Opinión

  • | 2015/11/20 00:05

    Primero EEUU, después Europa y ahora Emergentes

    Hace casi diez años estalló la burbuja inmobiliaria estadounidense. Y hace seis la insolvencia griega provocó la crisis del euro. La conexión fue una rápida acumulación de deuda seguida de un pinchazo. Una tercera entrega se está desarrollando en los emergentes.

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Esta vez será menos dramática que cuando los incumplimientos y tasas de cambio fijas marcaron los años 1980 y 1990. Los emergentes hoy tienen tipos de cambio más flexibles, reservas más grandes y menos deudas en moneda extranjera. En EEUU, todo comenzó con un exceso de ahorro mundial, en gran parte de Asia, que se dirigió a viviendas de alto riesgo. En la eurozona, los ahorros alemanes inflaron la burbuja inmobiliaria irlandesa y el gasto público griego.

Conforme estas burbujas pincharon, los flujos de capitales se dirigieron de los países ricos a los pobres. Hubo gran cantidad de deuda empresarial para financiar proyectos imprudentes o comprar activos sobrevalorados. La deuda emergente ha aumentado del 150% del PIB en 2009 al 195%. La deuda corporativa ha aumentado del 50% del PIB en 2008 al 75%. La relación deuda-PIB de China se ha incrementado en 50 puntos porcentuales en cuatro años.

La desaceleración china y los precios de los productos básicos han oscurecido las perspectivas incluso con un dólar más fuerte. En los países donde el endeudamiento del sector privado ha aumentado más del 20% del PIB, el ritmo de crecimiento del PIB se desacelera unos tres puntos porcentuales en los tres años después del pico crediticio. Pero la intensidad también dependerá de factores locales, desde la magnitud del ajuste de la tasa de cambio que ya ha tenido lugar hasta el tamaño de las reservas. La mayoría de emergentes se pueden clasificar en tres grupos según The Economist:

- El primero incluye a los que sufrirán resaca pero no un infarto. Corea del Sur y Singapur están ahí. Y por suerte China también. Tiene formidables defensas contra éxodos de capital. Cuenta con un enorme superávit por cuenta corriente. Sus reservas de divisas se situaron en 3,5 billones de dólares en octubre, tres veces más que su deuda externa. Y los políticos tienen capacidad para sacar de apuros a los prestatarios.

- En el segundo grupo están los que carecen de medios para rescatar deudores o protegerse de fugas de capitales. Destacan tres. El mercado brasileño de bonos corporativos ha crecido 12 veces desde 2007, su déficit por cuenta corriente les hace depender del capital extranjero, y su parálisis política y fiscal no tranquilizan a los inversionistas. Los bancos de Malasia tienen muchos pasivos externos, las familias tienen la proporción más alta de deuda-ingresos de los emergentes grandes, su colchón de reservas es pequeño, y se prevé que el superávit por cuenta corriente se reduzca. Turquía combina déficit por cuenta corriente, alta inflación y deuda externa en moneda extranjera que se ha vuelto costosa conforme la lira ha caído (este último factor lo padece también Colombia).

- El tercer grupo lo conforman emergentes que van a escapar de problemas graves o ya han pasado por lo peor. De los grandes, la India está en mejor forma que cualquiera, y Rusia sólo puede mejorar. El rublo ya ha pasado por un ajuste más grande que otras monedas importantes, y la economía parece responder. Argentina, un fracaso perenne pero con poca deuda privada, también podría brillar si un reformista gana la presidencia este mes.

La debilidad del mundo emergente, que representa más de la mitad de la economía mundial, importa más ahora que en el pasado. Su menor crecimiento afecta a las ganancias de las multinacionales y a los flujos de efectivo de los exportadores. Los bajos precios de las materias primas ayudan a los importadores de petróleo, pero presionan a los mineros endeudados, perforadores y comerciantes, que entre todos deben tres billones de dólares.

Europa es la más expuesta al enfriamiento de la demanda de los emergentes, por lo que una mayor flexibilización monetaria parece probable. Pero la divergencia entre la política monetaria de EEUU y el resto del mundo pondrá presión alcista al dólar, perjudicando exportaciones e ingresos. Las olas de capital podrían buscar de nuevo al consumidor estadounidense como prestatario, y la crisis de deuda mundial terminaría justo donde empezó...
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