Opinión

  • | 2016/01/21 00:05

    El modelo de dirección de Álvaro Uribe

    La finalidad de este artículo es académica porque pretende ilustrar los aspectos positivos y negativos del estilo directivo de Uribe y, a partir de esta reflexión, generar algunas lecciones para el campo de los negocios y la dirección general.

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Aciertos de Uribe como directivo

Su conocimiento de la realidad: Álvaro Uribe demostraba un conocimiento detallado y sorprendente de la geografía colombiana. En cada reunión comunitaria hablaba con propiedad sobre ríos, veredas y corregimientos de cada rincón del país. De igual modo, asombraba su capacidad de capturar la realidad de cada lugar, estudiando previamente las características de la población, de sus dirigentes y, sobre todo, su idiosincrasia.

En el campo de los negocios, el problema que tienen normalmente nuestros directivos es que algunos de ellos conocen poco el negocio, las personas que trabajan con ellos, las dinámicas propias de la organización y, especialmente, no conocen bien a los clientes para quienes trabajan. El aislamiento es una característica muy común en muchos directivos quienes se encierran en sus oficinas y pierden el contacto con la realidad al escuchar solamente a sus áulicos. Una de las principales vacunas contra la información filtrada y a medias de la empresa y la realidad del negocio es el conocer de primera mano las realidades del negocio, escuchando los clientes o los proveedores, por ejemplo.

Su capacidad de estudio: A los colombianos les sorprendía la capacidad de Álvaro Uribe de memorizar cifras, citas célebres, frases ingeniosas y detalles. Sin embargo, detrás de una buena memoria hay muchos ratos previos de lectura cuidadosa y de estudio. Por ejemplo, Mandela solía estudiar en sus desplazamientos los nombres y las caras de las personas que jugaban en la selección de rugby de Sudáfrica para poder saludarlos por el nombre.

Muchos directivos no terminan de aprenderse los nombres de sus colaboradores, lo cual no solo demuestra una falta de cuidado sino un bajo interés por la gente de la organización. Asimismo, es tanta la acción y el frenesí del día a día que las agendas directivas raras veces disponen de tiempo para estudiar los asuntos de la empresa a profundidad.

Su dedicación: Álvaro Uribe tenía jornadas que para cualquier persona resultarían inalcanzables. No obstante, lo que más llama la atención era su fijación por resolver los problemas del país al punto que era usual que los viernes en la noche el expresidente llamara a todos los comandantes de brigada para preguntar por la situación de orden público.

Un directivo se comunica no solo con palabras; sus acciones se constituyen en poderosos mensajes. Un directivo puntual, que empieza y termina sus tareas, que realiza el trabajo bien hecho, que se fija en los pequeños detalles para mejorar el servicio es símbolo y motor para los demás.

Desaciertos de Uribe como directivo

Su liderazgo unipersonal: eran muy comunes las desautorizaciones de Uribe a sus ministros en los consejos comunitarios y, especialmente, las llamadas de atención en público a sus colaboradores. De igual modo, ese estilo dificultaba que otras personas de su equipo pudieran destacarse como sucede en toda organización.

El mito del “supergerente” nos conduce a la falsa creencia de que los directivos son los determinantes únicos del éxito o del fracaso de una empresa. Muchas veces olvidamos que detrás de varios logros y errores hay una cadena de acciones y decisiones deliberadas y, también, fortuitas que conducen a un buen desempeño. De igual modo, olvidamos que para llegar donde estamos o para llevar la empresa a buen puerto necesitamos del apoyo y compromiso de mucha gente. Todo directivo debe reconocer que la humildad y la gratitud frente a sus antecesores es sinónimo de grandeza.

Su incapacidad de hacer una sucesión: cuando Uribe apoyó al presidente Santos como candidato a la presidencia supuso que su influencia y mando se iba a mantener, lo cual es el mayor error de los líderes en ejercicio pues les supone creer que son personas imprescindibles para sortear los problemas de las empresas y de las organizaciones. Un directivo debe prever con tiempo, no solo la sucesión, sino entender cuándo es el momento oportuno para dar un paso al costado, porque si su legado es tan grande y su empoderamiento fue tan real, en la cultura de la organización prevalecerá la necesidad de continuar con este legado.

Estas características de Álvaro Uribe como directivo nos llevan a entender que la tarea del directivo es muy compleja y siempre inacabada. Todo directivo tendrá en su quehacer múltiples aciertos y fallas propios de su condición humana y de la dificultad que tenemos todos de tener que lidiar con el ego. Sin embargo, la clave para mejorar nuestra capacidad directiva consiste en trabajar en el self-management mediante la autoevaluación, la reflexión sobre nuestro quehacer y el feedback que buscamos y recibimos cada vez que nos preguntamos: ¿Qué hicimos bien?, ¿qué hicimos mal? y en ¿qué podemos mejorar?

En resumen, como directivos debemos aprender a realizar las tres tareas principales de un buen directivo: el hacer-hacer (hacer que otros hagan), el dejar hacer (empoderar) y el dar qué hacer (brindar objetivos a la gente).

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