Opinión

  • | 2016/01/16 00:00

    Panorama económico gris y los retos del Gobierno Nacional en 2016

    El 2016 no será un año fácil para los empresarios del país y menos para el Gobierno Nacional que tendrá que tomar las decisiones correctas para salir airoso de la tormenta.

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El 2016 no será un año fácil para los empresarios del país y menos para el Gobierno Nacional que tendrá que tomar las decisiones correctas para salir airoso de la tormenta. Los indicadores económicos y los pronósticos que caracterizan el mes de enero son preocupantes y anticipan los serios desafíos que la economía colombiana tiene por delante. Las jugosas rentas petroleras ya son cosa del pasado, el dólar está por las nubes y el emisor enfrenta el serio desafío de frenar una inflación cercana al 7%, sin afectar la producción nacional, aumentando las tasas de interés. El FMI ubica nuestro crecimiento económico en 2016 en apenas 2,8% y, además, nuestro riesgo país es el más alto desde la crisis financiera del 2008.   

En el año 2013, el Gobierno Nacional recibió por concepto de renta y CREE petroleros, y dividendos de Ecopetrol la suma de $23,6 billones. Sin embargo, hemos venido observando cómo la cotización internacional del petróleo ya se ha situado por debajo de los US$30. Los analistas hablan de una “guerra de precios” que podría llevar el precio del barril incluso hasta los veinte dólares.

Bajo este escenario las utilidades de Ecopetrol no podrán ser más que insignificantes y esto golpeará duramente las finanzas del estado. No podemos pasar por alto que el presupuesto nacional del 2016 se construyó sobre la base de que el petróleo repuntaría y se ubicaría en los 55 dólares. Estimación muy por debajo de la realidad que hace inminente nuevos recortes presupuestales.              

En relación al comportamiento reciente de la tasa de cambio frente al dólar, se ha dicho hasta el cansancio que el alza es una oportunidad única para dinamizar sectores de la economía que estaban estancados como la industria y el agro. El problema es que aprovechar esas oportunidades toma tiempo y mientras tanto, los importadores y aquellos que tienen créditos en el exterior tienen que asumir el costo de una  depreciación acumulada del 35,4%.

El despegue de la industria nacional y del sector agrícola no será en el 2016. El país sigue teniendo problemas estructurales que no le permiten mejorar la competitividad de muchos de sus sectores productivos y que no se solucionan por el mero hecho de tener una tasa de cambio más favorable. Actualmente ocupamos el puesto 61 entre 140 países en el Índice Global de Competitividad. Además, no pusimos en marcha una política seria de desarrollo industrial que en su momento nos hubiera permitido hacernos a tecnología y maquinaria a precios cómodos para ahora si volcarnos a exportar.

Como si todo esto no fuera suficiente, es muy preocupante el fenómeno inflacionario que nos dejó el 2015. El año pasado la inflación terminó situándose en 6,77% y parece muy complicado revertir está tendencia en los primeros meses del año. El precio del dólar seguirá presionado al alza por el petróleo y los alimentos continuarán subiendo por cuenta  del fenómeno del niño. En este estado de cosas será muy difícil atajar la inflación sin subir las tasas de interés, medida que por supuesto tendrá consecuencias sobre el crecimiento económico.  

Por estas y otras razones es clave que el Gobierno Nacional tome medidas que no sólo respondan a la necesidad de financiar el presupuesto, sino que también protejan la estabilidad macroeconómica que nos ha caracterizado en los últimos años, y que a su vez generen incentivos a los sectores productivos que pueden jalonar nuestro crecimiento económico de manera sostenida.

Medidas contra cíclicas como el desarrollo de infraestructura y el gasto social son claves pero deben ir acompañadas de austeridad en otros rubros del presupuesto nacional para que no terminemos en otra reforma tributaria que logre las metas de recaudo, pero desincentive la inversión con cargas impositivas excesivas a los sectores productivos. Los colombianos no resisten más impuestos, la visión del Gobierno debe ser de largo plazo y comprometida con un modelo de desarrollo que estimule la producción nacional y que logre el pleno empleo que el país necesita.   

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