Opinión

  • | 2015/08/10 05:00

    ¿De dónde vendrá el crecimiento?

    Industria, servicios y comercio deben jalar el crecimiento.

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El crecimiento económico de Colombia en los últimos años se ha basado en la extracción de bienes básicos, siendo el petróleo, el carbón y el oro los principales dinamizadores de la actividad económica.  Frente a esto la Inversión Extranjera Directa (IED) se concentró en el sector minero energético recepcionando el 40% de los flujos extranjeros de inversión a largo plazo en los últimos 5 años.

Esa circunstancia no fue casualidad, fue fruto de un superciclo de precios de los comodities iniciado en 2003 por la alta demanda por materias primas desde China e India que llevó a triplicar los precios. Ahora las cuentas son diferentes, China ha desacelerado a una tasa de crecimiento anual del 7,5% frente al 10% de antes, y su sector bursátil ha revelado los riesgos de una burbuja inmobiliaria que el gobierno se esfuerza en ocultar interviniendo en el mercado para mantener los precios de las acciones. Por su parte India crece a un ritmo moderado del 5% y su demanda por materias primas depende de la materialización de sus inversiones en infraestructura, e intercambio comercial con el resto del mundo ahora en desaceleración.

Por esas situaciones los precios de las materias primas han cedido hacia mínimos no vistos en años. El petróleo, principal producto de exportación colombiano hoy vale la mitad de su precio de hace un año, igual suerte han corrido el carbón y poco menos el oro, por lo que el crecimiento del PIB de este año con buena suerte llegará al 2,8% según el mismo Banrep.

Con el sector extractivo en contracción la apuesta de crecimiento tiene que dirigirse hacia la industria, los servicios complejos y el comercio, aunque este último dependerá de la capacidad de los hogares para consumir y del Gobierno para gastar en estos momentos de desaceleración.

Para que exista ese relevo en los sectores es indispensable poner en marcha una política sólida de transformación productiva  que tenga un capítulo especial para la industria,  puesto que fue el sector que más sufrió durante el ciclo de apreciación del peso y menos inversión recibió.

La industria y su progreso son clave porque demanda mano de obra calificada que gana mejores salarios, hace inversión jalonando otros sectores, concatena los esfuerzos de desarrollo tecnológico, y lo más importante, agrega valor a los bienes básicos diversificando la oferta exportable que es la única forma de aprovechar de verdad los acuerdos comerciales que por sí solos no van a cumplir sus promesas de más exportaciones y crecimiento.

Iniciativas como el PIPE II y las obras de 4G ayudan en la coyuntura pero no garantizan el futuro y ambas adolecen de depender de la renta nacional para mantener los estímulos y la inversión, entonces deben ser tomadas sólo como un puente que dé paso a reactivar la industria, no hacerlo será un error porque la nueva realidad de los precios de los bienes básicos no es temporal y en cambio parece haberse iniciado un ciclo de precios bajos.

Por último aunque la subida del dólar puede beneficiar la producción nacional al encarecer las importaciones, hay que tener en cuenta que una parte de los insumos  son importados y las monedas de nuestros competidores también se han debilitado frente al dólar, bloqueando las ventajas que pudieran sacar nuestras exportaciones por un tipo de cambio depreciado llevándonos de nuevo al lugar común de implementar política de transformación productiva.
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