Opinión

  • | 2015/08/19 05:00

    Las guerras económicas actuales

    La sorpresiva devaluación del yuan por parte del Banco Central de la República Popular China generó una significativa incertidumbre en los mercados financieros al alertar sobre la posibilidad de un episodio de una guerra de monedas.

COMPARTIR

Este hecho es llamativo al igual que la reciente caída en el precio del petróleo que parece responder a otra guerra económica en la que los países miembros de la OPEP buscan recuperan la participación de mercado perdida en años recientes.

La decisión de China de devaluar su tasa de cambio frente al dólar en 4,4% en un lapso de apenas tres días es la primera que ocurre desde 1997 y ha generado todo tipo de especulaciones alrededor de sus posibles consecuencias, pero la más publicitada ha sido el eventual inicio de una guerra de monedas, fenómeno también denominado devaluación competitiva.

Cuando una economía decide devaluar su moneda con el propósito de ganar competitividad al abaratar sus exportaciones y encarecer las importaciones y, posteriormente, sus competidores comerciales responden de igual manera, es decir, promoviendo una devaluación de su monedas, comienza a generarse una efecto bola de nieve que incluso puede terminar en medidas proteccionistas que restringen el comercio entre países. Aún sin llegar a este punto, una guerra de monedas impacta otras variables económicas de gran relevancia como son los flujos de capital, la inflación o las tasas de interés, creando desbalances que pueden ser muy costosos a largo plazo para la sosteniblidad del crecimiento económico.

El episodio actual de devaluación del yuan simplemente puede responder a un desatraso de la moneda asiática de la pérdida de competitividad que le ha generado ser una moneda semifija al dólar. La moneda del gigante asiático ha sido, junto con el dólar, una de las monedas más revaluadas frente al euro, al yen, al peso mexicano y a otras monedas asiáticas que compiten con China como exportadores de productos manufacturados.

Sin embargo, los mercados financieros respondieron con desvalorizaciones en activos de riesgo como las acciones o los commodities ante expectativas de que las autoridades económicas de China estarían dando señales de debilidad e incapacidad de mantener un elevado crecimiento económico soportado en la demanda interna. Así mismo, la interpretación del inicio de un episodio de guerra de monedas redujó inicialmente las tasas de interés de largo plazo en EE.UU. y Alemania ante la posibilidad de que como respuesta, la Fed y el Banco Central Europeo mantengan o incluso refuercen la postura monetaria expansiva que tienen vigente.    

Por otra parte, luego de la recuperación en el precio del petróleo durante el segundo trimestre del año, entre julio y agosto se ha observado, nuevamente, un pronunciado descenso en la cotización del crudo que lo ha llevado a niveles mínimos en seis años, generando precoupaciones para países exportadores como es el caso de Colombia.

En este caso la guerra sobre el precio del petróleo parece tener un propósito de rebalanceo de poderes, donde la OPEP como oligopolio organizado (40% de la producción y 60% de las exportaciones mundiales) está buscando recuperar el poder económico y político que otorga mantenerse como el principal oferente del principal insumo energético. Y es que en años recientes el desarrollo tecnológico para la producción de petróleo no convencional (shale oil), principalmente en norteamérica, ha llevado a que EE.UU. se consolide como uno de los mayores productores de crudo, al nivel de Arabia Saudita o Rusia (alrededor de 10 millones de barriles diarios).

En consecuencia, la respuesta tradicional desde la creación de la OPEP que consistió en recortar la cuota de producción de los países miembro en momentos de bajos precios ha cambiado. Desde noviembre del año pasado, la OPEP ha decidido mantener sin modificaciones la cuota de producción en 30 millones de barriles diarios y ha manifestado estar dispuesta a soportar menores precios mientras la oferta que mantiene excesos entre 1 y 2 millones de barriles diarios se ajusta por parte de otros productores. De hecho, la produción de la OPEP está cerca de 1,5 millones de barriles de por encima de la cuota mencionada.

La producción de petróleo no convencional que tiene mayores costos de producción y, por ende, menos posibilidad de mantener reservas ociosas, debe responder disminuyendo el nivel de inversión y de producción en la medida en que los precios se mantengan bajos durante varios trimestres, tiempo suficiente para desalentar esta actividad económica.

Al margen de estas guerras económicas que eventualmente traen nuevos epiodios a la escena económica global, economías pequeñas como Colombia quedan expuestas a sus consecuencias sin mucha capacidad de reacción con políticas de corto plazo. Asi que a ajustarse bien el cinturón porque la turbulencia continúa.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

TEMAS RELACIONADOS

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?