Opinión

  • | 2015/10/31 05:00

    Latinoamérica cuesta arriba

    Con los emergentes en general hacia abajo, y la economía mundial en plena incertidumbre entre la desaceleración de China y un aumento inminente en las tasas de interés en EEUU, el estado de ánimo no es el mejor.

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En 2012, cuando Latinoamérica disfrutaba de una explosión de rápido crecimiento y progreso social, el FMI y el Banco Mundial decidieron celebrar la reunión anual en la región, algo que no habían hecho desde 1967. Eligieron Lima, capital de una de las estrellas económicas de la zona.

En los últimos meses la mayoría de monedas y mercados de valores de Latinoamérica han sufrido un duro golpe. El FMI espera que la economía de la región se contraiga ligeramente este año. Con los emergentes en general hacia abajo, y la economía mundial en plena incertidumbre entre la desaceleración de China y un aumento inminente en las tasas de interés en EEUU, el estado de ánimo no es el mejor.

¿Qué salió mal en Latinoamérica? La respuesta corta es la desaceleración de China, que ha pinchado los precios de las materias primas y, con ellos, las exportaciones y la inversión y en América del Sur.

En algunos casos los males son autoinfligidos. Brasil y Venezuela han seguido gastando después de que el auge de los productos básicos comenzase a ceder. Ambos están sufriendo profundas recesiones. Excluyéndolos, los países iberoamericanos crecerán un 2,6% este año, en promedio, según el FMI.

Desde Panamá hacia arriba, las economías están vinculadas más estrechamente a EEUU que a China. México, América Central y Caribe son importadores netos de productos básicos. El crecimiento es constante, aunque no espectacular.

Las economías bien manejadas de Sudamérica, como Perú, Chile y Colombia, se están adaptando poco a poco a un mundo más difícil. Todavía están creciendo, aunque sólo a un 2-3%, debido a que han sido capaces de aplicar una pequeña cantidad de estímulo monetario y fiscal. Las depreciaciones de la moneda con el tiempo deben allanar el camino. Pero en el corto plazo han agitado la inflación. Los bancos centrales de Perú y Colombia elevaron sus tasas de interés el mes pasado. Chile puede seguir ese camino.

¿Qué tan rápido puede venir la recuperación? En Latinoamérica las monedas más débiles siempre traen un apretón de las importaciones antes de darse un aumento de las exportaciones. Y las reformas estructurales (mercados de trabajo más flexibles, mejora de infraestructuras y de condiciones de los negocios) que la región necesita para impulsar la productividad toman tiempo. Sin embargo, se prevé un modesto repunte el próximo año.

Eso depende, en parte, del mundo exterior. La demanda externa tiene que venir al rescate si la desaceleración no es demasiado pronunciada y prolongada. Dada la atonía del comercio mundial, puede tardar un poco.

La recuperación depende, también, de un retorno de la confianza. Chile ha cerrado la brecha del déficit por cuenta corriente, pero la inversión sigue siendo débil debido a la incertidumbre política. La mayoría de los analistas esperan que Brasil mejore a finales del próximo año, pero requiere un apretón fiscal creíble. Habiendo pedido prestado para financiar la expansión en los buenos tiempos, muchas empresas latinoamericanas deben replegarse ahora. El FMI estima que la proporción Deuda/Capital en una muestra de 450 empresas no financieras en cinco de las economías más grandes se ha elevado a 6,5 desde 4 en 2011.

Latinoamérica no es tan afortunada como imaginaba. La pobreza está aumentando de nuevo. Pero no es la región antigua del pasado de volatilidad e hiperinflación. La desaceleración no ha dado lugar a crisis financieras.

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