Opinión

  • | 2015/11/10 00:05

    Cuestiones de sucesión en los protocolos patrimoniales

    El tema por excelencia que mayores conflictos genera en las familias empresarias, tiene que ver con la sucesión, en algunos casos patrimonial y en otros casos ejecutiva.

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Cuando hablamos de temas patrimoniales nos referimos al conjunto de bienes y derechos, cargas y obligaciones, pertenecientes a una persona, física o jurídica, en este caso a la familia empresaria.

Ya algunos prominentes académicos en el pasado argumentaban que las empresas que han  logrando perdurar en el tiempo, posiblemente en su génesis fueron empresas familiares, pero en el camino tuvieron que dejar de serlo, puesto que este tipo de empresas de cualquier manera están condenadas a desaparecer o a transformarse.

Muy probablemente el argumento se basa en que la gran mayoría de las empresas que son creadas, de por sí, no logran pasar la barrera de los diez años y si es que lo logran, éstas tendrán que transformarse en una empresa no familiar para evitar atender este tipo de conflictos (como la sucesión), que sería la segunda barrera impasable o filtro para lograr la perdurabilidad.

Desde tiempos históricos los temas patrimoniales se han solucionado  de acuerdo a los preceptos jurídicos, sociales y religiosos en los diferentes países y culturas. No deseo extenderme en este documento sobre diferentes países o regiones  apartadas,  prefiero enfocarme en Latino América donde heredamos de la cultura española el modelo de sucesión patrimonial que estaba determinado por lo que se denomina el hereu (el heredero),  por excelencia, el primogénito de la familia, era el principal receptor del patrimonio familiar.

Esto tiene su acervo histórico en la antigua Roma, en la que estaba determinado que el patrimonio familiar no se podía dividir, pero sí que el primogénito (pater familia) asumía “la gerencia” de este, para lograr la sustentabilidad, crecimiento y continuidad por generaciones.

En la gran mayoría de los casos, los hombres eran los que heredaban, discriminando de esta manera a las mujeres en los temas testamentarios, quienes han demostrado en el tiempo trabajar con mayor pasión por el patrimonio familiar. Esto en algunos países y culturas se sigue practicando como parte de sus códigos religiosos y jurídicos actuales.

Sin embargo cuando estudiamos familias empresarias que han logrado trascender por varias generaciones en países occidentales, estas han  adaptado sus prácticas patrimoniales a las nuevas leyes sobre herencia y sucesión, abriéndose de esta manera a un mayor espacio para la participación de la mujer en la empresa familiar. 

Con esto también han  surgido nuevos retos en la sostenibilidad del patrimonio familiar con proyección a varias generaciones, dando paso a los protocolos patrimoniales y en los que se debe establecer lo que denomino la “visión patrimonial”, visión que debe envolver lo más profundo de  la filosofía, los valores y principios familiares y que nos impulsa a cuestionarnos desde la perspectiva patrimonial si ¿somos una familia o somos varias familias? o  ¿qué tan comunitario o qué tan individual es nuestra realidad familiar frente a la visión que queremos adoptar?, y ¿qué tenemos que hacer entonces para lograr alcanzar esa visión? Estos son asuntos muy profundos que van a afectar las posibilidades de continuidad del patrimonio en inclusive las empresas familiares.

La parte de los protocolos de familia que se dedica a atender estos temas es lo que he denominado “protocolos patrimoniales”, que más que contener unas reglas de juego claras de cómo deben los familiares comportarse con los temas patrimoniales, recogen una profunda filosofía familiar, como también un direccionamiento estratégico del  manejo del patrimonio familiar por varias generaciones. 

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