Opinión

  • | 2015/12/23 00:05

    2015 un año de difícil transición

    Con la llegada del fin de año también llegan las reflexiones sobre lo que pasó en 2015 y las peticiones sobre lo mejor que esperamos sea el 2016. ¿Cuáles son las perspectivas para 2016 y qué podemos aprender de 2015?

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El despertar que tuvo que soportar la economía colombiana ante el desvanecimiento de la ilusión de ser un país petrolero fue un choque que no habíamos visto ni con la pérdida de relevancia del café.

Pero para consuelo de muchos no fue un tema exclusivo de Colombia sino un efecto dominó de toda la región latinoamericana que históricamente ha sido dependiente de la exportación de materias primas.

En el ámbito internacional los mercados financieros estuvieron dominados por tres factores:

1. La incertidumbre por el inicio de la normalización monetaria en EE.UU. (mayor economía mundial).

2. La incertidumbre sobre la capacidad de las autoridades económicas de China (segunda economía mundial) de mantener un ritmo de crecimiento económico cercano a 7%.

3. La sobreoferta de petróleo impulsada por la Opep (organización de países exportadores de petróleo) buscando recuperar el terreno perdido con los productores no convencionales de petróleo, principalmente de Norteamérica.

La concurrencia de estos factores a lo largo del año tuvo esencialmente dos consecuencias que afectaron significativamente las inversiones en activos financieros y el rumbo de la economía.

En primer lugar, la fortaleza del dólar a nivel global que alcanzó cerca del 9% frente a otras monedas fuertes, mientras que las monedas emergentes se depreciaron más de 15% y el peso colombiano perdió 27% frente a la moneda estadounidense.

En segundo lugar, la caída en el precio del petróleo superior al 30%, alcanzando niveles mínimos en 11 años, con lo cual la inversión extranjera de portafolio salió especialmente de la renta variable en Latinoamérica, lo que se reflejó en una caída de 32% en los precios de las acciones de la región y de 29% en el caso de las acciones más representativas de la bolsa de valores colombiana.

No obstante, a este comportamiento también contribuyó el decepcionante panorama de Brasil, inmerso en una encrucijada política (escándalos de corrupción incluyendo a la presidenta) con mínima gobernabilidad que llevó a la pérdida del grado de inversión al gigante suramericano.

En el caso particular de Colombia, la alta dependencia de los ingresos públicos, las exportaciones y la inversión extranjera a la actividad petrolera, condujeron al deterioro de las cuentas externas (mayor déficit de la cuenta corriente y caída de la inversión extranjera) y de las finanzas públicas (mayor déficit fiscal y mayores tasas de financiación de la deuda pública).

Sin embargo, en ambos aspectos la semana pasada Fitch Ratings dio un espaldarazo al manejo de la situación por parte de las autoridades económicas, al ratificar la calificación crediticia del país (BBB con perspectiva estable).

Por otra parte, la fuerte depreciación del peso colombiano ha llevado a la inflación (6,39%) a desbordarse de la meta establecida hace varios años entre 2% y 4%, con lo cual la política monetaria del Banco de la República ha reaccionado llevando la tasa de interés de intervención desde 4,50% hasta 5,75% y con una alta probabilidad de continuar subiendo a comienzos del año entrante.

Este aspecto ha presionado al alza las tasas de interés de todos los plazos, con lo cual los TES tasa fija se desvalorizaron moderadamente a lo largo del año (0,27%) y los pocos ganadores de las inversiones financieras fueron los TES UVR y la deuda corporativa al exhibir rentabilidades superiores a 6% y 2%, respectivamente, pero aun así, por debajo de la inflación.

Aunque para la primera parte de 2016 el panorama no es muy alentador por el riesgo de una mayor caída en los precios del petróleo, la inminencia de una reforma tributaria y la última parte del ajuste monetario por parte del Banco de la República, es posible que ese mismo año comience a enderezarse el rumbo de la economía colombiana y a obtener, nuevamente, rentabilidades atractivas en los activos financieros.

En términos económicos, el inicio de la construcción de la primera ola de los proyectos viales de cuarta generación y otras obras de infraestructura, así como una mayor acomodación del aparato productivo a la fuerte devaluación del peso observada este año, deberían contribuir a recomponer las cargas hacia una economía menos dependiente de la inversión petrolera. Sin embargo, la desaceleración podría ser mayor que este año por la menor incidencia del gasto público, ajustándose a escasos ingresos petroleros.

Dicho esto, el mercado de renta variable podría responder al buen comportamiento de sectores no petroleros que lucen baratos ante las actuales condiciones económicas y ante pares internacionales, mientras que la reforma tributaria y el inicio de la fase descendente de la inflación, podrían ser el impulso para el mercado de deuda pública que ya evidencia tasas de interés muy atractivas.

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