Opinión

  • | 2015/10/25 05:00

    El costo de no votar este domingo

    Si planteamos un escenario bastante optimista, donde haya mayorías superiores al 50 por ciento más uno en cada región, tan sólo 7.305.000 colombianos, es decir, el 21,6% del censo electoral, decidirían por los más de 48 millones de compatriotas.

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Sacar adelante estas elecciones cuesta la nada despreciable suma de $434.000 millones. Elegiremos a los administradores que, en los próximos cuatro años, gobernarán los 1.102 municipios y 32 departamentos que componen el territorio nacional. Además, estos  líderes son quienes tendrán injerencia sobre la destinación de alrededor de $80 billones anuales.

En la víspera de estos comicios hemos visto cómo una parte importante de la sociedad critica duramente la racionalidad detrás de quienes venden su voto a cambio de dinero o por la expectativa de un puesto de trabajo o un contrato. Sin embargo, este tipo de prácticas persisten y están sobre-representadas en nuestro sistema político, en gran medida por otro comportamiento reprochable: la falta de interés de quienes no asumen con responsabilidad su deber democrático y prefieren no votar el domingo.

Más allá de las explicaciones estructurales e institucionales que existen detrás de los altos índices de abstencionismo de nuestro país, sería injustificable que en estos comicios la abstención llegara a situarse en un valor cercano al 43%, como ocurrió en el 2011. Esta cifra y otros estimativos realizados a partir del balance de las elecciones de hace cuatro años implican, en la práctica, que de 33.820.199 votantes potenciales sólo ejercerán su derecho alrededor de 19.277.000. De estos votos,  únicamente serán válidos alrededor de 14.610.000.

Ahora bien, si planteamos un escenario bastante optimista, donde haya mayorías superiores al 50 por ciento más uno en cada región, tan sólo 7.305.000 colombianos, es decir, el 21,6% del censo electoral, decidirían por los más de 48 millones de compatriotas. Los desafíos que tienen algunas ciudades y departamentos del país son enormes y no podemos permitir que sean grupos minoritarios los que decidan quién debe hacerles frente.
 
La problemática de Bogotá, por ejemplo, ilustra, como ninguna, lo que está en juego al elegir como alcalde a un gerente que sepa administrar recursos y planificar el desarrollo. La capital representa un 24,7% del PIB  nacional, tiene un presupuesto aprobado para 2015 de 17,3 billones de pesos y según cifras del DNP cuenta en este cuatrienio con alrededor de 62 billones. No se puede improvisar con estos recursos eligiendo de nuevo a un alcalde como Gustavo Petro, sin la experiencia gerencial que se requiere e incapaz de cumplir sus propuestas. El atraso de Bogotá le cuesta mucho a los bogotanos y a todo el país.

Un ejercicio reciente de la veeduría distrital en el que se evaluó el cumplimento de un número de metas del alcalde Petro, que representan el 71,5% de los recursos de inversión directa del distrito, habla por sí solo. A mitad del 2015, ya se pronosticaba que un 52% de estas metas no iban a ser cumplidas por la administración y que un 9% tendrían un riesgo medio de incumplimiento.

Específicamente el alcalde prometió crear 30.000 nuevos cupos en educación superior pública y, hasta ese momento, sólo se habían creado 3.200. Igualmente se había comprometido a construir o adecuar 86 colegios nuevos y sólo había cumplido con 11; dijo que financiaría 100 mil unidades productivas de economía popular y sólo apoyó 1.000; que iba a poner en marcha 83 centros de salud y sólo estaban funcionando 5; también dijo que iba a ampliar la red de Transmilenio en un 46% y sólo lo hizo en un 2,9%. Por último,  prometió reconstruir las troncales de la Caracas y Autopista norte cosa que, por supuesto, no hizo.

Abstenerse de votar en estas elecciones no es una opción útil y mucho menos una estrategia legítima de oposición. A la política le hace un daño incalculable la corrupción y poca transparencia de algunas campañas electorales, pero le hace más daño la posición egoísta de quienes descalifican a todos los candidatos en contienda y no se toman la tarea de estudiar responsablemente los programas de gobierno propuestos o la trayectoria del candidato que los respalda. Invito a la ciudadanía a que haga un ejercicio responsable y vote por los mejores candidatos en su cuidad y departamento.


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