcanzaron en 2008 más de US$6.000 millones, lo cierto es que desde ese año y hasta 2010 tuvimos una caída de más del 76% de la cual no nos hemos recuperado.
 
El volumen exportado en el 2014 fue de US$1.987 millones y la cifra estimada para 2015, ubica las exportaciones nacionales hacia Venezuela en US$865 millones. Al comparar esta última cifra con los montos vendidos a los venezolanos en el pasado, este valor es de hecho menor a lo que exportábamos al inicio del periodo chavista.
 
Un cambio en el gobierno de Venezuela es lo único que puede ponerle fin a un modelo económico que ha sumido al pueblo venezolano en la pobreza y que tiene inmerso el comercio bilateral entre los dos países en lo que terminará siendo una década perdida.

Esperemos que la oposición venezolana salga fortalecida este domingo para que el país recupere la senda del crecimiento económico y el desarrollo. De que Venezuela vuelva a ser el país próspero que era, depende también que las relaciones económicas bilaterales se restablezcan y sean las generadoras de riqueza que han sido en el pasado para las dos naciones.

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