Opinión

  • | 2016/01/10 00:00

    Positivo pero no tonto

    Aquellos que ven las fallas en los sistemas son vistos como aves de mal agüero o simplemente ignorados. Todos quieren seguir bailando mientras se mantenga vivo el espíritu optimista de la economía.

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Dando vueltas por Amazon me encontré un libro muy refrescante, “The Happiness Industry” de William Davies, refrescante porque muestra el otro lado de la moneda de la empalagante industria de la felicidad y la actitud mental positiva. En cualquier momento es imposible entrar a un supermercado, librería, universidad, empresa o entidad del estado y no verse inundado de mensajes, productos y talleres promocionando la actitud mental positiva como la solución a todos los problemas.

Lo interesante de este libro y otros que voy a mencionar mas adelante es que muestran situaciones en donde el exceso de positivismo genera daño. Situaciones donde esta panacea puede cegar, servir como sedante y llevar a que las personas vivan en un estado de ilusión que hace muy difícil poder hacer una correcta evaluación de su situación actual.

Esta nueva industria de la felicidad se hace más fuerte en los momentos difíciles de la persona y la economía, puesto que es el momento en el que más frágil se encuentra el individuo. Seminarios, DVDs, libros y talleres aparecen en el panorama vendiendo los beneficios de la actitud mental positiva.

Gurús de todo tipo y presupuesto aparecen, desde Tony Robbins y Zig Ziglar hasta los cursos de liderazgo que proliferan en Bogotá que buscan diseminar los secretos del éxito y la ley de la atracción. Cursos que por cierto no son nada baratos y que en su mayoría son dictados por gente sin ningún tipo de preparación en psiquiatría o psicología.

El enfoque en el poder de la mente lleva a que traten de convencernos que las situaciones difíciles no son causadas por un modelo político económico que no funciona o por situaciones impredecibles sino por la falta de una actitud mental positiva.

La lógica siendo que si usted no puede encontrar trabajo es porque no tiene la actitud correcta, o como Rhonda Byrnes de “El Secreto” en algún momento rebuznó, tragedias como el huracán Katrina son causadas por pensamientos en la misma frecuencia del desastre. Por lo tanto, la responsabilidad deja de ser parte de las instituciones y se vuelve 100% responsabilidad del individuo.

Otros textos interesantes son “Bright-Sided: How Positive Thinking is Undermining America” de Barbara Ehrenreich y “Leadership B.S” de Jeffrey Pfeifer en donde  reflexionan sobre el rol del exceso de actitud positiva en el desarrollo de las ultimas crisis financieras. La idea de que el universo va a ponerse a mi favor y que es mi destino tener lo que quiero lleva a que el ser humano pierda su capacidad de analizar el riesgo y tienda a caer en el efecto manada.

Aquellos que no tenían capacidad para comprar casas lo hicieron, después de todo el universo no solo quiere que tenga una casa, sino que tenga piscina y 6 cuartos, los inversionistas antes de la crisis de las puntocom siguieron comprando acciones ya que confiaron que eventualmente su positivismo y el del resto de la manada harían que las empresas encontraran una fuente de ingresos para soportar las altas valorizaciones, hasta quienes conocían las dificultades seguían comprando con la “actitud mental positiva” de que más adelante un tonto más grande estuviera dispuesto a comprar.

Aquellos que ven las fallas en los sistemas son vistos como aves de mal agüero o simplemente ignorados, algunos seminarios instruyen incluso aislar a aquellos que no mantienen una actitud positiva o alineada con el entusiasmo del momento y de la compañía, llevando a que actores que tradicionalmente van en contravía como los vendedores en corto, los trabajadores que cuestionan modelos de negocios, los gerentes de riesgos inquisitivos, los estructuradores minuciosos, los académicos con ideas reveladoras sean ignorados, maltratados o vistos como enemigos del status quo puesto que su pesimismo puede ser “contagioso”. Todos quieren seguir bailando mientras se mantenga vivo el espíritu optimista de la economía.

El problema de aislar a quienes no ven todo color de rosa y son críticos es que la innovación y el desarrollo de modelos verdaderamente revolucionarios y la ruptura de paradigmas tienden a venir de esas personas. El exceso de positivismo y una baja actitud crítica pueden llevar a la gente a perder la capacidad de actuar, a sentirse satisfecho con una situación que percibe como natural cuando no lo es, a ir con la manada cantando feliz el himno de la alegría cuando el mundo necesita innovadores, críticos y desarrolladores.

“Shit happens” actually happens como dice Forrest Gump y por más pensamiento positivo que se tenga, de vez en cuando los eventos inesperados van a suceder, lo importante es saber qué soluciones puedo tomar para evitar que ese evento me golpee fuertemente para pasar de estar dopado por la felicidad a ser anti frágil como propone Nassim Taleb. En toda fiesta de vez en cuando es buena idea escuchar a la persona que se encuentra sobria, así no nos deja salir a manejar borrachos de la alegría.

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